“¡La economía, estúpido!”, ya no es lo que era

James Carville, estratega electoral de Bill Clinton en la campaña de las elecciones americanas de 1992, buscó y encontró una fórmula de derrotar a George Bush -el primer Bush-, que con sus éxitos en el final de la Guerra Fría y de la Guerra del Golfo Pérsico llegó a un histórico 90% de aceptación popular y parecìa imbatible en las urnas. Carville decidió que Clinton, entonces Gobernador de Arkansas, debía centrarse en asuntos más relacionados con la vida de los ciudadanos y sus necesidades inmediatas. Así nació el eslogan “¡la economía, estúpido!”, que el propio Carville colocó en un gran cartel en el cuartel general electoral del Clinton, que ganó las elecciones.

Un cuarto de siglo después, los expertos de todo el mundo intentan destripar la verdaderas causas de lo que el think-tank británico Chathman House denomina “populismo-extremismo” y que englobaría a la extrema izquierda y extrema derecha europeas, pero también fenómenos como el de Donald Trump, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan, camino del sultanato-dictadura tras una apretada y discutida victoria en un referéndum a su medida. Y todo con las elecciones francesas, con la incógnita del Frente Nacional y de otros extremismos, a la puerta de la esquina.

Caixabank Research, el informe económico que elabora el departamento de Planificación Estratégica y Estudios de la entidad financiera que preside Jordi Gual, y que dirige, como economista jefe, Enric Fernández, indaga en un breve informe en los factores que “explican las preferencias por opciones políticas extremas” y aborda el debate de si la desigualdad, como apuntan tantos, es el verdadero punto de partida de los extremismos.

Los expertos de Caixabank Research utilizan los datos de la European Social Survey (ESS), “una de las encuestas europeas más completas para analizar las inclinaciones políticas de los europeos”, que se realiza cada dos años y que en su última oleada entrevistó a 40.185 personas en 21 países europeos.

Los resultados arrojan conclusiones muy significativas. El 51% de los encuestados que apoyan opciones políticas extremas lo hacen por “factores socioculturales y demográficas, como por ejemplo, el valor que da ese grupo a los valores tradicionales, la actitud ante los inmigrantes, la edad o la educación”. Otro 24% de los consultados se decantan por el extremismo-populismo sobre todo por la falta de confianza en las instituciones. Sólo en tercer lugar, con un 20% -”porcentaje no desdeñable, pero tampoco predominante”- defiende opciones políticas extremas por razones económicas, algo que coloca en cuarentena la teoría de la desigualdad es la principal causa del populismo-extremismo”, porque el 75% de quienes declaran apoyarlo lo hacen por otras razones. Los analistas de Caixabank Research, en su sugerente estudio, hacen algún matiz, pero permite concluir que “¡la economía estúpido!, ya no es lo que era”.

Una versión de este artículo se ha publicado en El Periódico de Catalunya

Acerca de Jesús Rivases

Jesús Rivasés, director del semanario 'Tiempo'.
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