“Sin cobertura”, una incómoda historia que será llevada al cine

La novela-reportaje “Sin cobertura” será llevada al cine, aunque habrá quien haga lo imposible para que no se estrene antes de las próximas elecciones generales.

Hace unos días me enteré de que la productora de Andrés Santana, Aiete Ariane Films, había comprado los derechos para llevar al cine la novela “Sin cobertura”, escrita por Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas. El director parece que será Imanol Uribe. AA Films ha producido, entre otras películas de Uribe, “Días contados”, “La muerte de Mikel” o “El Rey pasmado”. Quien me dio la noticia, persona generalmente muy bien informada, añadió que sería muy difícil que la versión cinematográfica de esta magnífica novela-reportaje se estrenara antes de las próximas elecciones generales. Le dije que aún faltaban dos años para tal cita y que, por tanto, había tiempo de sobra para llevar adelante el proyecto. Lo que mi interlocutor me respondió acrecentó mi interés y también mi inquietud: “No se trata de que no haya tiempo; es que hay mucha gente interesada en que no se llegue a tiempo, que son dos cosas distintas”.

Periodismo de investigación

En España no hay demasiados periodistas de investigación. Probablemente no por falta de ganas. La ausencia de buenos profesionales en este campo del periodismo ha tenido bastante que ver con el elevado coste económico de un género que, además, no siempre garantiza buenos resultados. Pero aquellos que de verdad pueden ser catalogados en España como verdaderos periodistas de investigación no son buenos; son muy buenos. Yo he tenido la suerte de conocerles e, incluso, de trabajar con algunos. Así que sé de lo que hablo. Eduardo Martín de Pozuelo, Jordi Bordas y Santiago Tarín, los tres de “La Vanguardia”; y Luis Rendueles y Manu Marlasca de “Interviú”, son de lo mejorcito del ramo. Quizás han sonado más otros nombres. Pero créanme, los fetén son estos. Por eso, cuando en marzo pasado la Asociación de Periodistas Europeos organizó la presentación en Madrid de “Sin cobertura”, basada en los acontecimientos que desembocaron en el asesinato de siete agentes del CNI en Irak, y que habían escrito al alimón Eduardo y Jordi, confirmé de inmediato mi asistencia al acto. Ante la atenta mirada de la fiscal de la Audiencia Nacional Dolores Delgado, que reforzó en su intervención la tesis principal de la novela, Jordi y Eduardo dijeron lo que yo ya intuía desde que supe que ambos se habían inspirado en hechos reales: que casi el 70% de la novela eran datos ciertos. Ciertos eran los informes del CNI que desmentían la existencia de armas de destrucción masiva en Irak; cierto el intento de los servicios secretos franceses de sacar a Sadam Hussein del país y evitar un baño de sangre; ciertas las reiteradas peticiones de los agentes iraquíes que pasaban información a España para que nuestro país les sacara de la trampa mortal en que para ellos se había convertido Irak; cierto fue el nulo crédito que las autoridades políticas de entonces, entregadas a las consignas de George Bush, concedieron a los profesionales del CNI a pesar de que éste era, probablemente, el servicio de información con mejores contactos en la zona; y ciertos fueron los enfrentamientos entre el Rey Don Juan Carlos y José María Aznar a cuenta de lo que a todas luces fue la decisión más errónea tomada por el entonces jefe del Gobierno español.

Aniversario de los crímenes

El próximo mes de noviembre se cumplirán siete años de aquella emboscada, de aquella venganza. Porque eso es lo que fue: una venganza en toda regla ejecutada por aquellos que se sintieron traicionados por un Estado al que habían servido con eficacia y que les dejó tirados cuando más necesitaban de su protección. “Cuando supimos que detrás de aquellas matanzas se escondía una venganza nos sentimos impulsados a escribir. Fueron crímenes horribles e injustificables y probablemente evitables”, han dicho Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas.

“Sin cobertura” es una novela magníficamente documentada que explica muchas cosas; para algunos, puede que demasiadas. Y es también un acto de justicia con unos hombres, los agentes del CNI, que, a pesar de lo irracional de algunas órdenes recibidas, cumplieron con su deber y fueron leales a su país hasta el último segundo de sus vidas. Esperemos que la anunciada versión cinematográfica multiplique el conocimiento público (que es lo que algunos pretenden evitar) de unos hechos que nunca se habrían producido si la arrogancia y la prepotencia no se hubieran impuesto a la sensatez y al sentido común. Reconozco que no tengo más datos sobre quiénes están interesados en que la película tarde mucho en ver la luz. Pero tampoco tengo duda de que es así, tal y como quien me puso en la pista me dio a entender. Solo hay que constatar los problemas que ha tenido en su recorrido la novela para darse cuenta de que la película no le va a hacer ninguna gracia a unos cuantos. En cualquier caso, considero una obligación colaborar a la difusión de esta historia. Porque la verdad también se puede abrir paso a lomos de la literatura y el cine. Y porque, como decía, es de justicia.


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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