Vecinos Irreconciliables

El reciente derribo de un avión ruso por el ejército turco ha traído a primer plano una de las viejas rivalidades existentes en el espacio europeo como es la que tienen turcos y rusos. A primera vista, al menos es lo que intenta resaltar Putin, el derribo podría inscribirse en la dicotomía apoyo o lucha contra el ISIS. En realidad, lo que no deja de ser un incidente perfectamente posible en una zona en guerra, conviene mirar un poco mas allá, con una perspectiva más amplia, para comprender que estamos en el último episodio  (probablemente los desencuentros se repetirán en el futuro) de una pésima relación entre dos países tan próximos. Así que Hagamos Memoria y demos un somero repaso a la sucesión encontronazos que históricamente han tenido Turquía y Rusia para comprender mejor las raíces de esta mala relación cuyo último episodio probablemente convulsionará una situación ya de por si muy confusa desde los atentados de París.

Caza ruso Sukhoi S-24. Desarrollado en los años 80 en plena guerra fría es un avión de corto alcance inferior a su omónimo estadounidense. El derribo de este aparato supone una escalada de la tensión internacional pero, también invitará a plantearse si el armamento ruso tiene la calidad que muchas veces se le supone.

Caza ruso Sukhoi S-24. Desarrollado en los años 80 en plena guerra fría es un avión de corto alcance inferior a su omónimo estadounidense el F111. El derribo de este aparato supone una escalada de la tensión internacional pero, también invitará a plantearse si el armamento ruso tiene la calidad que muchas veces se le supone.

Las relaciones entre turcos y rusos puede decirse que han sido nefastas desde que empezaron a ser vecinos ambos países cuando, allá por el siglo XVII, el zar Pedro I, en su deseo de lograr una salida a un mar abierto, se enfrentó al Imperio Turco por la posesión de la ciudad de Azov en las orillas del Mar Negro. Desde entonces la historia de las relaciones entre turcos y rusos ha estado marcada por una sucesión de conflictos bélicos. Al principio las guerras tuvieron un carácter casi privado; es el caso la libradas en el siglo XVIII en las que Rusia arrebató a los turcos las orilla norte del Mar Negro y la península de Crimea así como la zona del Caúcaso (las actuales Georgia, Armenia y Azerbayán).

Sin embargo, desde el siglo XIX las relaciones turco rusas empezaron a tener una mayor trascendencia internacional. Para las potencia europeas occidentales la posibilidad de que los zares tuviesen acceso al mar Mediterráneo dominando Estambul era un peligro intolerable además de un evidente peligro estratégico. Por ello tanto el Imperio Austro-Húngaro como Inglaterra y Francia acudieron tanto para sostener al decadente imperio turco como, al menos, minimizar las consecuencias de sus continúas derrotas. Así, cuando los griegos se independizaron a comienzos del siglo XIX, recibieron el apoyo inicialmente de los rusos pero luego franceses e ingleses respaldaron a Grecia para evitar que quedase convertida en un satélite de Rusia. O, por ejemplo, a mediados del siglo XIX cuando el Imperio Ruso declaró la guerra a Turquía erigiéndose en protectora de los cristianos del Imperio Otomano; inmediatamente ingleses y franceses intervinieron militarmente e incluso invadieron la península de Crimea para hacer retroceder a los rusos.

Lo cierto pues, es que el Imperio Turco sintió durante todo el siglo XIX la presión de los rusos y que siempre careció de los medios materiales y militares para resistirla. Así, en 1876 los rusos intervinieron para apoyar a los rebeldes de Macedonia y de nuevo el ejército turco fue barrido por los ejércitos zaristas que  amenazaron incluso Constantinopla. De nuevo, los rusos  no se retiraron hata que la presión conjunta de guerra de Inglaterra, Francia y el Imperio Austríaco les forzaron a ello.

Podría pensarse que aquellas luchas del siglo XIX son historias añejas que nada tienen que ver con la situación actual pero eso sería un error. Rusia siempre ha querido tener una presencia activa en el Mediterráneo, ser un actor decisivo en la zona, máxime cuando el petróleo de la zona de Oriente Próximo la hizo más estratégica todavía aún. ¿Por qué si no apoya al régimen de Assad en Siria? No sólo es por fastidiar a Occidente (que también es algo en lo que se deleita Putin) sino, sobre todo, porque en Latakia (Siria) Rusia mantienen la única base aeronaval que después del hundimiento de la URSS conservan en el Mediterráneo. El origen de este interés se encuentra en el siglo XIX y siempre en medio han estado los turcos, bien en su forma del Imperio Otomano hasta la Primera Guerra Mundial y de la República Turca desde la revolución de Ataturk.

