El avatar castellano-leonés de Rajoy

Mariano Rajoy ha elegido para el Congreso y el Senado a políticos con gran capacidad de interlocución

Jesús Posada es protagonista principal de una divertida anécdota acaecida en la “era Aznar”. Él, a la sazón ministro de Administraciones Públicas, y Juan José Lucas (creo que era Lucas, pero el personaje no modifica el contenido), esperaban en la denominada “M 30” del Congreso de los Diputados (el pasillo semicircular que rodea el hemiciclo) a que se iniciara la sesión de control al Gobierno. Estamos en una tarde otoñal del año 2000. La escena discurre del siguiente modo: el presidente llega a la puerta de Congreso. El comisario jefe le da las preceptivas novedades. Pasa como una exhalación rozando a los dos ministros, pero sin apercibirse de su presencia ni, por lo tanto, amagar saludo alguno. Posada y Lucas le miran con indisimulada curiosidad. Aznar entra en la sala de plenos. Los dos miembros de su gabinete sonríen. La breve conversación que se desarrolla a continuación es más o menos así:

-Posada: “Oye Juanjo…”

-Lucas: “Dime Jesús”.

-Posada: “¿Tú crees de verdad que Aznar sabe que somos ministros?”

-Lucas: risas y comentario ininteligible.

Posada es así, discreto y socarrón. Una fotocopia castellano-leonesa de Mariano Rajoy. El mismo día que Rajoy era nombrado vicepresidente del Gobierno, 27 de abril de 2000, Posada asumía la cartera de Administraciones Públicas. Ya en ese nombramiento tuvo algo que ver Rajoy. La buena relación venía de antiguo, pero esa etapa la solidificó. La elección de Posada como presidente de las Cortes forma parte de la previsibilidad del político gallego, pero también de unas circunstancias tan endiabladamente complicadas que van a convertir los puestos-balnearios en potros de tortura solo compatibles con personalidades de aguante contrastado y sentido del humor a prueba de bombas.

La experiencia, a lo que parece, también ha sido un requisito tenido en cuenta por Rajoy a la hora de elegir a sus hombres de confianza en Congreso y Senado. Pío García Escudero es un buen ejemplo de trabajo paciente y minucioso. Durante la pasada legislatura se convirtió en uno de los más sólidos críticos haca la política de Zapatero, pero siempre guardando las formas. Hasta el final. García Escudero es también un hombre con capacidad de diálogo, cualidad de la máxima importancia en esta etapa.

Por último, de los cargos hoy desvelados hay que destacar al portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso, otro político de cintura ancha, buen jugador de mus y partidario de las bodas entre homosexuales. Un liberal-católico que probablemente le debe en parte el puesto a la fortaleza con la que ha irrumpido Amaiur en el Parlamento nacional. De no haber sido elegido portavoz tendría todas las papeletas para ser ministro. Un vasco culto y con carácter para servir de conexión con Basagoiti, entenderse con los socialistas en lo esencial y maniobrar, desde el conocimiento antropológico, con el PNV y los herederos de Batasuna.

Tres nombres que son una apuesta aparente por el entendimiento político, premisa básica de supervivencia en los tiempos que corren. Veremos que pasa con el Gobierno, pero esta primera entrega de cargos institucionales anticipa perfiles no tan benévolos, perfiles de chaleco antibalas y colmillos mucho más retorcidos. Pues eso, veremos.

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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