¿Se puede decir NO a la nueva Batasuna? (Y un apunte sobre el Sahara)

Los partidos debieran dejar en las exclusivas manos de la justicia la decisión sobre qué hacer con la nueva marca de Batasuna

“La izquierda abertzale rechaza y se opone al uso de la violencia o la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos y eso incluye la violencia de ETA si la hubiera en cualquiera de sus manifestaciones” (intenso frotamiento de ojos); “Justificar el terrorismo será causa de expulsión de la izquierda abertzale” (¡las sales, que traigan rápido las sales!). ¿Se han vuelto locos los batasunos o es que la edad reblandece el cerebro? Pues a mi juicio, ni lo uno ni lo otro. Son las leyes, cuando se demuestran justas y eficaces, las que te colocan en tu sitio. ¿Qué hay que hacer entonces con los que despreciaban las leyes y ahora proclaman con solemnidad su vocación de cumplimiento? María Dolores de Cospedal sale al quite: “Siempre que Batasuna no pueda presentarse a las elecciones el PP apoyará al Ejecutivo”. ¡Tilt! María Dolores, las leyes las propone el Ejecutivo (las más de las veces), las aprueba el legislativo y las hace cumplir el poder judicial. El Gobierno, María Dolores, no será responsable de la decisión que adopten los jueces en relación a si la nueva Batasuna se podrá presentar o no a las elecciones. Conviene recordar este principio básico de la democracia participativa, no vaya a ser que nos acaben dando lecciones los del turbante.

¿Se puede decir NO a la nueva Batasuna? Que lo decidan los jueces. Sería interesante que lo hicieran sin excesivas presiones, pero como tal cosa es imposible, intentemos enfriar al máximo el recorrido hasta la resolución final y racionalicemos las consecuencias de una u otra decisión. Difícil, ya lo sé. Este es un asunto que divide a los ciudadanos y mete mucha presión a los partidos políticos. Y los medios contribuimos lo nuestro. Un ejemplo: Para que el resultado de la encuesta sea negativo la pregunta que hemos de hacer es la de El Confidencial: “¿Es sincero este alejamiento [de la violencia]?”. Mucho más equilibrada y aséptica la pregunta de “El Correo Español el Pueblo Vasco”: “¿Crees que es suficiente el rechazo a la violencia de ETA para legalizar a Batasuna?”. El riesgo es que cada medio escriba solo para sus lectores y se olvide del conjunto del país. Ese es también el riesgo y el miedo de los políticos: su interés no tiene por qué coincidir con el del país. Al PP le va bien seguir oponiéndose a la legalización de un partido independentista en Euskadi. Es lo que le pide su electorado y eso es lo que va a hacer. Ante esta evidencia, el PSOE lo tiene muy complicado. Como partido de gobierno su obligación es defender lo que beneficie a la sociedad española en su conjunto, y la perspectiva de que estemos en la recta final e irreversible del terrorismo puede acabar siendo, para todos, la gran noticia de esta legislatura. Pero como partido candidato a las elecciones municipales y autonómicas de mayo o a las generales del próximo año, el PSOE se encuentra en el peor de los mundos. Si llega a la conclusión de que Batasuna es sincera (o al menos realista) no puede dejar de aprovechar una oportunidad para dar una gigantesca zancada hacia el fin de la violencia, reforzando de paso la posición de los que en ese oscuro mundo han apostado por pedir a ETA que chape de una vez por todas. Pero si lo hace, si defiende el derecho de la nueva Batasuna a contrastar sus ideas en las urnas, puede acabar pagando un precio aún mayor del que anuncian las encuestas.

ETA no es el conejo de la chistera

¿Qué es lo que creo que va a hacer Zapatero? Pedir a la Fiscalía General del Estado que analice con la máxima exigencia los estatutos de la nueva formación. Lo más probable es que esta, la Fiscalía, llegue a presentar algún impedimento para dar una imagen de máxima exigencia. Luego, ZP intentará establecer un pacto de no agresión con el PP. No lo conseguirá. Así las cosas, el Gobierno solo podrá salir indemne de una situación tan espinosa si consigue focalizar en el ámbito de la Justicia la responsabilidad de la decisión final, que es de donde nunca debiera salir. Aunque no creo que le dejen. Si alguien ha pensado en algún momento que el final de ETA es el super conejo que se guarda Zapatero en la chistera, está muy equivocado. El fin de ETA es un regalo, pero electoralmente envenenado. Lo último que necesita el PSOE es un nuevo frente de batalla político tan fácilmente manipulable como este. Vamos a ver qué es lo que nos dice Rubalcaba, que será quien marque la pauta. Probablemente, el vicepresidente y ministro del Interior está ante uno de los encajes estratégicos más importantes y difíciles de su largo historial político. Importante y difícil para el país; y para su futuro (el de Rubalcaba).

El conflicto del Sahara

He participado el fin de semana en unas jornadas organizadas en Vitoria por la ONG Carta Mediterránea sobre el conflicto del Sahara. Su presidente, Álvaro Frutos, les puso un título bien sugerente: “Hablando del Sahara sin crispación”. Fue muy ilustrativo y en ocasiones emocionante escuchar a marroquíes y saharauis hablar del histórico contencioso sentados alrededor de una mesa. Este fue el primer logro de Carta y de Álvaro: sentarles durante dos días en la misma sala, para que escucharan con estricto respeto al turno de palabra acusaciones, discrepancias, propuestas… Hubo de todo, también tonos fuera de registro y lloros inconsolables. Pero se sentaron, se escucharon y al final del último día, cuando el secretario general del Gobierno Vasco, Manuel Salinero, clausuró con sutileza las jornadas, casi al unísono los participantes irrumpieron en un único aplauso que sonaba a esperanzador.

De lo allí expuesto, me quedo con cuatro apuntes:

a) La historia es importante, pero nunca debe ser el impedimento principal para encontrar la solución.

b) Hay que incidir, como ha hecho Carta Mediterránea, en el diálogo en los niveles intermedios y entre ciudadanos, para lograr un cierto nivel de confianza.

c) Es recomendable convocar cuanto antes una conferencia internacional en la que participen todos los actores implicados: Marruecos, Frente Polisario y otros colectivos saharauis, Estados Unidos, Francia y España.

d) Con más democracia en la zona, la solución puede estar más cerca.


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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