Albert Rivera ganó el debate a cuatro

Una música más propia de una boda palaciega dio inicio al debate más esperado de la campaña del 26-J. A mi juicio, Albert Rivera fue el mejor de los cuatro contendientes. He aquí mi análisis de las dos horas y media de combate televisivo:

-Rivera sorprendió en sus ataques. El candidato de Ciudadanos se mostró menos nervioso que en el debate de diciembre y repartió dardos a diestra (Mariano Rajoy sobre responsabilidad política por casos de corrupción) y siniestra (Pablo Iglesias sobre financiación de Venezuela). Sus exposiciones fueron más convincentes y por momentos llevó el debate al terreno que más le convenía. En el asunto del dinero negro que cobró como abogado, antes de ser político, dio muestras de sinceridad. Mi pega es su empeño en centralizar las competencias de sanidad, un asunto que no preocupa en estos momentos a la sociedad.

-Mariano Rajoy salió vivo pero tocado. Es verdad que tenía más que perder al tener tres rivales en contra. Salió bien parado del primer bloque sobre situación económica, pero en los siguientes le hicieron mella los ataques. Los nervios a la hora de gesticular o su irrefrenable movimiento en una de sus piernas mientras se hablaba de corrupción denotaban que no estaba cómodo. Esquivó bien la pregunta sobre cuándo dimitir, pero se quedó sin respuesta cuando Rivera le insistió en que debía echarse a un lado por principios con tanto caso de corrupción interna.

-Pablo Iglesias pareció cansado. A mi juicio, fue la decepción del debate al no mostrar su colmillo afilado. Con semblante mortecino, quiso parecer moderado, conciliador hasta el extremo con el PSOE por si le tiene que pedir ayudar para gobernar y con suaves ataques al resto de contrincantes. Dio la impresión de querer mostrar un aire presidencialista cuando debía haber sido más punzante e irónico (sólo se salvó su broma sobre Valladolid). No criticó el pacto PSOE-C’s y se perdió en las cifras, en vez de apelar a cuestiones más humanas, de la calle.

-Pedro Sánchez se mostró resignado. Llegó el último al plató, casi arrastrando los pies, como si fuera un via crucis. Ha perdido frescura e insistió demasiado en el resultado de su fallida investidura (algo ya del pasado) sin intentar quitarle seguidores a Podemos. Con el paso del debate fue mejorando, incluso en el apartado de la regeneración democrática a pesar de que el caso de los ERE es un lastre para el PSOE.

 

Acerca de Antonio Rodríguez

Redactor de calle, de noche y de día para desentrañar las noticias del Gobierno.
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