Mi reino por una idea nueva

Me parece compartida por algunos la idea de que no nos llega nada nuevo, sano y constructivo de la política. No voy a hacer comparaciones, para no acabar en la melancolía. He leído con detenimiento un artículo de Alfredo Pérez Rubalcaba titulado “Tan difícil como necesaria” y que se refiere a la posible reforma constitucional. He tenido al político socialista entre los que salvaría de la medianía de los últimos tiempos. Con la lectura de este artículo mi confianza ha palidecido. Los viejos roqueros parecen agotados y el buen polemista que fue el ex ministro del Interior ha empobrecido su repertorio y ha caído en contradicciones intelectualmente impensables. Casi no comparto más que el título.

Descansa el artículo en lo que Rubalcaba considera las tres crisis simultáneas que padece España, económica, política y territorial. Y según él, una reforma constitucional recuperaría la confianza de los españoles en las instituciones. Y hay que empezar esa reforma por intentar mejorar el funcionamiento de la España autonómica.

Me extraña que político tan avezado y recorrido caiga en la simpleza de confundir crisis política con crisis institucional. Es una visión interesada, que trata de aliviar la pesada carga que los políticos han puesto sobre los fundamentos de las instituciones. Las instituciones no fallan, lo hacen unos políticos menos que mediocres, los jueces que no cumplen con su mandato; los ministros que no atienden las demandas de la sociedad, los partidos convertidos en agentes del cambio… y bolsa. Con las instituciones emanadas de la Constitución vigente se puede presentar España como una democracia modélica. Son las personas que gestionan dichas instituciones las que fallan estrepitosamente.

Se refiere Rubalcaba después a la desconstitucionalización del sistema electoral actual. Bienvenido al argumento. Somos muchos los que llevamos abogando por fijar distritos electorales homogéneos, en los que cada escaño cueste el mismo número de votos, pero hasta ahora los dos partidos mayoritarios se han negado rigurosamente a hablar de ello. También hemos pedido listas abiertas y desbloqueadas, a las que Rubalcaba ni menciona y, preferiblemente, distritos con candidaturas unipersonales, que dan pavor al establishment. Tampoco menciona nada respecto a la hiperrepresentatividad de los partidos nacionalistas en el Congreso, otro de los fallos estrepitosos del sistema.

Supongo que Rubalcaba cuando propone la reforma del Senado para que sea una real cámara de representación autonómica no espera que nos cause sorpresa. Literalmente lo han pedido todos los partidos políticos en sus programas y reiteradamente. Una frase ritual. Lo que sí me sorprende es que Rubalcaba quiera llevar el debate autonómico al Congreso y luego a las propias comunidades autónomas, cuya articulación sólo se da en la enteca Conferencia de Presidentes. Naturalmente la original maquinaria propuesta solo se ha pensado en ella para obviar que en el Senado actual la mayoría absoluta es del PP y eso no le conviene. ¿No sería más sensato y más institucional que fuera una comisión mixta Congreso-Senado, como las que existen para otras materias, la que entendiera la reforma de la financiación y la filigrana constitucional que se pretende?
En materia de derechos tampoco aporta gran cosa. Que la sanidad universal y gratuita se incluya en la Constitución. Bueno, pues sí. Las constituciones tiene reconocidos derechos que son exigibles y otros que no lo son. Lo saben y lo han padecido muy bien en Francia. que les pidan consejo. Lo que hay que evitar es que se incluya lo que pidió un típico diputado de Podemos, constitucionalizar el derecho a la salud (sic).

Voy abreviando. Aboga Rubalcaba porque la reforma constitucional se inicie con la España autonómica. De aperitivo, abrir la caja de los truenos. Como un servidor comentaba aquí hace unos números, nadie podemos estar seguros de que una salida para el caso catalán sea aceptable por las demás comunidades autónomas. Creo que sería bueno empezar por aquellas materias en las que los consensos no creen nuevas víctimas. Aunque sólo sea para que la clase política, tan liviana, vaya mejorando sus prestaciones antes de las partidas de caza mayor.

PD. Dejo para otro momento las reflexiones sobre la crisis económica, de una simpleza atronadora.

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