El gran Día del Paro

Domingo, 1 de mayo. Europa celebra, entre otras cosas, el Día del Trabajo, aunque en España, con casi cinco millones de desempleados, quizá fuera más correcto hablar del gran Día del Paro. Los datos de la situación laboral española son aterradores y lo peor es que hay expertos, incluso de los que apoyan con frecuencia al Gobierno, que creen que la situación todavía podría complicarse a finales de año. Es posible, incluso probable, que las cifras mejoren en los meses de verano, pero todas las alarmas han vuelto a dispararse de cara al otoño, que puede ser el peor de la historia en términos de desempleo. El hecho de que la población activa haya caído se interpreta como paro embalsado de forma temporal que podría volver a aflorar. En cualquier caso, más allá de los titulares y de impacto psicológico del momento, el que se rebase o el listón de los cinco millones de parados no tienen ninguna importancia adicional desde el punto de vista económico. La dramática situación del empleo en España no mejorará ni empeorará por superar o no ese límite. Lo importante es la tendencia de fondo y esa, por el momento, no parece que vaya por el buen camino. Ninguna previsión económica, ni tan siquiera las del Gobierno, contempla crecimientos económicos muy superiores al 2% para los próximos años. Eso significa, sin tapujos ni medias verdades, que la economía española no creará empleo neto de forma significativa durante por lo menos un lustro, salvo que cambien mucho las condiciones. El panorama, por lo tanto, no es muy alentador. La reforma laboral impulsada por el Gobierno hace menos de un año ha demostrado –como tantos anunciaron- su inutilidad. Incluso, como también previeron algunos tildados de catastrofistas, ha favorecido el aumento del paro porque también se facilitaron las posibilidades de despido.

El presidente Zapatero, que ya ni llena ni arrasa en los mítines, proclama que ni él ni su Gobierno son los responsables de la crisis y que, por lo tanto, tampoco tienen la culpa de los 4,91 millones de parados. Además, añade que “no hay una varita mágica para crear empleo”. El líder del PSOE, desde luego, no tenía su mejor día. Quizá ha olvidado que lleva casi ocho años al frente del Gobierno y que el paro llegó a estar por debajo del 10% de la población activa. Algo habrán influido sus políticas para que ahora esté en el 21,29%, sobre todo cuando perdió dos o tres años obsesionado con negar lo evidente, la crisis, y cuando empezó a reconocerla argumentaba que era culpa del exterior. El problema, sin embargo, no es si Zapatero y su Gobierno son más o menos responsables –que lo son bastante- de la situación actual, aunque convendría recordar que en el primer año de la crisis la economía alemana cayó incluso más que la española, pero que a pesar de todo en los predios de la señora Merkel el paro prácticamente se ha mantenido estable. El problema en España es el día de hoy y el de mañana, con unas elecciones autonómicas y municipales en el horizonte inmediato y la incertidumbre política a la espera de unas generales quizá en la próxima primavera. La situación económica de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos es calamitosa. Bastantes están al borde del colapso, lo que obligaría, tras el 22-M, a importantes ajustes que, claro, se cobrarían su precio en empleo. Es decir, más parados. Los próximos responsables de Comunidades y Ayuntamientos, ya sean nuevos o los mismos, tienen dos opciones: aflorar la verdadera situación o intentar ocultarla, como han hecho en muchos casos hasta ahora. Ambas opciones tienen precios, económicos y políticos. El económico es que la afloración de la verdad puede ser traumática porque demostraría como en algunos casos la situación está fuera de control y afectaría incluso a la solvencia de España. El precio político es el que podría tener que pagar el partido –el PP es el que tiene más papeletas- que acometa el saneamiento de la situación. En el PSOE, de hecho, ya se preparan para atacar esas políticas del PP y presentarlas como el ejemplo de lo que haría Rajoy si vence en las generales. Y allí donde se mantengan en el Gobierno los que estaban hasta ahora, la tentación de no hacer nada es enorme. Ese es precisamente el gran peligro del día después del 22-M. Si por unos motivos o por otros, las distintas administraciones no empiezan a cambiar la situación, porque del Gobierno central ya se puede esperar poco, el futuro económico de España es verdaderamente sombrío. Es anecdótico que haya o no cinco millones de parados, pero a este paso en ningún caso se puede descartar. Mientras tanto, los sindicatos, tan subvencionados como anquilosados, con sus líderes Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo al frente, se fueron a Valencia a celebrar el Día del Trabajo, convertido ya en el Gran Día del Paro. Ahí están, como siempre, desde antes del principio de la crisis, y aspirar estar en el mismo sitio y los mismos cuando la crisis sea historia, aunque para eso falte bastante, porque como admite Méndez (UGT), “la recuperación no está a la vuelta de la esquina”.


La otra crónica del director

Acerca de Jesús Rivases

Jesús Rivasés, director del semanario 'Tiempo'.
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