La proyección de Rusia hacia el Mediterráneo sigue unos pasos claros. Intervención en Georgia, ocupación de Crimea, apoyo a los rebeldes prorrusos en Ucrania. Turquía está en medio tal como ocurrió en el siglo XIX

La proyección de Rusia hacia el Mediterráneo sigue unos pasos claros. Intervención en Georgia, ocupación de Crimea, apoyo a los rebeldes prorrusos en Ucrania. Turquía vuerlve a estar en medio tal como ocurrió en el siglo XIX

Evidentemente los turcos nunca han tenido fuerza para resistir ellos solos a la presión rusa; como hemos visto en el siglo XIX lo hicieron sólo gracias al sostén sobre todo de franceses e ingleses. Sin embargo este apoyo empezó a quebrarse por el lado francés cuando Francia primero e Inglaterra después, al aparecer Alemania en escena, empezó a buscar un contrapeso al poderío alemán y la respuesta obvia quedó claro que era una alianza con los rusos. Desde ese momento los turcos empezaron a perder el apoyo occidental ante la presión rusa siendo para ellos obvio que habían de buscar una nueva ayuda que en este caso encontraron en Berlín. Esta y otras razones explica la intervención turca en la Primera Guerra Mundial en el bando de los Imperios Centrales y que conducirá a una estrepitosa derrota en la que el Imperio Turco sufrirá la pérdida de su imperio en Oriente Próximo así como la caída del sultanato otomano.

Esta caída del poder turco no pudo ser aprovechado por Rusia debido a que la Primera Guerra Mundial fue también para ella un desastre a la que sumó la debilidad que trajo consigo la revolución bolchevique la inmediata guerra civil. En los años 20 y 30, débiles ambos, las relaciones rusos turcas experimentaron una considerable distensión, llegando ambos a acuerdos para fijar sus fronteras del Cáucaso e incluso un tratado de amistad entre dos países que habían vivido dos revoluciones profundas que pretendían modernizar sus países, la de Ataturk para occidentalizar Turquía y la comunista en Rusia.

Sin embargo, Turquía siempre receló de un posible renacimiento de las tendencias mediterráneas en la política exterior rusa. Por ello, buscó una alianza con Inglaterra en los años 30; los ingleses, incautos, creyeron encontrar un aliado contra la Alemania nazi, cuando, en realidad, los turcos temían mucho más a la URSS de Stalin. De echo, durante la Segunda Guerra Mundial, Turquía permanecerá neutral resistiendo todas las presiones habidas y por haber por parte de Inglaterra para que entrase en guerra a su favor e, incluso, coqueteando con la Alemania hitleriana (comprándole armamento y vendiéndole ingentes cantidades de cromo) viendo a esta como un buen contrapeso contra los soviéticos. Al final, Turquía entraría en la guerra contra los alemanes de una forma interesada y taimada en 1945 únicamente para lograr recibir fondos del Plan Marshall y, sobre todo, figurar como aliado del vencedor que los turcos veían en el futuro como su aliado estratégico frente a los rusos, los EEUU.

Durante la Guerra Fría Turquía pasó a convertirse en un importantísimo miembro de la OTAN tras adherirse a ella en 1962. Ya antes su cercanía a la URSS (incluso compartiendo frontera en el Cáucaso, único país de la Alianza que compartía) la hacía una pieza fundamental para los norteamericanos que instalaron bases militares y de misiles Júpiter que apuntaban a los soviéticos (y que fueron retirados por Kennedy a cambio de la retirada de los misiles soviéticos de Cuba tras la crisis de 1962). De echo, desde entonces Turquía ha sido un aliado de primer nivel para los EEUU de modo que su pertenencia a la OTAN no ha sido puesta en duda nunca, ni siquiera a raíz de la tensión con otro aliado en la alianza como es Grecia a raíz de la invasión turca de Chipre en 1974.

