Bien, sin entrar en detalles

El pasado fin de semana quedé con mis amigas. Cada vez nuestras citas de solteras se iban dilatando más en el tiempo. Entre el trabajo, las parejas y la falta de tiempo, nuestras reuniones habían pasado de ser citas semanales a quincenales y ahora ya mensuales. Eso sí, cuando nos veíamos era como si hubiésemos estado juntas hace apenas cinco minutos. Es lo que tiene la amistad cuando es verdadera. Entre gin tonics y copas de vino, ocultas tras gafas de sol grandes y de colores, diseccionábamos la vida (y los hombres). Creo que con los años nos íbamos a convertir en una especie de Golden Girls a la madrileña. Yo ya he dejado claro que si esto sucede me pido Blanche. Nos interrumpíamos, nos quitábamos la palabra, nos metíamos las unas con las otras…Yo las miraba discretamente porque sabía que, tarde o temprano, me iba a tocar a mí. Cosa que exactamente sucedió a la tercera ronda.

-“Bien y lo tuyo con Mateo va en serio?”, inquirió María.

-“Definamos serio”, contesté yo.

-“Que si tiene futuro…, pesada, sabes lo que quiero decir, te veo bien, serena”

-“Nos va bien, estamos a gusto y no me planteo nada más. Creo que el que realmente está preocupado es Tarzán, cada día tiene más celos de Sebastian”.

-“¿Te pregunto por tu relación y me contestas dándome detalles de tu perro?, a ver qué problema tienes”.

-“No, en serio, todo va bien. Por primera vez, en muchos años, estoy tranquila y me estoy dejando llevar, como en las rebajas”.

En realidad, no quería entrar en muchos detalles. Pero empezaba a ser consciente de determinados comportamientos extraños, por inusuales, en mí. Por ejemplo,  había empezado a dormir de un tirón por las noches. Normalmente, me suelo despertar dos o tres veces. Ya no me comparaba un par de zapatos a la semana (esto me lo suelen recordar en algunas tiendas con cierto resquemor) y, lo más grave, es que el otro día ¡se me olvidó ponerme rímel antes de salir de casa! No me sucedía desde los quince años. ¿Es esto lo que significa estar en una relación? ¿Relajarte, dormir tranquila, que tus pestañas parezcan más pequeñas? No lo tengo muy claro, porque nunca he estado en una relación así. ¿Sería el efecto Mateo? Estaba por patentar una tila con su nombre, algo así como “ponga un Mateo en su vida”. El pasado fin de semana fue la prueba de fuego. El domingo por la mañana no puse el despertador cinco minutos antes de despertarnos , ni salté corriendo al baño para lavarme los dientes, la cara, peinarme y camuflarme las ojeras. En su lugar, lo apagué y seguí durmiendo mientras con el dedo gordo del pie comprobaba que él seguía allí dentro.  Estos son los detalles que no conté. Probablemente, se hubiesen reído de mí. Con lo que yo he sido. Claro que tuve mi escarmiento con Tarzán que, mientras observa todos estos cambios, me mira con cara de lástima. Yo le amenazo con no darle de comer y él me gruñe. En el fondo sé que me quiere.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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