Los Estados Desunidos de América

A los que están en Carbondale (Illinois)

El lado norte del gran cañón del Colorado es un lugar mágico; mucho más alto y verde que el lado sur (el sector más visitado y fotografiado) permanece todavía algo aislado por su difícil acceso y, gracias a ello, más virgen y espectacular. En este magnífico marco, extasiados en un magnífico mirador, escuché este verano una reveladora conversación entre un grupo de norteamericanos blancos de una cierta edad en la que comentaban estupefactos entre ellos que a uno le habían preguntado si hablaba inglés sintiéndose incómodos y sorprendidos por ello. Aceptemos que estos jubilados pueden ser representativos de un cierto perfil norteamericano que asociaríamos a los votantes de Donald Trump; asumamos también que, por supuesto, una mayoría de los norteamericanos son gente acogedora especialmente cuando muestras respeto y consideración hacia su país y, especialmente, si te esfuerzas en hablar en inglés (sin que te exijan una perfección lingüística como la que te pediría un británico pero entendiendo que ese es el idioma de integración social).

En todo caso, los EEUU son un país heterogéneo no sólo por su enorme extensión sino por su gran diversidad social y cultural alejada del estereotipo que los europeos tenemos de ellos. Por ello, la victoria en las elecciones presidenciales del candidato Donald Trump ha causado verdadero estupor, tanto en los propios EEUU como, sobre todo, en Europa y el resto del mundo. Que un candidato tan abiertamente machista y provocador, con un discurso plagado de elementos racistas y xenófobos, haya vencido en unas elecciones en el mismo país que en los dos comicios anteriores había otorgado la victoria a ese tótem llamado Barack Obama ha dejado descolocada a una buena parte de la opinión pública occidental. Por ello, un mes después de su victoria y ya con más calma, Hagamos Memoria y demos un repaso a la reciente geografía electoral de los EEUU que ha aupado a Donald Trump y veremos que en ella está reflejada buena parte de la historia de los EEUU y su idiosincrasia arrojando así un poco de luz sobre una elección para la mayoría de los europeos tan profundamente desagradable.

Observando la geografía electoral hay un primer detalle que creo que no se ha tenido en cuenta y es que Trump ha arrasado en el Sur confirmando el declive histórico de los demócratas en esta zona del país desde hace años. Salvo cuando han presentado candidatos sureños (Carter de Georgia o Clinton de Arkansas) los demócratas están totalmente marginados en estos estados (ni siquiera con Obama los demócratas lograron vencer en ellos y pese a tener el mayor porcentaje de población negra del país, salvo en la más compleja sociológicamente Florida y en Carolina del Norte). El Sur es hoy día la parte del país más atrasada, agrícola y con mayores dificultades sociales del país (salvo Florida y Texas) situación que se viene prolongando desde la Guerra Civil. La brecha racial entre blancos y negros sigue muy viva aquí, un lugar donde delincuencia y raza negra sigue equiparándose y, por ello, el lenguaje de dureza con el crimen de Trump ha calado; si a eso le unimos los conflictos raciales que se han producido en los últimos meses por muertes de ciudadanos negros a manos de la policía (algunos en ciudades del sur como Charlotte, la ciudad más poblada del estado clave de Carolina del Norte) y que han galvanizado a los votantes blancos del Sur tenemos que Hillary vio como se escapaban un considerable número de votos electorales en algunos estados claves como Florida o Carolina del Norte.

Tensión racial en el Sur. Manifestación en Charlotte (Carolina del Sur)

Tensión racial en el Sur. Manifestación en Charlotte (Carolina del Sur)

Frente a su debacle en el sur los demócratas sin embargo se mantuvieron firmes en los estados del noreste del país, en la zona de Nueva Inglaterra. Sería fácil decir que estos estados son más cultos, más cosmopolitas y más abiertos que otras zonas del país; pero no por ello es que sean menos norteamericanos sino que representan a la zona más liberal (la patria de los Kennedy por ejemplo) y menos porosa a ese mal del populismo. Podríamos pensar que es debido a que aquí llegaron esos pilgrims fathers de los que los estadounidenses se sienten tan orgullosos porque sentaron las bases de la idiosincrasia norteamericana del esfuerzo y la superación (hasta conservan la primera piedra que pisaron en territorio norteamericano en Plymouth). O a que las universidades más prestigiosas del país (Harvard, Yale, el instituto tecnológico de Massachusetts) están aquí y que esa presencia inspira a sus ciudadanos. Que aquí está Vermont el precioso estado rural mitificado por el todo país con una imagen ideal de granjas y vacas y tradición liberal; o, simplemente, porque en Boston empezó todo, es donde comenzó a construirse el país y por ello saben que los EEUU es algo más complejo que el discurso entre buenos y malos y que votar es algo necesariamente reflexivo y maduro. Así, por ejemplo, la ultraliberal Massachusetts en las presidenciales vota demócrata, en el senado vota demócrata pero, para gobernador, en las últimas seis elecciones han elegido a 5 republicanos.

