En defensa del AVE

Hay cínicos infumables que aún echan en cara al “Gobierno de Madrid” haber apostado por reducir las diferencias entre la España rica y la pobre.

Que quieren que les diga. A mí me llaman extraordinariamente la atención las críticas que por distintos motivos he leído estos días alrededor del último tramo inaugurado del tren de alta velocidad español, el AVE, que une Barcelona con Girona-Figueres. En realidad, a lo que asistimos por parte de algunos es a una enmienda a la totalidad al conjunto de una obra que hasta hace unos días era un orgullo nacional.

Está por un lado la crítica puramente económica: el AVE ha sido el gran despilfarro. Periodistas, políticos, incluso profesores de economía se han afanado en amontonar argumentos contra una inversión que hoy nos puede parecer excesiva, pero que hasta que ha llegado la crisis nadie osó cuestionar. “En el mejor de los casos, el AVE puede consolidar procesos económicos ya existentes pero difícilmente creará dinámicas económicas nuevas”. Lo escribe un señor que se llama Xavier Fageda, que no es profeta, sino profesor de política económica de la Universidad de Barcelona.

Nada dice este buen hombre en su diatriba publicada en “El País” sobre los beneficios que la red de alta velocidad ha traído para la primera industria nacional, que es el turismo; ni tampoco apunta la repercusión económica que el tramo ahora inaugurado puede tener en cuanto eje de conexión privilegiada con Francia y el resto de Europa; por supuesto ni una palabra sobre lo que ha significado, en términos de entrada de divisas, el hecho de que empresas españolas hayan sido contratadas por terceros países -ganando concursos internacionales a multinacionales de otras naciones punteras, como Francia- para la construcción de las catenarias y el suministro de trenes para sus redes de alta velocidad.

“Heridas demoledoras”

Detrás vienen los lamentos estrictamente políticos, como el del alcalde de Girona, Carles Puigdemont (CiU), a quien nadie se atrevió a mandar a paseo cuando, en la ya reseñada inauguración cuando ante el Príncipe, Rajoy y Artur Mas dijo que el AVE llega muy tarde y deja “heridas demoledoras” (¿Se referirá a las que iban a dejar las obras que pasaban cerca de la Sagrada Familia y que, según el catalanismo más provinciano, acabarían por provocar el hundimiento del templo?).

Hay que tener mucha cara para hablar de heridas demoledoras -e intentar sacar a la invectiva rédito político- cuando te ponen gratis al lado de casa una máquina con la última tecnología que va a mejorar la afluencia del turismo a tu ciudad, la conexión con otras zonas de tu comunidad y que va a suponer un enlace privilegiado con Europa.

A quien debiera llorar Puigdemont es a los franceses, que son quienes más inconvenientes han puesto, y van a seguir poniendo, para que la conexión de alta velocidad con el país vecino sea algún día una realidad. España ha hecho su trabajo; ellos ni han empezado el suyo. El señor alcalde debiera elegir mejor a sus enemigos, porque sin la ayuda del Gobierno español esa conexión puede llegar a eternizarse.

Claro, que su jefe Mas no se quedó ni mucho menos atrás al recordar que hace 20 años se inauguró el AVE a Sevilla, lo que resulta un intolerable agravio para el president. Mas sería hoy mucho más feliz, y puede que nunca se le hubieran pasado por la cabeza estas ideas independentistas de última hora, si el gobierno de Felipe González hubiera decidido, en aquél lejano 1982, mantener a los andaluces en la frontera del infradesarrollo. ¿Se imaginan cómo sería hoy España si en lugar de elegir Sevilla como destino inicial ese primer AVE hubiera conectado Madrid con Barcelona? Y, sobre todo: ¿habría sido justo seguir castigando al sur para que la España más rica lo fuera todavía más?

El AVE, se pongan como se pongan, ha sido un factor de atracción de riqueza y de cohesión territorial indudable. Esta última, la cohesión, forma parte de lo que se incluye en la categoría de “intangibles“, cuyo valor, ciertamente, es de difícil cálculo. Entre otras cosas porque ese valor depende en buena parte de la subjetividad de cada uno, o de hasta qué punto se tenga interés en seguir poniendo la economía por encima de la política.

 

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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5 respuestas a En defensa del AVE

  1. Hasta donde yo alcanzo, lo que tengo entendido es que la verdadera estrella del ferrocarril español por calidad-precio es la media distancia, heredera ded aquel insigne Talgo que tan orgullosos nos ponía cuando lo usábamos. He probado por gusto la media distancia y doy fe del confort y de la comodidad de su uso. Con el Ave no he tenido el gusto por el momento ya que Granada parece der tercera o de cuarta y le tocará cuando San Juan baje el dedo. Por ahora viene por Antequera.

