Ya somos más de 7.000 millones de personas en un planeta donde sigue siendo más sencillo predecir victorias electorales que tsunamis y crisis económicas. Desde 1999, la población mundial ha aumentado en mil millones de personas. No paramos de multiplicarnos… y los recursos no paran de menguar.
La filipina Danica May Camacho, que vino al mundo en Manila el pasado 30 de octubre, llevará en sus genes el honor de saberse un ser humano inolvidable: el número 7.000 millones, una cifra tan redonda como sospechosa. Y es que en India y en Rusia no terminan de estar de acuerdo. ¿Por qué una noticia de esta naturaleza -algo tan difícil de concretar- se ha posado sobre un hospital de Manila y no sobre la localidad india de Mall, donde el bebé Nargis reclama el galardón para su país, o sobre Rusia, donde las familias de Piotr y de Alexander también han buscado su minuto de gloria? Pase lo que pase, en Filipinas los flashes verán crecer a Danica y las televisiones la entrevistarán una y otra vez para saber cómo se siente llevando a cuestas tanto cero.
En la Red proliferan los relojes de población y las aplicaciones similares dedicadas a las estadísticas más variadas. Herramientas visuales que miran al mundo en movimiento. Todas a tiempo real y casi todas basadas en datos oficiales de Naciones Unidas.
Cada nacimiento, una muesca. ¿Cuál es la nuestra? ¿Qué puesto tenemos dentro de la lista? Basta con completar un test en la web 7billionandme.org, una curiosa herramienta de la ONU que nos permite obtener nuestro número de serie personalizado.
Las hay pedagógicas y que bucean con cierta profundidad en la demografía mundial, como la web de estadísticas mundiales Worldometers (izquierda) o el World Clock (abajo), que nos permite descubrir el incesante flujo de información relacionada con nacimientos, muertes, consumo de recursos energéticos, medio ambiente o población animal mundial a tiempo -más o menos- real. Nada como un vistazo a esta herramienta (que ofrece Poodwaddle.com, una web gratuita dedicada a este tipo de aplicaciones on line animadas, los Flash Applets) para hacerse una idea de la velocidad a la que vivimos.
También hay aplicaciones simples y que no permiten interacción del usuario, como las que ofrecen las webs de la agencia de noticias rusa Ria Novosti, del Census Bureau del gobierno de Estados Unidos o de la ONG Population Reference Bureau. Y también las hay brillantes, concisas y sintetizadoras, como una que nos permite contemplar cómo la cantidad de tierra cultivable del planeta disminuye mientras la población mundial no deja de crecer. Pero nada tan morboso como el Life Clock de Poodwaddle.com, que nos permite asistir a las variaciones instantáneas en la esperanza de vida mundial y, de paso, medir la nuestra para darnos cuenta de que no somos más que eslabones diminutos de una cadena en constante expansión.












¡Que vertigo! Somos y hemos sido tantos que no sé como todavía alguien se considera imprescindible. Eso sin contar con los que no figuran en ningún sitio. Muy curiosas las webs pero acrecentan mi sensación de insignificancia.