Cataluña: El vuelo del cisne negro, temor y esperanza

El Consejo General de Economistas, que preside Valentí Pich, presentó la semana pasada en Madrid el estudio “Riesgos e incertidumbres de futuro de la economía española”, elaborado por el catedrático emérito Antonio Pulido y por el director del Departamento de Economía Aplicada de la Autónoma de Madrid, Julián Pérez. El informe, moderadamente optimista, afirma también que “el debate sobre las posibles consecuencias de la independencia efectiva de Cataluña parecen estar fuera de la realidad”. Los autores añaden que “es un cisne negro de mínima probabilidad”, algo que no excluye otro “cisne negro”.

El estadounidense-libanés Nicholas Nassim Taleb desarrolló en 2007 la teoría de los “cisnes negros”, que luego revisaría en 2010. Los “cisnes negros” son los acontecimientos imprevistos -también considerados imposibles- que han cambiado la historia. Taleb citaba como ejemplos, Internet, los ordenadores personales o los ataques del 11-S de 2001 en Estados Unidos, a los que habría que añadir a Trump presidente. Eligió el nombre de “cisne negro” porque desde la antigüedad se creía, como está en los escritos de Juvenal, que no existían. Todo cambió cuando en 1697 en el río Swan, en  Australia Occidental, el explorador Williem de Vlaminghen descubrió cisnes negros.

Nadie hubiera creído hace un par de años que, como prevé Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), la economía catalana sea la tercera que menos crezca en España en 2018, un 1,7%, sólo por delante de Extremadura, 1,6% y Asturias, 1,4, mientras que el conjunto de España lo haga un 2,3% y Madrid, un 3,2%. Todo un “cisne negro” que hay que ver para creer pero que parece volar veloz y que, aunque no son frecuentes, quizá no llegue solo.

Pulido y Pérez también han calculado los efectos de que Cataluña gozara de un Concierto al estilo vasco, que sería otra especie de “cisne negro”, y los resultados son llamativos. En resumen, el PIB catalán subiría un 5% y bajaría un 0,1% en el conjunto de España, mientras que el empleo aumentaría en 201.863 personas en Cataluña y en el conjunto del país descendería en 32.500. Por el contrario, la independencia “fuera de la realidad” significaría un descenso del PIB de entre el 2% y el 20%, según los estudios más y menos optimistas.

En Madrid y en Barcelona, en vísperas del 21-D muchos sueñan con su propio “cisne negro”, en forma de resultado electoral sorprendente, que vuelva a dejar mal a los gurús demoscópicos que pronostican que no habrá mayorías claras y que será muy difícil formar Gobierno. Tampoco descartan repetición electoral, es decir, parálisis que complicaría la situación económica catalana. El Gobierno se conformaría si el independentismo retrocede en votos y escaños, pero en el equipo de Rajoy también hay alguien que ve su propio “cisne negro” sobre Cataluña, que sería una variante de Borgen, con los Comunes de Ada Colau, que cierra las listas electorales, al frente de la Generalitat. Desde Juvenal (siglo II) hasta 1697 nadie creyó que existieran los “cisnes negros”, pero existían.

(Una versión de este artículo se ha publicado en El Periódico de Cataluña)

Acerca de Jesús Rivases

Jesús Rivasés, director del semanario 'Tiempo'.
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