  2. Jesus Romero Aranda dijo:

    Es fácil defender el AVE … cuando se tiene dinero para cogerlo y usarlo alguna vez. Pero, lo cierto, es que hoy día eso no está al alcance de la mayoría de los españoles. Porque, al hablar de las supuestas repercusiones positivas del AVE, al final no se porqué se habla de los grandes números, que si las grandes empresas se benefician, que si las catenarias fabricadas allí y acá; pero el español medio, que es el que ha pagado esta infraestructura con sus impuestos, no puede usarlo.
    Y no puede hacerlo porque el billete es tremendamente caro, salvo que planees tu viaje con un mes de antelación, salvo que encuentres a otras 5 personas para ir mirándole la cara todo el trayecto. Vamos, lo que no está al alcance de la mayoría de los españolitos. ¿Quién lo puede utilizar entonces? Pues empleados de empresas a los que les pagan el billete, extranjeros que cobran un sueldo mucho más elevado en sus países de origen, yuppies que le tienen miedo a volar y ahora pueden viajar pegados al suelo.
    Pero no solo es eso, no. Además es que el AVE ha creado un verdadero desierto ferroviario allá por donde pasa. Donde antes había líneas deficitarias (como lo son también los AVE) al menos existían estaciones de trenes de media y larga distancia que hoy se cierran o languidecen sin apenas convoys que tomar. Por ejemplo, entre Málaga y Antequera antes había 5 o 6 estaciones donde se podía tomar el tren de Madrid; ahora, sencillamente, no hay ninguna. El tren va más rápido sin duda, pero no sólo porque el trazado sea mejor o la máquina más rápida y potente sino, además, porque no recoge a nadie, a ninguno de esos de esa España de las ciudades medias, de la España Rural, que en la capital y grandes urbes no le importa a nadie. Es una pena.
    Pero, curiosamente, el AVE esta revitalizando otro sector; con la desaparición de los mas económicos trenes de media distancia, que sólo tardaban una hora y media mas, ahora, el españolito medio, ha vuelto a los autobuses de línea, no por devoción sino por obligación. Pero, triste es que estemos endeudados todos para pagar el transporte de unos pocos. Y hablamos de los bancos, cuando, de nuevo, lo que hemos hecho, ha sido socializar las pérdidas para que unos cuantos señoritos de Madrid tengan más a mano unos cuantos destinos.
    Y luego hablan de desafección. El AVE no hace sino ensanchar el nacionalismo absurdo de este país que se envanece de obras que no disfruta de la mayoría, y que amplía la brecha social entre los que pueden usarlo y los que sólo pueden verlo a pasar a sus fantásticos 300 km/h

  3. jrosell dijo:

    El valor “intangible“ no lo cónocemos, el déficit operativo sí.
    Dicen que ni tan solo el AVE Madrid-BCN es rentable…

  4. AMG dijo:

    Solo un detalle, cuando afirma el autor: “Hay que tener mucha cara para hablar de heridas demoledoras -e intentar sacar a la invectiva rédito político- cuando te ponen gratis al lado de casa una máquina con la última tecnología que va a mejorar la afluencia del turismo a tu ciudad, la conexión con otras zonas de tu comunidad y que va a suponer un enlace privilegiado con Europa.”, parece que no está bien informado en dos cuestiones, la primera es que de gratis nada puesto que según creo en Gerona pagan impuestos que cobra la Agencia Tributaria del Reino de España, (menuda cagada, tío), y la segunda es el perjuicio causado con las obras, su abandono a medio hacer ahora que pasa el AVE a muchos gerundenses. Bien está que el autor recuerde que durante decenios casi todo el mundo que tenía voz en la opinión pública estaba de acuerdo con el AVE, incluido el partido CDC que hoy gobiernan Gerona y Cataluña y critican retrasos y formas de hacer del Estado, y que con frases y no con datos arrime el hombro en nombre de los beneficios del turismo, pero lo de gratis no sirve para nada más que retroalimentar tan orgullosamente como estúpidamente el independentismo catalán.

    • Agustín Valladolid dijo:

      Acepto la corrección: nada es gratis. Lo que no es aceptable es la mala educación. De todas formas, ¿por qué no le cuenta usted el “maltrato” que sufren los gerundenses a los gallegos, extremeños y a todos aquellos a los que les hubiera gustado tener ya una infraestructura como el AVE?
      En relación a su última afirmación, le diré que lo que retroalimenta el independentismo es el victimismo que rezuman comentarios como el suyo.

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