Aranda, una opción recomendable

Hoy he estado en el restaurante Aranda, situado en el número 46 de la calle de López de Aranda de Madrid. Lleva apenas un mes abierto y se está destacando ya como la opción favorita de los muchos oficinistas que trabajan por el barrio de Ciudad Lineal.

El restaurante aporta toques de excelencia para un barrio no muy dado a la elegancia y al glamour, y lo hace con unos precios imbatibles e incluso con un menú del día de gran altura.

Tener aparcacoches en una de las zonas más congestionadas de Madrid es siempre una buena noticia. Y ya cuando entras te das cuenta de que la decoración y el estilo están muy cuidados para lo que se estila por el barrio.

ARANDA-RESTAURANTE-02

¿Y la comida? De 0 a 10 le pongo un 7. Son productos de temporada y lo que hoy llamamos cocina de mercado. Elaboraciones sencillas pero con cierta gracia. De la carta destacaría especialmente el risotto de boletus y el mousse de mascarpone, aunque tampoco se falla si se pide el plato de quinoa, la ensalada de foie o el secreto confitado. El pan es de muy buena calidad y la carta de vinos, amplia. Lo peor, que las mesas están demasiado juntas.

Merece la pena probarlo, y a un precio más que razonable.

pecadosypicadillos@gmail.com

 

 

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¿Son fiables las puntuaciones en Internet?

¿Hay que hacerle caso a aplicaciones y webs que puntúan a hoteles y restaurantes? Yo cada vez soy más partidario de que los clientes puntúen y opinen libremente sobre sus experiencias, pero lamentablemente las clasificaciones que veo no concuerdan con mi opinión como humilde experto en el tema, por lo que sospecho que a veces puede haber gato encerrado en alguna de ellas. Recomiendo quiarse por las opiniones de los clientes, sobre todo por las más críticas, pero no tanto por las puntuaciones medias o globales, que pueden llevar a engaño.

Digo todo esto porque hace unos días hice un experimento que llevaba largo tiempo rumiando. Busqué a través de la aplicación de El Tenedor cuál era el restaurante de Madrid con mejor puntuación media por parte de los clientes. En ese momento era La Gloria, un local ubicado en el barrio de Arapiles. Tengo que decir que su nota media no era fruto de uno o dos clientes, sino que había ya cierta masa crítica que había considerado que ese restaurante merecía un 9,7 sobre 10. Como no lo conocía, hice una reserve y fui a visitarlo con unos amigos.

La comida, del chef Jaime Monzón, es muy decente. Son platos atrevidos con productos tradicionales reinterpretados con elegancia. Pero un restaurante es mucho más que eso. Y La Gloria no merece, ni de lejos, esa distinción de ser el mejor de Madrid. ¿Por qué? Porque el servicio es pésimo y porque falta personal. Para mí, no merece más de un 6,5.

Y debe ser que mi mala experiencia no ha sido la única durante los últimos días, pues en apenas una semana la puntuación de los usuarios de El Tenedor ha llevado al restaurante al 8,7, todavía muy lejos de su nivel real pero al menos alejado también de una posición top.

Próximamente les hablaré del caso contrario: restaurantes muy buenos que, inexplicablemente, ni están de moda ni están bien puntuados en las webs.

pecadosypicadillos@gmail.com

 

 

 

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Experiencia única a tres horas de Madrid

Perdonen no haber escrito durante los últimos tres meses en este blog, pero me han pasado multitud de cosas que me han tenido demasiado ocupado. Algunas han sido muy positivas, hasta el punto de que he decidido contarles una de ellas en las siguientes líneas.

Como saben soy francés. Y como buen francés me gusta comer bien, preferiblemente con mantequilla, y el buen vino. Y, lógicamente, también padezco uno de los grandes males de los franceses: nuestra proverbial dificultad para hablar otros idiomas, particularmente el inglés. (El español lo hablo medianamente porque mi madre era de Burgos).

Como consecuencia de ello, llevo toda la vida estudiando inglés (aunque me temo que esto mismo también le pasa a muchos españoles). Lo he intentado todo. Clases particulares, cursos online, viajes al extranjero… Sigo sin tener un inglés decente, pero algo ha cambiado desde este verano.

Hace unos meses, una amiga me habló de ‘Pueblo inglés’, que básicamente consiste en recluirse durante ocho días en el campo con medio centenar de personas y bajo la consigna de hablar sólo en inglés. Ella lo había probado y me lo recomendaba.

Me lo pensé durante varios días pero, tras pedir ‘autorización’ a mi señora, me puse en contacto con  Diverbo, la empresa que ofrece el servicio, y me lancé a la piscina. Al principio tuve dudas, pero ahora reconozco que es una de las experiencias más bonitas e intensas que he tenido en mi vida.

¿En qué consiste exactamente ‘Pueblo inglés’? Muy sencillo: 25 personas que quieren aprender español y otras 25 angloparlantes conviven durante ocho días en un hotel rural en el que solo se puede hablar inglés. Todos los gastos están pagados, no hay nada de lo que preocuparse. Ocho días y más de 100 horas de conversación gracias a la agenda preparada por las dos personas que se encargan de dirigir la experiencia: un maestro de ceremonias y un director de programa.

