Peronismo y ley antitabaco

En tiempos de vacas flacas la demagogia se envalentona y las tonterías cotizan al alza

Le estoy cogiendo gusto a esa krausiana práctica de llevar la contraria. Quizá porque veo cómo avanza imparable en la madre patria una suerte de peronismo hispano camuflado entre las miserias de nuestra paupérrima situación económica. Hay ejemplos de todos los colores. En la categoría de demagogia barata, se llevan la palma las críticas a los ingresos de los ex presidentes, asunto al que ya dediqué unas cuantas líneas la semana pasada. En la categoría de penosas estupideces ganan por goleada los comentarios desorbitados de insignes intelectuales contra la ley antitabaco. Una muestra: Javier Marías, en El País Semanal, llama ignorante a Leire Pajín y proclama que la nueva ley es “fascistoide y atentatoria contra las libertades”. Es lo que tiene ser un divo; uno hace lo que le da la gana y los demás se aguantan. Poco importa que los fumadores pasivos que mueren en España cada año a causa del tabaco dupliquen a los fallecidos por accidentes de tráfico. Al fin y al cabo, ¿de quién estamos hablando? ¿De camareros, amas de casa y otras gentes de inferior rango intelectual? ¿Con qué derecho la “ignorante” Pajín sitúa en pie de igualdad la libertad de Marías y la de de otros mortales? Dice Marías que Zapatero y su ministra habrían estado a gusto en la España de Franco o en el Chile de Pinochet. Por aquello de la delación, ya saben. ¡Qué original, qué finura literaria y qué equilibrio mental! Debiera Marías fundar el Partido del Tabaquismo o mejor el del cáncer voluntario; o mejor aún, el Partido de mi libertad no me la tocan los derechos de los demás. Que deje de decir sandeces y viaje un poco más. Puede que descubra que en la vieja Europa, la misma que nos lleva cuarenta años de ventaja en el uso de la democracia, el que denuncia un incumplimiento legal no es un chivato, sino alguien que tiene conciencia social y utiliza los mecanismos que el Estado de derecho pone a su disposición para defenderse de quienes no respetan a los demás.

Una de pinganillos

Pero la políticamente más peligrosa es la categoría de nostálgicos del pasado. Aquí tienen cabida los que sin contar hasta diez, que son muchos, se han apuntado al nuevo deporte nacional consistente en desacreditar a las autonomías. Hay pelea por ver quién la dice más gorda. Luego, el Senado va y se lo pone fácil con lo de los pinganillos, eligiendo un mal momento para aplicar lo que debería llevar años funcionando con normalidad.

También tienen su sitio en este rincón los que confunden necesidad con amenaza y meten a todo hijo de vecino en el mismo saco (incluso a los que nunca hemos creído en el café para todos), porque conviene dar la imagen de heroicos defensores ante la agresión exterior. Editorial de La Vanguardia, domingo 23 de enero: “(…) bajo ningún concepto, la sociedad catalana, sus instituciones y sus entidades más representativas van a tolerar que ese necesario reajuste [el del Estado autonómico] se haga a su costa. Catalunya no será el chivo expiatorio de la crisis en España”. Gracias por el aviso, pero está de más. Catalunya nunca ha sido chivo de nada, y menos expiatorio. Si tiene un déficit superior al autorizado es en parte porque las instituciones catalanas decidieron en su día asumir determinados servicios públicos; si el año pasado Catalunya no destruyó empleo, es porque su economía sigue siendo muy potente y versátil. Ya la quisieran otros. Catalunya es lo que es gracias también al resto de España. Y contra España, ni se avanza, ni se sale de la crisis. Así que menos editoriales de trinchera y más buscar soluciones entre todos. Más responsabilidad y menos peronismo.


El punto medio

Acerca de Agustín Valladolid

Periodista. En algunos sitios me llaman comentarista político, en otros tertuliano. No sé qué es peor, pero es lo que hay.
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