Progreso, en dirección contraria

El sistema democrático es generoso. Sobre todo es generoso con sus actores principales y secundarios. De esa generosidad se ha servido el jefe de la izquierda extrema (lo otro que queda aún más a la izquierda es post-terrorismo) para platear un lance parlamentario llamado moción de censura. La versión ampliada de las sesiones de control parlamentario ha permitido un conocimiento más amplio de lo que ese grupo representa ideológicamente y de lo que es capaz de ofrecer a la sociedad española. Desde ese punto de vista podríamos estar agradecidos a la sesión continua del martes y miércoles. Y utilizo deliberadamente la expresión cinematográfica porque el show ha tenido el mismo aroma rancio y penetrante del ozonopino Rui-Ram que esparcían los acomodadores del cine del barrio poco antes de empezar la sesión y que permitieron al gran Jardiel acuñar aquel término afortunado de “ozonoopinión”.
Pues bien, la ozonoopinión que tengo tras la maratón es claramente peor de la que tenía antes. Mi curiosidad impenitente se ha saldado con un cambio a bastante peor de lo que yo creía antes.
La capacidad de inventar la historia, la apropiación indebida de hechos y causas, la soberbia alimentada por la ignorancia, la invención de derechos a medida, la falsificación del pensamiento progresista, han sido tan palmarios en los discursos de kilometraje castrista de los portavoces de esta amalgama de grupos, que han dejado sus desnudeces a plein air.
Está ocurriendo a izquierda y derecha que las supuestas alternativas que se jalearon en los últimos años tienen una acusada vocación de bisagra, de instrumental auxiliar para los dos partidos que administran España desde hace cuarenta años. Uno esperaba que, tras esa experiencia de cuatro decenios, sobre los que no escatimaría ni un solo adjetivo favorable, la política alumbrara algo original a diestra y siniestra, pero se ve que no. Que no hay un repuesto que aporte algo que no sea la menor edad relativa de los ofertantes.
El país que ofertan la Pasionariazara y el Chavezitomango es más negro que gris. Es un país pobre y triste. Es un país de funcionarios adeptos, de subvenciones como retribución, de clientes sumisos y de muy poca calidad democrática. El progreso, en dirección contraria.

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