Esas cosas que no te gusta compartir

Estos días me ha venido a la mente un capítulo de Friends en el que Joey invita a una chica a cenar. Ella se pide una ensalada y él unas patatas con algo más (no se llega a ver en el capítulo). Todo va muy bien hasta que ella decide coger, de manera espontánea, una o dos patatas fritas del plato de Joey. Gran error. Éste decide no volver a llamarla porque “Joey no comparte su comida (…) “Cuando llevo a cenar a una tía, puede pedir lo que quiera…¡Pero no te pidas una ensalada verde para luego comerte mi comida!”

Cuento esto porque el pasado sábado me sucedió algo parecido con Mateo. Sólo que en vez de patatas fritas teníamos ante nosotros una deliciosa tarta de chocolate. Yo casi nunca suelo pedir postre. Él decidió acabar la cena con una esponjosa tarta de chocolate negro con chocolate caliente por dentro. Inconscientemente cogí la cuchara y probé un poquito de su postre. La mirada de Mateo fue fulminante. “¿Por qué las tías siempre hacéis eso?”, me dijo.  “¿El qué?” le respondí yo, ingenuamente. “¡Eso!, no pediros postre para luego comeros el nuestro!” Nunca le había visto tan irritado. Hice un pequeño sondeo entre mis amigas y al parecer tenía razón. Es algo que solemos hacer bastante. Hasta el punto de que los camareros deciden traer, por defecto, dos cucharas. En esto, los camareros están con nosotras. Tengo que reconocer que no me lo tomé muy bien. ¿Si no eres capaz de compartir tu comida con alguien, cómo vas a ser capaz de compartir piso, perro, compras etc.? Pero luego pensé que no merecía la pena enfadarnos por un trozo de chocolate. Por unos zapatos…puede. El caso es que clasifiqué a Mateo en esa parte de mi cerebro que es como una caja llena de prejuicios, tachándole de intransigente y rarito. Hasta que el domingo por la mañana, la vida me devolvió el golpe. Andaba yo con mis rituales secretos. A Mateo le había dicho que no podía verle hasta por la tarde. Necesitaba estar sola para tener ese rato para mí, que nunca comparto (ni he compartido) con nadie. Mi ritual es el siguiente: pongo canciones malas a todo volumen, me pongo mi mascarilla del pelo y lo enrollo con una toalla. A continuación, extiendo mi tratamiento facial a base de algas verdes (sí, lo sé, y luego me dan asco las que me encuentro en la playa) y, envuelta en mi albornoz rosa, leo revistas de cotilleo o de moda, hasta que me canso. Estaba inmersa en mi planeta particular, cuando de repente sentí abrirse la puerta de casa. Corrí a esconderme en el baño, con tan mala suerte, que caí tendida en el pasillo. Imaginad la escena. El pelo blanco, la cara verde y un gran moratón en el trasero. Mateo se pegó tal susto que casi sale de casa corriendo. Creo que si me ha visto de esa manera ya puede superar cualquier cosa. Eso sí, ya le he explicado que la próxima vez llamé antes de entrar.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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4 respuestas a Esas cosas que no te gusta compartir

  1. maria g. dijo:

    Hola Lía,yo te conozco ¿colaboras con” la razòn”,verdad?

    • Cecilia G. dijo:

      Hola María,
      Cecilia G. sólo se publica en la revista Tiempo. Y me gustaría que sí, que después de casi cuatro años y medio de blog, nos conociéramos aunque sólo fuera un poquito.
      Gracias por el comentario y por estar ahí
      Un abrazo fuerte
      Lía

  2. María g dijo:

    Perdona Lía,pero empezé a leer tu blog el pasado Lunes

    • Cecilia G. dijo:

      Hola María!
      bienvenida!! me alegro mucho de que lo hayas hecho y espero que sigas conmigo mucho tiempo! gracias por tu comentario
      Un abrazo

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