La miga del asunto está en que, desde que coges el autobús en Madrid para llegar al pueblo (en mi caso en La Alberca, Salamanca) hasta que regresas una semana después, en ningún momento, salvo que dediques las noches a llamar por teléfono a tu familia, hablas otra cosa que no sea inglés.

El desayuno, la comida, la cena, las copas de después, las conversaciones cara a cara, las actividades de grupo, las teleconferencias… Todo es inglés. Pero, ojo, no hay ni profesores al uso ni clases de gramática, y ni falta que hace. Sólo hay conversaciones y actividades recreativas.

Al principio es duro, y tengo que reconocer que los primeros tres días fueron agotadores, pero luego uno va ganando soltura y seguridad. Más que mejorar el nivel de inglés, que algo lo he incrementado, lo que este curso mejora es el oído (los angloparlantes proceden de muy diversos países) y la confianza.

Y, por encima de todo, se trata de una experiencia única, independientemente de que su objetivo sea mejorar el conocimiento de una lengua. ‘Pueblo inglés’ es como un Gran Hermano en miniatura, y como es natural al final hubo lágrimas y grandes abrazos. Lo allí vivido allí se queda, pero estoy convencido de que algunas de las personas con las que conviví, tanto españoles como angloparlantes, seguirán muy cerca de mí el resto de mi vida.

pecadosypicadillos@gmail.com

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Las mejores playas del mundo

Ahora que llegan las vacaciones, creo que es buen momento para hablar de playas. Y, siguiendo con el propósito que me marqué al abrir este blog, tengo intención de mojarme, y nunca mejor dicho. Así que voy a hacer un pequeño ránking de aquellas que considero mejores, aunque obviamente no conozco todas las que existen en el mundo.

Lo primero que habría que determinar es qué características debe tener una playa para ser considerada como óptima, porque no todo el mundo coincide. En mi opinión, el primer requisito debe ser el clima, porque puede haber playas maravillosas, con arenas finas y aguas transparentes, pero en las que sea imposible estar porque sopla el viento con fuerza, llueve o, simplemente, el cielo nunca deja ver el sol. De estas últimas conozco unas cuentas, y algunas de ellas están en California, cuyo litoral es extraordinario, pero con unos ingredientes que hacen la experiencia muy poco agradable: viento y niebla, fundamentalmente.

Aparte del clima apacible, a una playa se le pide que tenga una arena fina y un agua lo más transparente posible. De estas también conozco unas cuentas, pero suelen estar abarrotadas, y eso les quita mucho encanto. En España hay magníficas playas que cumplen con estas condiciones. Las hay en las islas (Menorca, Ibiza, Formentera, Lanzarote, Gran Canaria, Fuerteventura…) y las hay en la Península, sobre todo en la costa mediterránea y, en especial, en Almería. El problema es que en agosto ir a cualquiera de esas playas significa estar rodeado por la marabunta, y la sensación de placer decae bastante. Un ejemplo: el Cabo de Gata, auténtico paraíso, se está convirtiendo en un parque de atracciones, y eso le resta mucho atractivo, al menos para mí, así que ya solo voy en temporada baja.

Así pues, las características que debe tener una buena playa son: buen clima, arena fina, agua transparente y poca gente. Que cumplan esas cuatro condiciones hay pocas, sobre todo en Europa. Conozco algunas perdidas en el Algarve portugués, en los Balcanes, en Grecia (Zakynthos), en Turquía (Marmaris)…

Pero, lamentablemente, los paraísos suelen quedar lejanos. La mejor playa que conozco es la de Tulum, en la costa oriental de México y muy cerca de Cancún. La gente suele conocer la playita minúscula y abarrotada que hay a los pies de las ruinas mayas del mismo nombre, pero no me refiero a esa, sino a una enorme y majestuosa playa que hay unos metros más al sur y que suele estar completamente desierta. El único inconveniente para mi gusto es que el agua está demasiado caliente, pero me temo que en el Caribe es así siempre. Tampoco está nada mal la playa de Phra Nang, en Tailandia, país que tiene alguna otra excepcional, como una joya al norte de la islita de Ko Tao. En Venezuela, Vietnam y Mozambique también hay buenos ejemplos.

Y ahí me quedo de momento. Eso sí, solicito a los lectores que por favor me comenten otras opciones, seguro que aprenderé mucho con ellas.

Gracias y feliz verano.

pecadosypicadillos@gmail.com

 

 

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La experiencia DiverXO

Después de mi artículo de debut sobre los mejores aceites de España (gracias a todos por los comentarios recibidos), esta semana voy a tocar un tema no menos polémico: ¿cuál es el mejor restaurante de España?

Obviamente, y como pasa con el aceite, para gustos los colores. Y más ahora que El Bulli ha cerrado y varios establecimientos del País Vasco y Cataluña compiten por el cetro.

