¿Por qué juega con mi trabajo?

La pregunta, mejor dicho, la lamentación, tan dramática como patética, procede de un alto cargo de una Comunidad Autónoma gobernada desde hace tiempo por el PSOE, y que es de esas que los socialistas pueden perder en las elecciones del 22 mayo. La queja amarga incluye, en privado y ya no tan en voz baja, destinatario y no es otro que Zapatero, el presidente del Gobierno. Sí, al final el alto cargo autonómico no entiende como el líder del PSOE juega con su trabajo, porque claro, si los socialistas pierden las autonómicas en esa Comunidad, dejarán de gobernar y él de ser un alto cargo, lo que significa que además se quedará sin trabajo. Es decir, como ocurre en tantas ocasiones, una dedicación a la política que se ha convertido en actividad profesional, a falta o no de otra. El caso de éste alto cargo autonómico que ve su futuro inmediato en el aire es bastante común. Cientos, miles de puestos en las distintas administraciones autonómicas y municipales dependen del partido que gobierna. Eso significa, sin rodeos, que un cambio de gobierno acarrea la defenestración casi automática de miles de personas, no ya de sus puestos políticos, sino de sus puestos de trabajo. También implica y explica que todos ellos, sean afines al partido que sean, apoyen y defiendan hasta extremos imposibles al Gobierno que los ha nombrado. Ellos, sus familias e incluso sus amigos. Es su forma de vida y, en estos tiempos de crisis, quedarse sin trabajo por un cambio político es doblemente peligroso. Justifica también que en muchos lugares se hayan creado maquinarias de poder –de gobierno- cuyo principal objetivo es mantenerse en el poder por encima de cualquier otra cosa. El alto cargo autor del lamento depende del PSOE, pero lo mismo podría decir otro que dependiera del PP que estuviera en la misma tesitura, es decir, ante un horizonte electoral terrible, como predicen las encuestas para el PSOE. Y, como el dirigente autonómico, muchos de los que están en su misma situación, no entienden la actitud de su líder de Zapatero y, claro, al final, llega el lamento humano: ¿Pero por qué juega Zapatero con mi trabajo?

El problema es tan antiguo que tuvo su prehistoria en la restauración del siglo XIX, cuando conservadores y liberales de la época se turnaban en el Gobierno. Cada cambio, acarreaba la sustitución de todos los funcionarios, que se iban a la calle por las buenas. Era el llamado “cesante”, toda una figura de la época, de la que la literatura ha dejado muchas muestras. Los funcionarios por oposición, es decir, irremovibles por el Gobierno, fueron la respuesta de la Administración en el siglo XX para evitar el problema de los cesantes. Ha sido útil durante decenios y todavía lo es, lo que ocurre es que sobre todo con la aparición de las autonomías –pero también en la moderna administración central-, ha proliferado la creación de puestos de libre designación por los Gobiernos de turno, puestos que son ocupados por personas que son despedidas cuando llega otro Gobierno, nacional, autonómico o municipales. Son miles, decenas de miles las personas que están en esa situación. Es una perversión del sistema que está ahí y que alguien deberá erradicar. Mientras tanto, estamos ante los “cesantes” del siglo XXI. El 22 de mayo se prevé que sean legión.


La otra crónica del director

Acerca de Jesús Rivases

Jesús Rivasés, director del semanario 'Tiempo'.
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