Los peligros de la euforia

Esta noche me ha costado dormir por la canícula madrileña y las emociones fuertes de la Selección. Con tanta vuelta de un lado al otro de la almohada, empecé a pensar que tenía que rebajar la euforia interna si quería conciliar el sueño. Hoy deambulo como muchos otros españoles y tras leer apasionadamente la prensa, me preocupa ese grado de euforia que veo en la gente y que tanto me costó en soltar.

Creo que el victimismo de Holanda es peligrosísimo. No paro de recordar los casos de Argentina o Alemania, dos escuadras que hincaron la rodilla cuando más envalentonados estaban.

Si fuera Vicente del Bosque, no pararía de recordar que todavía no se ha ganado nada. Y la nada supone un bofetón antológico, el olvido, el aparecer como los que perdieron cada vez que se rescate la final en resúmenes de televisión.

Me da miedo esa euforia y que los políticos empiecen a vender la piel del oso antes de cazarlo. A ver si conseguimos dormir un poco y animamos con la humildad y la boca pequeña que requieren este momento tan especial. 


Entresijos Gubernamentales

Acerca de Antonio Rodríguez

Redactor de calle, de noche y de día para desentrañar las noticias del Gobierno.
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