Salto al vacío

Parecía un día como cualquier otro. Un día tranquilo, ordenado. Con sus horarios, sus rutinas, sus hastíos y sus momentos de felicidad. Sin embargo, no iba a ser así. Pero a las ocho de la mañana aún no lo sabía. Entonces, sólo sabía que tenía sueño, que llegaba tarde, que aún no había sacado a Tarzán, que había visto un vestido precioso en Zara y que esa noche me abriría una botella de vino blanco que había puesto a enfriar. A medio día recibí una llamada de Mateo para comer juntos. Insistió mucho, tenía que darme una buena noticia. Para mí, las buenas noticias siempre son viajes, ropa, zapatos, subidas de sueldo (nada material, como veis). La noticia incluía un poco de cada uno de estos ingredientes, pero no como yo pensaba. A Mateo le trasladaban. A Milán. Era un ascenso. Un buen ascenso. La oportunidad que estaba esperando. Un traslado inminente. Se me atragantó el tartar de atún. Y mira que es difícil. Pedí otra copa de vino al camarero. Nunca suelo beber más de una copa en las comidas, pero la ocasión lo requería. ¿Cómo?, ¿Por qué?, ¿Precisamente ahora? Todas estas interrogaciones estaban en mi cabeza, pero no me atreví a pronunciarlas. Se supone que lo que una buena novia tiene que hacer es alegrarse por su pareja, felicitarle y darle la enhorabuena por un ascenso más que merecido. Y eso fue lo que hice. “Entiendo que es muy precipitado y que esto es totalmente inesperado pero, Lía necesito que vengas conmigo, quiero que vengas conmigo. No puedes decirme que no”. Pedí una tercera copa de vino, pero cuando el camarero vio mi cara decidió dejarme la botella encima de la mesa. No voy a negar que me hizo mucha ilusión. No me refiero a lo del vino, que también. Sino a su petición. Era la primera vez que alguien no ponía tierra de por medio, sino que me proponían saltar juntos la tierra de por medio. Sólo acerté a decirle que tenía que pensarlo. No había mucho tiempo. Había que decidirse en un par de días. Convoqué a mi comité de expertos. A mis amigas, a mis mejores confidentes, a ellas que me han estado acompañando durante todos estos años. El resultado fueron cuatro botellas de vino y amargas lágrimas de despedida. El pueblo había hablado y la repuesta era sí. Mateo no podía estar más contento ni yo más asustada. ¿Qué hago yo en Milán?, excepto irme de compras, claro. No tenía muy claro si la decisión que estaba tomando era una huída hacia adelante, una locura o la mejor decisión que había tomado en mi vida. Esto no lo estaba haciendo solo por Mateo. Lo estaba haciendo por mí. No sabía muy bien por qué o si esta aventura era fruto de una locura transitoria. El amor, la química o como lo queramos llamar nos hace tomar decisiones muy extrañas. A veces son las más acertadas del mundo. A veces, grandes equivocaciones. Incluso de estas últimas, sobre todo de estas últimas, se aprende. Esto es lo que me han enseñado estos  años de estrecha y profunda convivencia con el sexo opuesto. Bueno, alguna cosa más claro está. Una excedencia en el trabajo, un disgusto más en mi familia, (según mi madre, a ver si me centro de una vez, a ver cómo va a ir ella ahora a verme a Milán, si a mi padre no le gusta montar en avión, ¿no me podía haber mudado a Astorga?) y unas cuantas maletas después ya estaba todo. Los cuatro Tarzán, Sebastian, Mateo y yo estábamos listos (al menos físicamente) para Milán. No sé qué nos deparará el futuro. Si la vida me ha enseñado algo es que no es más incierto en Madrid que en Milán. Confío en que esto sea solo sea el principio de algo fantástico, con sus momentos buenos y malos, pero que haya merecido la pena. Como alguien me dijo una vez “Quien nada arriesga, nada puede esperar”.

PD.: Quiero daros las gracias por haberme acompañado durante más de cuatro años, por vuestros consejos, ánimos, apoyos, por leerme, por estar ahí. Esto es sólo un hasta luego, nos volveremos a encontrar. Aún no sé cuándo, pero nos volveremos a encontrar. Sólo espero que a mi vuelta sigáis estando ahí, con el mismo cariño con el que lo habéis hecho siempre. Mientras tanto, cuidaos mucho y sed muy muy felices. Hoy y siempre.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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4 respuestas a Salto al vacío

  1. Ana dijo:

    Un beso gigante, Lía. Disfruta de esta aventura y ¡ojalá volvamos a verte pronto! Y ¡gracias! por todas esas reflexiones y sonrisas que nos has hecho sacar con tu desparpajo y esa vida tan intensa! ;)

    • Cecilia G. dijo:

      Muchas gracias Ana!
      Gracias a ti por haber estado siempre ahí, apoyándome cada semana.
      Un fuerte abrazo

  2. Tamara dijo:

    Ay Lía, no sabes como me alegro…. de verdad, me has alegrado la semana tan mala que he llevado, ha sido el broche perfecto, no te negaré que se me han saltado hasta las lágrimas!! pásalo muy bien en Milán, que seas muy feliz y que seáis muy felices juntos, yo sigo buscando esa felicidad junto a alguien que espero llegue algún día y aún no se me hayan secado los ovarios jajajajajaaj bueno, espero que sea cierto lo que dices y esto se sólo un hasta luego o hasta pronto, llevo mucho tiempo contigo y la verdad es que me encanta como escribes, me gustaría seguir leyéndote mucho tiempo. Gracias por las risas, las reflexiones, tus confidencias.. mil gracias. Un beso guapirosa.

    • Cecilia G. dijo:

      Muchas gracias Tamara! espero que te vaya muy bien y que encuentres pronto la felicidad que buscas y mereces. Espero encontrarnos por aquí en breve.
      Un abrazo fuerte y mil gracias siempre a ti!
      Lía

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