Genocidio Herero

El pasado domingo día 13 de abril el Papa Francisco I recordó en la basílica de San Pedro a las víctimas de denominado genocidio armenio (en el que según las fuentes se produjeron unas 950.000 muertes tanto en los campos de concentración como en las marchas de deportación si bien el gobierno turco reconoce “sólo” 300.000 muertes y se niega a aceptar la aplicación del término genocidio) con motivo del primer centenario del inicio del mismo y delante de una nutrida representación de la iglesia, gobierno y sociedad armenia tanto del país caucásico como de la distribuida por el mundo. Durante su homilía recordó además otros grandes genocidios del siglo XX como el holocausto judío nazi, el horror de los campos estalinistas del gulag o las matanzas genocidas de Ruanda, Camboya o Bosnia.

Estas palabras del Papa Francisco han levantado una considerable polvareda diplomática dado que el gobierno turco de Tayyip Erdogan ha reaccionado virulentamente  ante ellas rechazando el uso del término genocidio o que hubiese una intención de limpieza étnica o de persecución religiosa. Pero no, aquí no vamos a hablar de este acontecimiento histórico, sino más bien del único genocidio que el Papa Francisco olvidó nombrar, el que si que fue primero del siglo XX (se inició en 1904), el que apenas nadie recuerda (quizás porque detrás del mismo no hay ninguna gran religión que lo rescate ni en aquel entonces los medios de comunicación han prestado una gran atención). Así que Hagamos Memoria y volvamos la vista para recordar el casi desconocido genocidio herero producido en el África del Sudoeste Alemana (actual Namibia) a comienzos de la pasada centuria.

Los hereros eran uno de los pueblos que habitaban la zona del África del Sudoeste alemana (un lugar tal como se puede ver en un mapa de Namibia cuyas fronteras se trazaron con escuadra y cartabón como en otros muchos casos de África al ser repartida ante la rapiña de los europeos); al parecer no eran especial belicosos e inicialmente no opusieron mucha resistencia a los ocupantes alemanes (conscientes de su propia debilidad militar y de la inutilidad de luchar) hasta que los amos coloniales, al arrebatarles sus tierras ancestrales de pastos y la llegada de inmigrantes blancos, les empujó a una rebelión que fue duramente sofocada.

Así, aprovechando la victoria sobre los rebeldes hereros los alemanes comenzaron un sistemático trabajo de exterminio en el que liquidaron no sólo a aquellos que se rebelaron sino también a toda la población civil posible. Para ello se puso precio por cada herero que se matase o entregase decretándose además su expulsión del territorio. El objetivo de las autoridades coloniales militares alemanas era eliminarlos para así crear una colonia exclusivamente blanca libre de población negra. Pese a que las autoridades civiles de la colonia consideraban absurda la pretensión de eliminar a los 80.000 hereros que se estimaba que existían (pero no por motivos humanitarios sino únicamente por los prejuicios económicos que esta medida conllevaría) lo cierto es que la política de exterminio racial continuó inexorable.

Escena de la lucha entre tropas alemanas y nativos en el África del Sudoeste. La superioridad militar de los alemanes les permitió no sólo ocupar el contionente africano, sino incluso actuar de una forma impune máxime en una sociedad autoritaria y militarizada como era la de la Alemania Guillermina

Escena de la lucha entre tropas alemanas y nativos en el África del Sudoeste. La superioridad militar de los alemanes les permitió no sólo ocupar el contionente africano, sino incluso actuar de una forma impune máxime en una sociedad autoritaria y militarizada como era la de la Alemania Guillermina

Los métodos utilizados para exterminio fueron de los más cruel y brutal imaginables. Junto a la destrucción de poblados, ejecuciones masivas, los alemanes empujaron a los hereros a huir cruzar a pie el desierto de Kalahari (uno de los más terribles del planeta) con el detalle añadido de haber previamente envenenado los pocos pozos de agua existentes dando como resultado una auténtica matanza de hereros producto del calor, la sed, envenenados, enloquecidos por el sol o por la desesperación.