En esto de los mejores restaurantes de España siempre me ha llamado la atención algo: ¿por qué casi ninguno de los que se cita habitualmente está en Madrid? ¿Tan mal se come en la capital?

Yo creo que en Madrid, como en casi todas las grandes capitales, se puede comer muy bien… y muy mal (el otro día estuve cenando en un lugar infame al que no voy a citar para ni siquiera hacerle publicidad).

Desde mi punto de vista, ahora mismo hay media docena de magníficos restaurantes en la capital, y poco a poco los iré comentando en este blog. De momento, voy a empezar hablando de uno que últimamente está de moda: DiverXO.

DiverXO tiene dos estrellas Michelin (abomino de mi compatriotas galos, que conste) y hay quien dice que debería tener la tercera. El chef, que es el jovencísimo Dabiz (con b y con z) Muñoz, tiene un talento majestuoso. Sus platos son auténticas obras de arte y su presentación sobre lienzos es una experiencia primero pictórica y luego gastronómica. Además, Muñoz sorprende al comensal en cada momento porque, en mitad de la degustación de cada plazo aparece con giros inesperados.

Lo que Muñoz hace es alta cocina al estilo de la tan manida nouvelle cuisine, pero manteniendo un pie en el terreno sobre el que pisa: por eso culmina su pantagruélico menú degustación (140 euros, sin bebida) con un cocido madrileño.

¿Hace Muñoz comida digna de tener tres estrellas Michelin? Sí. ¿Por qué no las tiene todavía? Por factores ajenos a la comida pero que también cuentan, sobre todo si se busca un cliente top: el servicio en sala es claramente mejorable (el trato en ocasiones es demasiado informal), hay ciertas rigideces en los horarios (el restaurante abre literalmente sus puertas a las 14 horas: si se reserva a esa hora y se llega unos minutos antes hay que esperar en la calle), la página web es deficiente…

Yo estoy seguro de que Muñoz corregirá pronto esos fallos menores, aunque hay quien me asegura que no lo hará porque él es así. Disfruta dando de comer, pero con su estilo y sus reglas.

Alain Noret

pecadosypicadillos@gmail.com

 

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El mejor aceite de España

Mi nombre es Alain Noret y soy un periodista especializado en todo tipo de placeres: gastronomía, bebidas, viajes… Desde este espacio que me ofrece la revista TIEMPO voy a intentar orientar a aquellos que quieran disfrutar de la vida. Haré recomendaciones concretas sobre todo tipo de cosas, y aquellos que quieran más detalles o sugerirme temas sobre los que escribir pueden contactarme también en la siguiente dirección de correo electrónico: pecadosypicadillos@gmail.com

Para empezar, y aunque soy de origen francés, voy a hablar del aceite de oliva, el producto más genuinamente español. Vaya por delante mi convicción de que en España se hace mucho aceite, pero muy malo. Yo diría que hasta hace quince o veinte años no se empezaron a hacer caldos de verdad…

A pesar de la crisis, España, y sobre todo sus empresarios, han empezado a meterse en harina y están produciendo verdaderas maravillas. Primero fue en Cataluña, pero ahora se han sumado otras comunidades autonómas, como Andalucía, cuna del olivar.

Cuando me presentan a alguien y digo que soy crítico gastronómico, lo primero que me preguntan es cuál es el mejor restaurante de España o de la ciudad de turno donde nos encontremos (de eso hablaremos otro día). Sin embargo, cuando estoy fuera de nuestras fronteras y digo que vivo en España una de las preguntas que primero me suelen hacer es cuál es el mejor aceite de oliva.

Obviamente, mi respuesta es siempre la misma: el virgen extra. Todo lo demás son, permítaseme la expresión, carburantes de difícil digestión. Si el interlocutor es extranjero, con esa respuesta se queda igual que estaba, por eso enseguida me suele inquerir por una marca concreta, como si fuese tan fácil encontrarla luego en el supermercado de turno de Francia, Alemania o Estados Unidos, donde lo que hay son caldos italianos bastante lamentables.

Como yo me suelo mojar, lo voy hacer aquí también, porque de eso trata este blog. Para mí el título de mejor aceite de oliva se lo disputan actualmente el Castillo de Canena y el Dominus, ambos de la provincia de Jaén. El primero, originario de Canena, a medio camino entre las localidades de Úbeda y Baeza. El segundo, el Dominus, de Mancha Real. Ambos en sus variedades de Picual, la aceituna más común en España y que se caracteriza por su color verde intenso y su toque picante en boca.

Tampoco está nada mal el Oleum Artis que elabora el Marqués de Griñón en Toledo, pero creo que todavía está un pasito por detrás.

Para gustos los colores, y seguro que los lectores tendrán sus propios aceites fetiche, así que les animo a compartirlos conmigo en modo de comentarios o mensajes de email porque seguramente alguno de ellos todavía lo desconozca… Y estoy dispuesto a corregir mi análisis si alguien me hace descubrir el paraíso.

Un saludo y hasta pronto.

Alain Noret

pecadosypicadillos@gmail.com

 

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