A modo de resumen podemos decir que Turquía ha sido en los tres últimos siglos el obstáculo mas claro que ha encontrado Rusia en su proyección hacia el sur; que los turcos, por su propia debilidad, siempre han necesitado de la ayuda de los países occidentales para poder ejercer esa función; que a occidente, aunque Turquía ha sido en ocasiones un aliado incómodo (por su imperfecta democracia, sus violaciones de los derechos humanos) también ha sido un elemento insustituible como contención de los rusos.

Guerrillero peshmerga kurdo. Otra pieza del complicado tablero de Oriente Medio. Los kurdos han sido los más aguerridos luchadores contra el ISIS en la zona y por ello reciben un decidido apoyo material de EEUU y Rusia. Sin embargo, la versión turca de los kurdos, el PKK, es considerado por los turcos un grupo terrorista que ha atentado recientemente en varias ciudades turcas

Guerrillero peshmerga kurdo. Otra pieza del complicado tablero de Oriente Medio. Los kurdos han sido los más aguerridos luchadores contra el ISIS en la zona y por ello reciben un decidido apoyo material de EEUU y Rusia. Sin embargo, la versión turca de los kurdos, el PKK, es considerado por los turcos un grupo terrorista que ha atentado recientemente en varias ciudades turcas este mismo verano

Así las cosas en la actual situación conviene tener claro que para Putin desestabilizar la OTAN es una prioridad dado que es el único instrumento que puede frustrar sus proyectos de expansión por el este de Europa y de recuperar la influencia y preponderancia rusa en la zona. Así, ell amago de ayudar a Chipre durante su corralito de 2013 era tanto un intento de ganar un aliado mediterráneo como la de inquietar a los turcos (que ocupan el norte de la isla); el acercamiento a la Grecia de Syriza (otro tradicional enemigo de los turcos) agobiada por el rescate financiero con una ayuda económica (si bien tan magra que no se tradujo en nada) es otro ejemplo muy cercano en el tiempo.

Es en este contexto donde hay que situar las gruesas palabras y los actos de Putin en estos días. Aprovechar que para los países aliados de Turquía en la OTAN resultará muy difícil justificar frente a sus muy sensibilizadas opiniones públicas prestar apoyo a un país musulmán por muy aliado que este sea. Al presentar a los turcos como colaboradores del ISIS (el gran Satán de la política internacional actual) al comprarles petróleo Turquía , Putin no pretende sino fijar la idea que ayudar a Turquía sea poco menos que ayudar al terrorismo internacional. Que Turquía, como país musulmán, entorpece e incluso ataca al único país que, según presenta Putin a Rusia, lucha activamente contra el ISIS y se muestra dispuesto a ayudar a Francia en su justa venganza.

Tayib Erdogan y Vladimir Putin, presidentes de Turquía y de Rusia respectivamente. Las relaciones de ambos países, que tienen fuertes lazos económicos (Rusia es la principal suministradora de hidrocarburos a Turquía) peo estratégicamente están en polos opuestos.

Tayib Erdogan y Vladimir Putin, presidentes de Turquía y de Rusia respectivamente. Las relaciones de ambos países, que tienen fuertes lazos económicos (Rusia es la principal suministradora de hidrocarburos a Turquía) peo estratégicamente están en polos opuestos.

Poco importará al observador más superficial que la mayoría de los bombardeos rusos no vayan dirigidos al ISIS sino a las zonas de la posición siria a El-Assad respaldada por occidente; que los aviones rusos hayan violado el espacio aéreo de un país soberano sin necesidad alguna (ya tienen una base en Siria desde la que operar) o que estén apoyando a un carnicero como El-Assad que no es sino la versión laica del ISIS para los ciudadanos sirios. Por tanto, lo que esta en juego con Turquía ahora respecto a Rusia no es si la lucha contra el ISIS se vea más o menos comprometida (el éxito vendrá dada de la capacidad de occidente de liquidar al ISIS) sino si los EEUU del apaciguador Obama y los aliados europeos de la OTAN cumplirán sus compromisos de alianza con un aliado que, aunque muchas veces incómodo, es imprescindible para encontrar una solución viable en  Oriente Próximo (no sólo en la lucha con el ISIS sino también para afrontar la crisis de los refugiados). De si Occidente volverá a mirar hacia otro lado como ya hizo en Crimea o Ucrania ante el siguiente intento de Putin de ocupar un espacio que los EEUU han dejado vacío ante el repliegue internacional material y moral ordenado por Obama.

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