En torno a 1905 (tras un año de minuciosa persecución) parece ser que se detuvo la matanza; los motivos fueron las presiones internas y externas sobre el gobierno imperial de Guillermo II ante la magnitud de la masacre así como consideraciones de orden económico (la pérdida de mano de obra) como militar (temor a que los hereros huidos organizasen guerrillas). En ese momento no quedaban hereros en África del Sudoeste; de los 80.000 existentes antes de la rebelión herrera sólo quedaban unos pocos miles refugiados en las cercanas colonias británicas de Bechualandia o El Cabo o estaban recluidos por los alemanes. Que se detuviese la matanza no significa que la situación de los hereros mejorase, ya que desde ese momento lo pocos supervivientes fueron reducidos a la esclavitud, marcados como caballos con las letras GH (herero capturado en alemán) y encerrados en campos de concentración (ya que, por supuesto, no se les permitió regresar a sus tierras).

Hereros famélicos supervivientes de la espantosa marcha por el desierto de Kalahari huyendo de los alemanes. Los que permanecieron en Namibia no fueron más afortiunados ya que fueron confinados en campos de concentración y sometidos a la esclavitud y terribles vejaciones

Hereros famélicos supervivientes de la espantosa marcha por el desierto de Kalahari huyendo de los alemanes. Los que permanecieron en Namibia no fueron más afortiunados ya que fueron confinados en campos de concentración y sometidos a la esclavitud y terribles vejaciones

En realidad, se puede decir que los campos de trabajo forzado en los que fueron recluidos los hereros se encargaron de rematar el trabajo genocida iniciado anteriormente. De los aproximadamente 10.000 hereros que seguían vivos e internaron al cabo de un año sólo vivían 3.000 en condiciones penosísimas y explotados en un trabajo agotador de construcción de vías férreas o cavando minas. El horror de esos campos de concentración debió de ser terrible documentándose en ellos (gracias a testimonios de colonos ingleses, algún superviviente o guardianes espeluznados) ingentes muertes por desnutrición, palizas, latigazos, bayonetzaos a los que se sumarían las violaciones de las mujeres por parte de los soldados guardianes.

Ni que decir tiene que todo rasgo de humanidad hacia los hereros había desaparecido ya que se les dejaba morir literalmente de hambre y que sus cadáveres fuesen devorados por las aves carroñeras. El trabajo de exterminio y ensañamiento fue, pues, ciertamente metódico (se conservan listados muy minuciosos con nombre de los prisioneros asignados para el trabajo) y sádico (sus cadáveres al parecer fueron utilizados en experimentos médicos en Alemania o disecados para su exposición en museos). Así, el pueblo herero dejó de existir; en vísperas de la primera guerra mundial quedaba menos del 20% de ellos y totalmente desarticulados como tribu organizada al estar sometida a una diáspora por todas las regiones circundantes.

El siglo XX fue pródigo en matanzas, genocidios, persecuciones y deportaciones por lo que el genocidio herero podría parecernos simplemente uno mas. Además, es algo perfectamente documentado que la actitud de los colonos europeos en las colonias africanas fue especialmente despiadada y deshumanizada (véase sino lo ocurrido en el Congo belga durante el reinado de Leopoldo I) por lo que el destino de los hereros podría parecernos similar al de otros pueblos africanos. Sin embargo, el genocidio herero fue muy revelador por varios motivos. Así, fue la primera vez que se llevó a la práctica de una forma sistemática las consecuencias de un pensamiento racista llevado al extremo al unirse tanto el odio racial (con la idea de superioridad de la raza blanca que eliminaba todo posible prejuicio moral a la hora de exterminar a razas inferiores) como la liquidación refinada mediante el uso del trabajo en campos de concentración.

Pero, sobre todo, los hereros fueron unas de las víctimas más lamentablemente ignoradas del siglo XX. Poca gente conoce hoy estos hechos, la indiferencia ante este crimen, ante este genocidio, ha impedido no sólo el necesario y pertinente homenaje que merecieron sus víctimas sino que, además, ha constituido el mayor éxito de sus verdugos. Porque a los hereros, junto a la muerte, la degradación o la expulsión que sufrieron en su momento hoy día se les ha propinado el último y postrer de los castigos, el olvido.

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Una respuesta a Genocidio Herero

  1. Rafael dijo:

    El olvido y la ignorancia nos mantienen adormecidos. Gracias por hacernos despertar con este magnífico blog.

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