Donde Trump ganó (y eso el elemento decisivo que le ha dado la victoria final) ha sido en la región de los Grandes Lagos una zona que ejemplifica quizás mejor que ninguna otra lo que los EEUU fueron y no volverán a ser. Las grandes industrias que hicieron puntero al país, las grandes factorías con hileras de trabajadores cada día, las minas con yacimientos aparentemente inagotables, la cuna de las grandes innovaciones tecnológicas de finales del XIX y comienzos del XX. En definitiva, esos elementos que convirtieron a los EEUU en un país líder a nivel mundial y que ahora, producto de la globalización y la competencia especialmente de los países asiáticos, ha entrado en declive. Por ejemplo, para un americano que Detroit (Michigan), el hogar de la Ford y de la industria del automóvil, sea una ciudad quebrada y que se despuebla es perder parte de la idiosincrasia del país. Porque en EEUU el coche no es sólo un medio de transporte sino que es todo un estilo de vida que condiciona en lugar en el que se vive, la forma de ir al trabajo, la vida social, la compra e incluso las formas de ocio. Por ello, que Detroit se haya venido abajo es como se hubiese hundido con ella parte de las creencias más arraigadas del país suplantadas por vehículos asiáticos más baratos pero de peor calidad. Y quien dice el automóvil, habla del acero de Pensilvania, Ohio e Indiana, el carbón de Illinois, las industrias alimentarias y de maquinaria de Wisconsin. Ese desencanto lo supo capitalizar Trump, el rescatar la idea que los EEUU para ser de nuevo líderes, deben volver a ser lo que fueron y que para ello es imprescindible que estos estados vuelvan a tener la prosperidad de antaño.

Desindustrialización y Deslocalización. Factoria abandonada en Detroit (Michigan)

Desindustrialización y Deslocalización. Factoria abandonada en Detroit (Michigan)

Cruzando el río Misisipi se abren las Grandes Llanuras hacia las Rocosas, un enorme país que tiene una entidad en sí mismo, aunque físicamente pueda parecer similar, no es ni mucho menos uniforme. Porque un mundo aparte son los grandes estados agrícolas en torno al gran río (el famoso corn belt desde Ohio a Missouri y Iowa), azotados por la caída de los precios de las materias primas agrícolas y mineras, tierras de granjeros y pequeñas comunidades que se sienten agredidas por una serie de normativas que les vienen de Washington relativas a conceptos extraños como calentamiento global, la globalización o el libre comercio que les arruinan o les obligan a cesar su actividad cuando ellos lo único que han hecho ha sido trabajar duro y quieren seguir haciéndolo para ganarse la vida. Otra realidad es la zona de las dos Dakotas, Montana, Minesota, Wyoming, Utah o Idaho, zonas despobladas, tan independientes en su forma de ser como caricaturizadas en el cine y que tradicionalmente votan a los republicanos porque les prometen aquello que más desean: no meterse con ellos y dejarlos ser como son sin juzgarles por ello. Frente a estos estarían los estados que se corresponderían casi con los territorios arrebatados a los mejicanos a mediados del siglo XIX, esos estados muchos de ellos con nombre hispano (Nevada, Arizona, Colorado) y en los que hay una clara realidad: la frontera con México y, por tanto con el drama de la inmigración ilegal en primera persona. Aquí, pese a haber también una baja densidad de población, estos estados presentan grandes urbes y una cultura más cosmopolita, no sólo por la cercana frontera, sino también por ser un tradicional punto de interconexión entre el este y el oeste. Por ello aquí los resultados han sido más variados, mientras en unos ha pesado más el tema migratorio, el miedo al inmigrante en otros ha condicionado mucho más el deseo de apertura y la voluntad de cambio. Un buen ejemplo sería el estado de Arizona; los condados más al sur, junto a la frontera, han votado republicano, mientras los estados del norte, más turísticos y atravesados por la famosa ruta 66 han votado demócrata.

Maizal de Iowa en Invierno. La vida en estos lugares ni es fácil y a menudo puede resultar monótona.

Maizal de Iowa en Invierno. La vida en estos estados ni es fácil y a menudo puede resultar monótona.

