Libertad y conocimiento

El asunto catalán no se ha acabado con una elecciones autonómicas que han dejado exhausta a la sociedad española. Sería de agradecer que los políticos y los medios nos diéramos una tregua de unas semanas antes de reemprender el expediente. La salud mental de los españoles lo agradecería.
Las semanas de reflexión podrían ocuparlas los políticos en analizar el resultado de las urnas. Importa, sobre todo, que PP y PSOE, como todavía partidos nacionales hegemónicos, hagan una lectura adecuada y se dejen de luchas palaciegas y murmuraciones con sordina.

El Partido Popular pierde afectos sin paliativos, seguramente porque su trazado crecientemente conservador no encuentra encaje y sus componentes más abiertos se han dado cuenta de que hay que poner detrás un trasunto ideológico que se afiance en la libertad incuestionable. El mensaje conservador en lo social y las costumbres y semiliberal sólo para la economía no está ya en el paisaje. Merece respeto el sacrificio del PP, asumiendo el rol más ingrato ante la cuestión catalana, pero en el conjunto de España necesita algo más que chapa y pintura. Debería rearmarse ideológicamente sobre la base de que puede que haya perdido el centro para siempre y que este territorio debe compartirlo.

El PSOE se encuentra también en una tesitura difícil. La obsesión de la actual dirección por emitir mensajes de la izquierda libertaria para recuperar voto le hace perder las posiciones logradas durante años de gestión pública en el centro político, con una socialdemocracia no intimidante. Independientemente del desastre que una campaña difusa y confusa ha merecido en Cataluña, el PSOE, con o sin Sánchez, debería levantar sus banderas de progreso social e igualdad desde la moderación. Para asustar ya hay otros, a los que tampoco es que les haya ido bien en el corner del Este. Ciudadanos le pone fácil mantener un discurso de izquierda sociológica y tener un eventual aliado en el centro.

Y ya que hablamos de Ciudadanos, su pujanza en Cataluña es una lección que habrá de trasladar a toda España. El éxito sin precedentes de Arrimadas sirve de ejemplo para demostrar que tiene equipo y no sólo un líder. Ahora habrá empujones por afiliarse y eso siempre es peligroso. De uno en uno, por favor. Puede que hasta las generales pase un año o algo más. Un partido que se autoproclama liberal, aunque los liberales clásicos tengamos dudas, tiene una oportunidad y un deber de que los ideales de la libertad sin apellidos infunda confianza y seguridad a una sociedad que todavía se asusta con cualquier revés. Libertad y conocimiento. Esa es la cuestión.

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