De los churros de ZP a los economistas-showman

Hay unos sujetos (los de FEDEA) que creen que en España se pueden crear 3 millones de empleos. ¿Les encerramos o les escuchamos?

Los periódicos del fin de semana suele dar bastante de sí. Uno encuentra trabajos con cierta enjundia y opiniones de gentes que saben de lo que hablan. También te puedes llevar alguna que otra sorpresa. Un diario convierte el domingo su primera página en cartel electoral del PP. Acabarán pidiendo el voto para Mariano Rajoy sin dejar de presumir de independientes. Y no será la primera vez. Es lo que tiene el periodismo que no se casa con nadie. Menos mal que Zapatero no se rinde.

“Este partido te apoya para las elecciones de 2012”, le dijo en Zaragoza Marcelino Iglesias. De ZP ya teníamos una idea; ahora sabemos que el presidente aragonés tampoco se prodiga en los bares de la clase media, donde los otrora fijos votantes socialistas, que ya no se pueden desahogar fumándose medio paquete de cigarrillos, le tiran los churros al presidente cada vez que asoma por televisión.

Dice Zapatero que aún no ha abierto la carpeta de la candidatura de 2012, lo que significa que no es consciente de que la que debe abrir es la de pasado mañana, la de las elecciones de mayo en autonomías y ayuntamientos. Los barones y baroncitos parecen haberse rendido a la evidencia, y ya no claman al cielo; ni en privado.

También el domingo leo unas declaraciones del histórico batasuno Rufi Etxeberría. Lo que más llama mi atención no es el titular, sino un sumario: “Antes de 15 días presentaremos en Interior una nueva marca política”. Según lo previsto, la mal llamada izquierda abertzale sacrifica pieza para que le sea contabilizada. La buena es otra; pero todavía no es momento de enseñar la verdadera jugada.

3 millones 3

Sin embargo, lo más entretenido, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, son las informaciones y análisis que tienen que ver con la crisis. La información económica está de moda, y de moda están algunos gurús de la catástrofe, como Nuriel Rubini, al que se conoce precisamente como el “profeta de las catástrofes”. Este señor ha dicho en Davos que España es una economía demasiado grande para dejarla caer, pero también demasiado grande para salvarla. Pues nada, que nos den. Reconozco que me revientan los economistas reconvertidos en showman que se mueren por las frases brillantes; pero acepto que la de Rubini no está nada mal traída. El problema de la economía española es cómo romper el círculo vicioso en el que se ha metido: no creamos empleo porque no crecemos y no crecemos por las rigideces del mercado laboral y el pifostio normativo generado por el estado autonómico y los vaivenes del Gobierno.

De lo mucho, y bastante bueno, que he leído en los suplementos económicos del fin de semana, hay una información de “La Vanguardia” que tiene que ver con lo que digo. Título y subtítulo, de seguido: “La CECA suspende sus reuniones con los inversores en Oriente Medio. La incertidumbre regulatoria del Gobierno impide la celebración del ‘road show’”. Traducido: los árabes no iniciarán la reconquista a través de las cajas de ahorro hasta tener la certeza de que la reforma de estas no tiene marcha atrás y los chicos de Zapatero y Salgado no cambian las reglas del juego en el último momento.

Y es que, se pongan como se pongan los anti jacobinos más conspicuos, uno de los inconvenientes (por emplear un eufemismo) que arrastra nuestra economía a la hora de captar inversiones, es la diferente y a veces contradictoria normativa que rige en los distintos territorios. El informe elaborado por FEDEA y McKinsey lo dice bien claro: Para crecer, es imprescindible “simplificar radicalmente la regulación (…). España ocupa, de acuerdo con el Banco Mundial, el lugar 147 de 183 países del mundo donde es más complicado empezar un negocio”. ¿Les cuento a la altura de qué países estamos? Mejor que no.

El informe de FEDEA-McKinsey destaca que “España puede crear hasta 3 millones de empleos sostenibles si se toman las medidas adecuadas”. Textual. Y además, explican cómo hacerlo. Vamos, de cotolengo.


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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