Resulta que la canciller Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy están a punto de llevar adelante la aplicación de una tasa sobre las transacciones financieras internacionales. Sarkozy la quiere (hace unos años ni en pintura) y Merkel dice que también, aunque sólo es una opinión personal y tiene que intentar convencer a su partido. Se trata de aquella tasa Tobin (aunque el tal Tobin haya dicho luego que se abusó de su nombre) que defendieron y defienden los del movimiento ATTAC, cuyas siglas significan Tasa sobre las Transacciones Especulativas para Ayuda a los Ciudadanos, y que es uno de los símbolos de los movimientos alternativos que han defendido que otra manera de hacer las cosas es posible muchos años antes del 15-M. De hecho, alguna de las organizaciones que sostienen ATTAC han participado con fuerza en sus movilizaciones.
Según Bruselas, sólo la tasa podría recaudar 55.000 millones de euros al año, y eso que sólo se grava con el 0,01% las transacciones sobre los famosos (aunque ciertamente incompresibles por inexplicables) productos derivados y nada sobre las transacciones de divisas. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo UNCTAD calcula que esta tasa recaudaría 720.000 millones de dólares anuales si se aplicara en todo el mundo. Buenas cifras para esta época de recortes y de gasto para salvar los agujeros del sistema financiero.
El invento no tiene mucho público en las fuentes en las que bebe la derecha española. El director de Fedea, (la Fundación de Estudios de Economía Aplicada que últimamente se ha vuelto a poner de actualidad por sus posiciones contra el actual sistema de pensiones públicas y a favor de otros privados) Pablo Vázquez, dice que no le gusta porque “no creo que la pobreza se combata con impuestos”. Francisco López Lubián, profesor de finanzas de IE Business School, dice que “lo importante es crear riqueza y no penalizar a aquellas entidades que puedan crearla”. El investigador de la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra (IESE) Gonzalo Gómez, sostiene que “es una idea bien intencionada, pero de imposible aplicación”, opiniones todas ellas publicadas en ABC en septiembre de 2010. Álvaro Delgado Val, en el año 2002 en una “tercera” del mismo periódico, advertía que bajo una tasa que parece cosa de técnicos y profesores, “lo que en realidad quieren los chicos de Attac es la revolución”.
Pues bueno. Tras años en que los partidos de derecha y los conservadores en general condenaran a los que consideraron una panda de “altermundistas”, antiglobalizadores, antisistema, alternativos, radicales de izquierda y últimamente llamados con el apelativo de perroflautas, resulta que Merkel y Sarkozy se han convertido. Son perroflautas.
Y soy moderado. Según el periódico La Razón, en un reportaje que pretendía desvelar qué hay detrás del movimiento 15-M el pasado 11 de junio, son más que perroflautas. Decía el reportaje: “Sin embargo, sí existe un hilo rojo que conecta la contracultura revolucionaria con los grupos antiglobalización, artífices de las algaradas de las cumbres mundiales: el grupo ATTAC, los ateneos anarquistas, la «kale borroka» de las falanges etarras y los antisistema”. Nada, nada, que ya puestos, Merkel y Sarkozy son etarras.
Pero, enfin, que Merkel y Sarkozy quieren la tasa sobre las transacciones financieras internacionales. Va a ser verdad esa paradoja política que es una ley histórica tan inmutable como el principio físico de la gravedad: los partidos de izquierda hacen políticas neoliberales por miedo a los mercados, mientras que los partidos conservadores de derecha construyen el ideal socialdemócrata (o perroflauta en este caso) por miedo a las masas proletarias. Qué mundo este.








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Fantástico artículo!