Gana Gómez, gana el PSOE; pierde ZP

¿Por qué ha ganado Tomás Gómez? ¿O sería más correcto preguntarse por qué ha perdido Trinidad Jiménez? Probablemente el éxito de Gómez se explica mejor desde el subconsciente: de forma instintiva la gente se pone del lado de los débiles, manifiesta simpatía por los chicos modestos que se han hecho a sí mismos, y, sobre todo, no soporta que desprecien su opinión. ¿Y cuáles son las razones que han hecho inviable la victoria de Jiménez? Básicamente una: que representaba lo contrario que su oponente. El ex alcalde de Parla era la modestia, el trabajo anónimo y la rebeldía frente a un poder que nunca entendió lo aconsejable que hubiera sido explicar a los militantes el porqué de sus decisiones. Así, casi sin comerlo ni beberlo, Trinidad Jiménez quedó alineada con la prepotencia, el glamour y la cosmética política. Cuando rechazó debatir públicamente con su secretario general se puso de manifiesto lo endeble de su posición.

A partir de hoy oiremos de todo. Llamamientos a la unidad, inacabables congratulaciones por el magnífico ejemplo dado de democracia interna y elucubraciones varias sobre los efectos del proceso de primarias en las elecciones de mayo de 2011. Pero la consecuencia política más relevante de este resultado es evidente: las primarias de Madrid han sido el primer aviso serio de una parte del PSOE a Rodríguez Zapatero. No sé si, como ya apuntan algunos colegas, el postzapaterismo ha comenzado. Pero sí creo que desde las 20 horas del 3 de octubre de 2010 existen más posibilidades de que el presidente del Gobierno renuncie a ser reelegido.

Tensiones en la Ejecutiva

La “operación Trini” fue diseñada por el núcleo de mayor confianza de ZP. Madrid era el punto de partida de una estrategia pensada para llegar a las elecciones generales de 2012 con algunos flancos territoriales reforzados. Lo que se pretendía, y se pretende, es contrarrestar el desmoronamiento del PSC-PSOE en Cataluña y el previsible descenso del apoyo al PSA en Andalucía. Esa estrategia se coció en Moncloa, al margen de la Ejecutiva Federal, cuyos miembros ni discutieron la oportunidad de relevar a Gómez, ni conocieron la encuesta que se hizo a la medida de Trini hasta que la publicó la prensa. Algunos ejecutivos socialistas, pocos, declararon estar con Gómez. Otros, algunos más, se limitaron a hacerlo en privado, manifestando de paso su enfado con los que calificaron como los “grandes manipuladores” del PSOE. No era mucho, pero reflejaba un significativo malestar interno que por primera vez incluía a algunos de los considerados más fieles zapateristas.

El PSOE atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Probablemente el más difícil desde la confrontación entre Joaquín Almunia y Josep Borrell en 1998. Ya no se puede contar con los sindicatos como agentes electorales; las elecciones de noviembre en Cataluña apuntan a tsunami; y las municipales y autonómicas del próximo mayo pueden arrastrar a los socialistas a mínimos históricos. Sólo entonces sabremos si Gómez ha ganado a Esperanza Aguirre y Zapatero repite como candidato. O ni lo uno, ni lo otro. Pero lo ocurrido en Madrid ayer va a multiplicar las dudas sobre el futuro del líder socialista. Hay barones y destacados dirigentes que hace tiempo que verbalizan esas dudas. Desde hoy, apunten uno más en la nómina de escépticos. Se llama Tomás Gómez, y hasta que el presidente del Gobierno decidió que estaba amortizado, no lo conocía casi nadie.

(Más sobre este tema en la sección POLÍTICA FICCIÓN: "El dedazo").


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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