Otro año negro

La Prensa se ahoga en sus propias lágrimas, la indiferencia de la clase política y su legendaria incapacidad para la autocrítica.

“La pugna por ofrecer la primera imagen a la audiencia ha vuelto a jugar una mala pasada a los medios. La ola de críticas en las redes sociales, cuestionando la profesionalidad de los periodistas, no se ha hecho esperar. No es la primera vez que yerran -algo parecido sucedió este verano con el autor del tiroteo en un cine durante el estreno de “Batman” en Colorado- y probablemente no será la última”.

El párrafo anterior corresponde a una crónica enviada desde Nueva York por la periodista Carolina Martín para www.zoomnews.es. Hace referencia al error cometido por las cadenas CNN y Fox News cuando, llevadas por un absurdo afán de anticipación,  adelantaron el nombre (equivocado) del autor de la matanza de Newtown (Connecticut) sin que este hubiera sido aún confirmado por fuentes fiables.

En España la prensa ha atravesado por uno de los peores años de su historia. Miles de periodistas despedidos, empresas que cierran o ven cómo se derrumban las ventas de ejemplares y la facturación publicitaria. El “Informe anual de la profesión periodística“, que se elabora por encargo de la Asociación de la Prensa de Madrid, revela un panorama desolador más allá de la pérdida de puestos de trabajo: tampoco la profesión periodística goza de buena salud en lo que respecta al prestigio ciudadano de sus componentes.

Al servicio del virrey

El pasado 6 de diciembre acudí al acto conmemorativo de la Constitución en el Senado. La presidenta de los periodistas madrileños, Carmen del Riego, repartió entre los colegas una chapa con la leyenda: “Sin periodistas no hay democracia”. Algunos de los políticos asistentes nos miraban como si fuéramos miembros de una extraña secta. “Mira estos con la chapita, como si no tuviera yo bastante con lo mío”, debieron pensar algunas de las señorías que por allí pululaban, mucho más interesados en alcanzar el corrillo formado en torno a Mariano Rajoy. ¡Ay, los políticos españoles! Nunca han entendido esto de la libertad de expresión.

No es que no sepan de qué va, pero nunca han sobrepasado la barrera de la retórica para comprometerse con una apuesta real por la pluralidad, ni han movido un dedo en la dirección de fortalecer las empresas periodísticas independientes. Solo hay que echar un vistazo a las televisiones y radios públicas para entender de qué estoy hablando. Se ha tirado el dinero en chiringuitos al servicio del virrey de turno mientras se castigaba a la prensa no adicta recortando de forma selectiva las inversiones publicitarias institucionales -mucho antes de la crisis- o echándole encima a la Fiscalía (Algún día habría que escribir un libro que narre todos los episodios de persecución política a distintos medios en la España “democrática”).

Un ejemplo más reciente de lo que digo lo tenemos en cómo desde determinados partidos catalanes se ha “comprado” el apoyo político de algunos medios para promover, ni más ni menos, que la separación de Cataluña del Estado español. Aquí hay otro dossier pendiente de redactar.

Una auditoría convincente

Pero volvamos al principio. En la era de las redes sociales, la velocidad con la que se suministra información parece haberse convertido en la nueva deidad periodística a adorar. Los errores en cadena protagonizados por medios, que perjudican gravemente a personas y confunden a la sociedad en general, no son un invento exclusivo de los norteamericanos. En España, junto a la creciente debilidad económica de las empresas editoras, las prisas vuelven a ser una de las graves enfermedades que aquejan a nuestra profesión. Los ciudadanos -al menos aquellos que no saben quién es Belén Esteban, o no le importan un pimiento sus opiniones- quieren calidad, solvencia, criterios sustentados en un trabajo serio, sin precipitaciones.

No es fácil, pero hay que reencontrarse de nuevo con esa senda. El periodismo está en medio de un tornado que se va a llevar muchas cosas por delante. Pero lo importante no es eso, sino trabajar para que lo que quede después de la tormenta sea mejor que lo anterior. Y para eso hay que empezar por una auditoría severa y convincente. Ya no vale solo con llorar a moco tendido.

 

 

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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