¿Depresión o depre?

Hemos visto últimamente en algunos medios, sobre todo en aquellos dedicados a la llamada crónica rosa, la polémica suscitada por un famoso cómico sobre todo en la década de los 90 y sus aventuras y desventuras amorosas, llevadas al esperpento, no tanto por el propio protagonista, como por los medios del corazón, y, como no,  por algunos de los interesados que han surgido alrededor del protagonista pretendiendo conseguir no solo su momento de gloria, sino también algunos pingües beneficios.

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En este ir y venir de mensajes y entrevistas, hemos visto como uno de los participantes en el circo mediático hablaba de sufrir depresión y ansiedad. Servidor tuvo la oportunidad de hablar en directo con el susodicho en el programa de Espejo Publico donde colaboro todas las semanas y le recriminé su actitud. Le dije que no me parecía bien hablar de depresión y hacerlo de la forma tan inadecuada en la que lo hacia. Le comenté también que un enfermo depresivo no podía ir de plató en plató hablando de sus amores y desamores, ya que su enfermedad es tan dura que le impide a veces hasta vivir.

Mi discurso, lo reconozco, fue un poco cortante, directo y sin ambages. Estaba indignado y haciéndole ver al personaje que hablar con esa frivolidad y simpleza de una enfermedad tan dolorosa era no solo inadecuado, sino también un agravio para a los que estaban realmente enfermos.

Hoy muchas personas afirman tener depresión, pero la verdad es muy diferente. Hay personas que lo que tienen son disgustos, problemas, contratiempos, adversidades y todo ello les pone tristes. La depresión es otra cosa, es una tristeza sin motivo, sin causa ni razón externa. La depresión se acompaña de dificultad para pensar, para sentir, para comunicarse, en suma para hacer todo aquello que la persona hacia antes sin apenas dificultad. Eso es la depresión una enfermedad incomprendida e incomprensible, y lo es también para los que estamos todos los días intentando combatirla.

El enfermo deprimido no quiere vivir, es más, piensa en la muerte como un descanso y alivio. Y a veces el enfermo intenta el suicidio aplastado por el sufrimiento que le atenaza. Estar deprimido es una de las peores enfermedades que se puede tener. El dolor moral es pavoroso, enigmático y deja al enfermo totalmente bloqueado.

Por eso no se debe hablar de depresión cuando lo que tenemos es una “depre”, forma coloquial de denominar la reacción de tristeza ante los problemas mas o menos cotidianos. La depresión la sufre el cinco por ciento de la población mundial. La depre podemos afirmar la tenemos en algún momento el cien por cien de la población, es decir, todos los seres humanos.

El lenguaje, cuando hablamos de determinadas realidades hay que cuidarlo al máximo, y mucho mas cuando lo hacemos en medios de comunicación. Unir la farándula y el show con una enfermedad tan terrible como es la depresión es simple y llanamente “salirse del tiesto” y mezclar “las churras con las merinas”.

www.josecarlosfuertes.com

 

 

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