De Sidney… ¡A Boracay! (última parada-vuelta a Tokio)

Melbourne, Sidney… mi escapada podría haber terminado en Australia tranquilamente porque fueron días muy intensos y que me enriquecieron en todos los sentidos pero con  cinco días libres más por delante, tenía que aprovechar. Desde Australia, menos Nueva Zelanda, cualquier destino supone varias horas en avión pero al final me decanté por Filipinas. ¿Por qué? Por el precio del billete y  porque desde Manila teníamos vuelo directo a Tokio.

En Manila pasé menos de 24 horas. Me hubiera gustado poder pasear por la ciudad pero era de noche, no sentí mucha seguridad y al día siguiente cogía un vuelo a Boracay donde me esperaba White Beach, una de las mejores diez playas del mundo según TripAdvisor (entre las que, por cierto, también se encuentra la Playa de Ses Illetes, Formentera)

White Beach, BoracayBoracay es una isla pequeña, con 7 km de longitud y unos 20.000 habitantes que viven única y exclusivamente del turismo que atrae esta playa en la que hay sitio para todos porque se extiende a lo largo de 4 km.

White Beach, BoracayLo primero que me llamó la atención fue su arena blanca, creo que es la mejor que he pisado hasta ahora. Firme, no se pegaba, muy blanca…

Agua cristalina en White Beach, BoracayAdemás de su arena, otro de los puntos fuertes que destacan de esta playa son sus aguas cristalinas y turquesas. Desde luego que me encantó pero no es el mejor lugar donde me he dado un chapuzón aunque nunca olvidaré esas aguas porque por primera vez practiqué paddle surf (o surf de remo, como lo queráis llamar).

Maite García Almazán haciendo paddle surf en White Beach, Boracay, FilipinasFue una experiencia fantástica y ¡muy fácil! Pensaba que tendría más dificultad a la hora de mantener el equilibrio pero estaba equivocada. El instructor te da cuatro indicaciones  y puedes empezar.  Y de repente, ahí estás tú, navegando sobre una tabla con una sensación de paz increíble y mirando a la playa justo desde el otro lado: siempre enfocas desde la arena hacia el mar y practicando paddle surf puedes hacer lo contrario. Tengo una imagen de White Beach desde la tabla que guardaré en mi memoria para siempre.

Todo parece perfecto, tranquilidad, una playa fantástica y precios muy bajos pero cuando visitas países como este te chocas de frente con la tremenda desigualdad social que existe y eso te hace pensar, mucho. Claro que mi posición era la más cómoda: extranjera que se va cuatro días a un hotel estupendo y después sigue con su vida en el primer mundo. Desde hace unos años me cuesta cada vez más disfrutar de este tipo de estancias porque mientras tú estás en una tumbona bebiendo un zumo natural recién hecho y mirando el restaurante recomendado en la zona, puedes ver como tres niñas de unos 6 años sin escolarizar se pasan toda la mañana en el borde de la playa mirando al padre y a la hija danesa que a su lado juegan con miles de juguetes, balones, muñecos… Y el problema no es verlo, claro que no, porque verlo es lo que te hace pensar. El problema es hacia dónde vamos. El problema es qué demonios estamos haciendo. El problema es que tu vida depende del lugar en el que naces, ni más ni menos.  Y eso me duele mucho pero más cuando estoy in situ. Por cierto, qué fácil es escribir esto desde el primer mundo… Lo sé. 

Mi habitación tenía unas vistas maravillosas al mar y la zona era espectacular pero si  se te ocurría rodear el complejo, lo que te te encontrabas al otro lado de la carretera era a gente viviendo en chabolas de paja.

BoracayEstas personas eran las que luego limpiaban, o daban masajes por precios irrisorios, o conducían un tuc tuc en una calle a medio asfaltar. Eso sí, el asfalto dentro de los complejos estaba impecable (ya sé que no tienen la misma gestión pero es surrealista).

Tuc tuc en Boracay, FilipinasPero, como siempre, lo mejor de estos sitios es su gente, esas sonrisas, esas ganas de hablar con personas de fuera, ese interés por saber cómo son las cosas más allá de sus fronteras.White Beach al atardecer, BoracayLa playa se llenaba de personas a la hora del atardecer, era el punto de encuentro de los turistas, sí, pero también el de muchas familias que se llevaban la cena en tuppers para disfrutar de esos colores y ese momento tan especial. Y entonces, vuelves a pensar y te das cuenta de lo feliz que es mucha gente con tan poco…

Feliz semana queridos lector@s.

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3 respuestas a De Sidney… ¡A Boracay! (última parada-vuelta a Tokio)

  1. Anais dijo:

    Me ha alucinado esa última foto… Por cierto! Ya casi todo listo para irnos al Algarve este verano :) El hotel cerquita de donde me dijiste, si tienes algún consejo más o algún lugar que no podamos dejar de ir, ya sabes!

  2. ¡Grandes los filipinos! Buena reflexión, son cosas evidentes y que sabemos, pero que olvidamos con ligereza

  3. Pingback: Último post. Hasta siempre. Vuelvo a España. | Japón y yo

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