España gana, Montilla pierde

Ahora casi todo es histórico. Mejor dicho, casi todo es excesivo, hasta los calificativos. España ganó a Portugal en Sudáfrica, en el fútbol, que dicen que es lo importante. En política, al mismo tiempo, José Montilla, andaluz de Iznájar, transmutado en catalán de pro, fue quien perdió. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña es un bofetón en toda regla en la cara política del todavía presidente de la Generalitat de Cataluña. Montilla no quería que hubiera habido sentencia de Tribunal hasta después de las elecciones catalanas previstas para el próximo otoño. Temía una sentencia como la que ha habido que, por otra parte, era inevitable. Los juristas, de izquierdas y de derechas, autonomistas e independentistas, lo tenían muy claro. El Estatuto puede ser legítimo y haber sido votado en referéndum, pero también tenía –tiene- unas cuantas partes inconstitucionales. El que haya tenido más o menos votos no cambia nada. Casi todo es posible, incluso cambiar la Constitución. Nadie lo descarta. Lo que resulta más complicado es hacer constitucional algo que no lo es. No es un problema insoluble, pero las soluciones hay que buscarlas por otros caminos. El problema de Montilla, sin embargo, es otro. Teme perder las próximas elecciones. Desde el más rancio socialismo se convirtió al nacionalismo catalán, un maridaje –como se dice ahora- complicado, casi imposible. El socialismo auténtico siempre huyó de nacionalismos más o menos excluyentes que, sin embargo, también tienen su legitimidad. Montilla quería poder y, por eso, vendió su alma socialista al nacionalismo. Ahora, esa postura le pasa factura, por mucho que intente hablar en catalán, a ser posible con un papel –guión- delante. La sentencia del Tribunal Constitucional es un torpedo contra la línea de flotación del presidente de la Generalitat. Ese es su problema

España gana a Portugal y en Cataluña celebran, no sin imaginación, que un equipo lleno de jugadores del Barça gane a otro –Portugal- con jugadores del Madrid. Esa es la realidad, le guste a Montilla o no. Los socialistas de Zapatero, teóricos compañeros de Montilla, y los populares de Rajoy han respirado, por fin, con la sentencia del Tribunal Constitucional. Es una forma, aunque complicada, de pasar página a un asunto envenenado, un asunto de políticos y muy alejado de la gente, de la calle, del día a día. Los catalanes, que no son uno de los pocos pueblos del mundo –si no el único- que celebran con éxito una derrota, en forma de “diada” cada 11 de septiembre, ahora incorporarán a su imaginario colectivo y como referente mítico el recorte del Estatuto. “Era lo que queríamos ser y no nos dejaron”, dirán durante los próximos decenios. Para Artur Más, de CiU, y para Joan Puigcercós, de Esquerra, será un argumento. Para José Montilla, andaluz y socialista catalán, será su fracaso, mientras Villa marcaba goles y España ganaba. En resumen, España gana, Montilla pierde. Así de sencillo, y de complicado…


La otra crónica del director

Acerca de Jesús Rivases

Jesús Rivasés, director del semanario 'Tiempo'.
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