Pilar Manjón y Ángeles Pedraza

Es una vergüenza la manipulación política de las víctimas del 11-M; una vergüenza y una crueldad

Lo que busca una víctima, más aún, si cabe, si es una víctima del terrorismo, es dejar de serlo cuanto antes. Y nuestro papel es ayudarle a conseguirlo”. Nunca he olvidado esta afirmación, persistente y repetitiva en todas las conversaciones que he mantenido después del 11-M con uno de los psicólogos que atendió a las víctimas. Lo importante no es la condición de víctima, sino dejar de serlo, recuperar en la medida de lo posible el equilibrio vital que alteró brutalmente el terrible atentado. Sigo con las frases del psicólogo experto en trauma: “Las asociaciones de víctimas son fundamentales si persiguen ese objetivo, recuperar al menos una parte de la cotidianidad. Pero las hay que parecen buscar justo lo contrario y el daño que hacen a las víctimas reales no lo justifica una supuesta búsqueda de la verdad”. Y yo añado: sobre todo si esa “verdad” no es tal y solo obedece a intereses políticos o económicos que poco o nada tienen que ver con la recuperación de la normalidad.

He leído mucho estos días sobre el 11-M: Inventivas que insisten en pisotear el honesto y eficaz trabajo de jueces, fiscales, y policías; invectivas destinadas a destruir la dignidad de profesionales que dejaron su alma en el empeño de descubrir y condenar con todas las garantías a los autores de la masacre; premeditadas y alevosas falsedades concebidas para confundir a la sociedad que en cualquier país donde la justicia fuera tal serían objeto de, al menos, pública amonestación. He leído mucho sobre el séptimo aniversario de la masacre del 11-M; hasta de jueces a los que les han debido prometer relevancia mediática a cambio de jugar al juego de “fabriquemos una historia que sea verosímil aunque nada tenga que ver con la realidad de los hechos”. Y he vuelto a comprobar que hay gentes y colegas que mandaron la conciencia de vacaciones y aún están esperando a que vuelva.

Víctimas reales vs. ficticias

Como ha escrito en “El País” uno de los periodistas más solventes en asuntos judiciales, José Yoldi, el grupo de medios que sigue defendiendo contra toda evidencia que el 11-M fue una acción combinada de islamistas radicales y ETA, ya forma parte de la cultura más genuinamente friki del periodismo. Frikis, conspiranoicos o el grupo de la infamia, da igual cómo se les llame. Lo sustantivo no es el crédito que hayan sido capaces de recolectar, sino el daño, a veces irreparable, que ocasionan a las verdaderas víctimas. Sí, ya sé que insisto mucho con lo de las víctimas “verdaderas” o “reales” y alguien puede preguntar: ¿es que hay víctimas ficticias? Sí; hay víctimas ficticias, indirectas, descendientes de víctimas, sobrinos de víctimas, ex presidentes de asociaciones de víctimas y un no corto etcétera de gentes que han encontrado un estupendo vehículo para ganarse la vida o hacer carrera política. ¿Y qué es lo que distingue a unas y otras víctimas (reales vs. colaterales)? Lo que decíamos al principio: las reales quieren dejar de serlo; las colaterales no tienen prisa.

Las madres de Myriam (Ángeles Pedraza) y de Daniel (Pilar Manjón) son igual de respetables. Nadie les puede impedir que sigan buscando y encontrando razones poderosas para darle sentido a la vida. Una y otra están unidas por el casi siempre inasumible dolor que conlleva la pérdida de un hijo. La primera cree que no se conoce toda la verdad. La segunda ha declarado que el 11-M es un caso cerrado tras un juicio serio y justo. Con toda franqueza: creo que la policía, la fiscalía y la justicia han hecho un trabajo honesto; no hay ni un solo indicio sólido que contradiga la verdad judicial. En mi opinión, la señora Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), no tiene razón, pero su criterio es tan respetable o más que el mío. Tan respetable como la opinión de la señora Manjón. Y quienes estén detrás de los insultos a Pilar Manjón (“Tu hijo está bien muerto”), quienes desde las instituciones madrileñas hayan decidido darle la espalda a esta mujer valiente y a la asociación que representa (la mayoritaria de las víctimas del 11-M), tienen que saber que fomentan la ignominia y la injusticia.

Pero hay algo aún mucho peor: que Ayuntamiento y Comunidad de Madrid (lo de Cobo no lo comento porque prefiero creer su desmentido) y un sector del Partido Popular (con Rajoy como testigo silente) colaboren en este macabro juego con los que manipulan a las víctimas. Y no es que lo hagan por temor a perder un puñado de votos, que en esto van sobrados, sino por un instintivo rechazo hacia quien no se pliega a sus dictados y también, para qué negarlo, por un miedo justificado a que el grupo de la infamia saque a relucir algún expediente personal.


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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