¿Qué es el Movimiento plagiarista?

Hay una pregunta (una duda, un rumor) que se está propagando a media voz entre los lectores, y que se repite como el eco, una y otra vez, ganando y perdiendo fuerza con cada reverberación. La pregunta es necesaria, acaso inevitable. La pregunta es: ¿Qué es el Movimiento plagiarista?

La pregunta es oportuna puesto que cuatro escritores (Félix Blanco, Daniel Remón, Minke Wang y un servidor) acabamos de publicar en la editorial Bandaàparte el libro Los escritores plagiaristas, una obra que ya está dando que hablar en algunos medios y corrillos literarios por su extravagancia (o insolencia), por su portada bolañesca, por su manifiesto, por sus motivaciones y sus posicionamientos. Y también, más que nada, por la confusión que genera en algunos de los que intentan entenderlo y explicarlo.

Cubierta-Escritores-PlagiaristasEl libro, es importante decirlo, es una obra original. El Movimiento plagiarista, en cambio, puede que no lo sea. El libro es un juego literario muy serio que intenta demostrar que otra literatura es posible. Una literatura honesta, que entronca con la tradición, que asume sus deudas y su legado, homenajeando a muchos autores precedentes, pero que al mismo tiempo intenta reivindicar la búsqueda de la originalidad en la transformación de los textos ajenos, creando a partir  de ellos textos oblicuos que no existían antes y que son, por lo tanto, nuevos. Es decir, que el plagiarismo que se practica en el libro no es un plagio como tal, no se apropia de la obra de otros escritores en beneficio propio, ni vulnera los derechos de autor. El plagiarismo no es un delito, no es ilegal, no es maléfico. El plagiarismo es, además, una corriente de pensamiento y de creación artística que existía antes de nosotros y que nos sobrevivirá.

El plagiarismo es, si queremos explicarlo con algo de literatura, una línea en mitad de la carretera a partir de la cual todas las cosas se suceden a la vez, empezando y terminando al mismo tiempo. Sus ideas, sus conceptos, sus textos, sean lo que sean y vengan de quienes vengan, por encima y por debajo de la literalidad, la imaginación o la autenticidad, son el resultado de un proceso libre, abierto, multidireccional e hiperreferencial, mediante el cual los escritores plagiaristas se valen de cualesquiera de los elementos que les rodean para hablar de esa cosa tan evidente como ininteligible que llamamos realidad (o la literatura de la realidad).

A partir de esta apreciación de totalidad, el escritor plagiarista empeña su tiempo, su sintaxis, su juicio y su capacidad de análisis en la reescritura de la realidad desde todos los puntos de vista posibles, que son infinitos, o tendentes a infinito, y en cualquier caso son el resultado incalculable de una suma imperfecta de permutaciones y combinaciones y asociaciones en las que todas las frases y todos los argumentos y todos los estilos y todas las épocas tienen cabida. Por supuesto, la tarea es ardua; el proceso, incontrolable; y la finalidad, abstrusa.

Después de todo, y como no podía ser de otro modo, antes de que Leandro Romaña y César Ruiz-Tagle fundaran el Movimiento plagiarista, ya existían varias corrientes de pensamiento y creaciones estéticas que procedían, o derivaban, más o menos abiertamente de la incorporación al proceso creativo de incipientes motivos o recursos de carácter plagiarista. Entre ellos la guerrilla medial de Luther Blissett, rebautizada ahora como Wu Ming; las experiencias neoístas de Monty Cantsin; el activismo plagiarista de Karen Eliot, y los experimentos de Loyola Records bajo el nombre de Arturo Cariceo. Pero hay más. Muchos más.

Es evidente, por lo tanto, que nuestro Movimiento plagiarista no es otra cosa que una reformulación de muchas y muy variadas formulaciones, un Movimiento que reformula las fórmulas mil veces formuladas. Esta fórmula, huelga decirlo, también ha sido formulada. La esencia de este experimento, todos los elementos que intervienen en él y las posibles multiplicaciones y derivaciones de su aplicación a la escritura se encuentran en cada palabra, en cada línea y en cada subtexto de ese artilugio narrativo, polimorfo e indescifrable que es el Manifiesto plagiarista.

Entonces: ¿Qué es el Movimiento Plagiarista? Un mapa, un campo de maniobras, un simulacro y una trampa para ratones; un viaje, una búsqueda, una huida; una broma muy seria, una permutación más del alfabeto. También es un juego, un sofisticado laberinto de espejos deformes, una investigación incómoda y, por qué no decirlo, inútil. Quizá, más que nada, el Movimiento plagiarista sea una llamada de atención, una crítica de todos nosotros, una parodia de todos nosotros, una máscara, un libro imaginario y otras muchas cosas que todavía no es y que alguna vez será. Porque, al fin y al cabo, el plagiarismo es una línea en mitad de la carretera, una línea finísima, casi invisible, a partir de la cual todas las cosas se suceden a la vez, quién sabe si eternamente.

 

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