Primarias, huelga y otros psicodramas

La huelga del 29-S les dió un respiro a Trinidad Jiménez y Tomás Gómez. Un respiro mediático, se entiende. Y breve, porque el próximo domingo toca jugársela. Se la juegan porque están cada día más lejos el uno del otro, y no son Obama y la Clinton, aunque hay quien ha intentado la sugestión. En este proceso ambas partes van a dejar heridos, algunos graves, y los supervivientes y allegados de los vencedores van a pedir cuentas al minuto siguiente de conocerse el nombre del ganador.

La cara oculta de este pulso entre dos miembros destacados del socialismo madrileño es la que denuncian sus militantes más lúcidos: la de un enfrentamiento a cara de perro que antepone las ambiciones personales al esfuerzo común por regenerar el partido en Madrid, paso previo a cualquier intento de reconquistar el poder. Cierto es que no toda la culpa es de los contendientes. Como se está viendo, las encuestas no eran razón suficiente para descabalgar a Tomás Gómez. Jiménez, por su parte, siempre ha estado disponible para regresar al frente de batalla, pero no contaba con malgastar parte de su potencia de fuego contra quien, le habían asegurado, sería su fiel lugarteniente.

Pase lo que pase el día 3, el que salga victorioso se va a encontrar con un partido dividido y tocado. Salvo milagro, las forzadas apariencias del domingo darán paso a la cruda realidad de un PSM que, si se consuma el divorcio entre el de Parla y la ministra, va a desaprovechar el impulso que a veces aportan las primarias y puede perder la oportunidad de unir esfuerzos para poner fin a esa perniciosa dejadez que ha convertido a las agrupaciones madrileñas en coto privado de unos pocos, en oficinas paralelas de colocación; en lugar de ser, como debieran, lugares para el debate y la agitación electoral.

Me paro aquí. De momento. Si confirmo un par de datos puede que más adelante cuente algunos efectos colaterales de estas primarias en la Ejecutiva Federal.

Huelga inútil y psicodrama

Desde un plano estrictamente teórico, la protesta sindical contra el Gobierno Zapatero ha sido sin duda la más justificada de todas las huelgas generales que se han convocado en democracia (Si Nicolás Redondo hubiera tenido en 1988 la cuarta parte de “razones” para parar el país, Felipe González tendría que haberse exiliado). Sin embargo, es casi seguro que también será la que en menor medida va a cambiar nuestra realidad política, económica y social. Méndez y Fernández Toxo tienen razón cuando aseguran que la reforma laboral debilita los derechos de los trabajadores, pero también son conscientes de la inutilidad de su principal reivindicación: que el Gobierno dé otro giro de 180 grados a su política económica.

 El político escocés Alistair Darling ha explicado con mucha claridad lo que podría ocurrirle a los gobiernos que se alejen de la doctrina europea que exige un estricto control del gasto. Sobre todo a los que rigen los destinos de los países que más piden o más deben. Déjenme que les sitúe: Darling fue ministro de Hacienda con Gordon Brown. Hace unos días, cuando Ed Miliband fue elegido líder del Partido Laborista gracias al vital apoyo de los sindicatos británicos, Darling declaró (sin esconder que el destinatario de sus palabras era el pequeño de los Miliband): “La gente sabe que hay déficit y que hay que reducirlo. Y si lo niegas, francamente, la gente dejará de escucharte, te dará la espalda y eso tendrá consecuencias desastrosas”. Y no solo se refería a las consecuencias electorales. Esta es la realidad; una de las variadas realidades que explican el psicodrama que vive la izquierda europea.  


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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