Por último estaría el Oeste, la costa del Pacífico y aquí, de nuevo se repite la dualidad; el interior de estos estados, más agrícolas y mineros y menos poblados han votado republicano mientras las zonas costeras, más dinámicas, industrializadas, urbanas y abiertas al exterior han votado masivamente a los demócratas dándoles una clara victoria en ellos. Lo cierto es que aquí el discurso nacionalista de vuelta al pasado de Trump no tenía mucho sentido; en esta tierra que fue la frontera anhelada por muchos americanos, la tierra prometida de los que buscaban una nueva vida y el salto de trampolín hacia el que fue el siguiente paso del crecimiento de los EEUU (el Pacífico) la vieja forma de entender el país de Trump no tiene cabida aunque sí la receta autónoma y desregularizada de los republicanos como muestra que, por ejemplo, la cosmopolita California elige frecuentemente gobernadores republicanos y manda bastantes congresistas de este signo a Washington.

El futuro. Sillicon Valley (Bahía de San Francisco, California)

El futuro. Sillicon Valley (Bahía de San Francisco, California)

¿Hacia donde irán los EEUU? Una posible pista para comprenderlo nos la pueden dar los dos últimos estados de espectacular naturaleza que se incorporaron a los EEUU, Hawai (que vota demócrata) y Alaska (que lo hace tradicionalmente republicano). Porque pretender que un país enorme y tan variado siga un solo rumbo es una quimera; de un lado está el país gigantesco, con grandes extensiones y riquezas naturales, en el que abrirse paso supone trabajar duro y muchas veces solo (Alaska); de otro el país que no puede vivir sólo, que necesita vivir abierto al exterior, más urbano y con un sociedad y economía complejas (Hawai). En definitiva parecen dos extremos que tiran cada uno por su lado y que aparentemente amenazan con romper el país, aspecto este que, aunque dramático, ha formado parte de la historia de los EEUU desde sus orígenes. Así, leales a la Corona británica contra patriotas independentistas, proteccionistas contra librecambistas, norte contra sur, antiesclavistas contra esclavistas, este frente a oeste, aislacionistas contra aperturistas, negros contra blancos, América blanca contra América multirracial, republicanos frente a demócratas, campo frente a ciudad, tradición frente a progreso … muchas ambivalencias pero es que eso son los EEUU, realidades contrapuestas que sin embargo no han logrado romper el país nunca dado que el centro, el deseo de mantenerse unidos y el orgullo de ser norteamericanos han sido mucho más fuertes.

Día d ela Victoria de Trump. Indudablemente ha hecho hictoria con su victoria otra cosa es que su presidencia sea histórica

Día d ela Victoria de Trump. Indudablemente ha hecho hictoria con su victoria otra cosa es que su presidencia sea histórica

Y es que ese será el reto de Trump y ello explicaría sus primeros pasos de aparente moderación tras la victoria. En primer lugar no debemos olvidar que la victoria de Trump ha sido la de los republicanos y no de los antisistema (de hecho los que querían esta última opción han votado de forma bastante significativa al partido Libertario y al partido Verde dándoles 5 millones de votos y un 4% del total). En segundo lugar que los EEUU son un país que ha sobrevivido en el último siglo a presidentes lamentables como H. Hoover (Gran Depresión) o J. Carther (la aparente derrota en la Guerra Fría) o George Bush jr. (atentado de las Torres Gemelas y la guerra de Irak); presidentes corruptos como R. Nixon (Watergate) o incluso que durante 8 años tuvieron la experiencia de tener un presidente ausente (con D. Eisenhower) podrán sobrevivir a un personaje con las lamentables credenciales de Donald Trump ya que el ser la democracia más antigua del mundo y el sistema de contrapesos de los que está dotada la democracia norteamericana es todo un aval. Sin embargo, inevitablemente diversos aspectos quedan tocados en los Estados Desunidos de América (como los llamó recientemente la revista Time) tales como su sistema electoral (que el vencedor saque 2 millones de votos populares menos que el perdedor), la estructura social y racial del país, la igualdad de la mujer (baste ver como se han tratado los supuestos defectos atribuidos de Hillary que en Trump hubiesen sido las virtudes de un gran estadista mientras que los tachas de él en ella hubiesen sido vicios que le hubiesen impedido incluso ser candidata a una asociación de vecinos) o su liderazgo político, moral y cultural mundial. Queda por ver si al afrontarlos Trump pasará a la historia como un Lincoln o como un Jefferson Davis*

* Presidente de los Estados Confederados de América cuando el sur intentó independizarse en la guerra Civil de los EEUU.

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