Bendita rutina

Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero sí: ¡bendita rutina! cuánto necesitaba volver ya a mis horarios, a mis agobios, a mis cotidianas depresiones, a apuntarme al gimnasio por décimo año consecutivo, a empezar de nuevo la dieta, a retomar las clases de inglés, a llenarme de planes y de buenas intenciones, aunque la mayoría de ellas fallezcan antes de llegar las Navidades. Sí, bendita rutina que nos sitúa, nos invade, nos envuelve y nos arrastra a todo aquello que tenemos que hacer para…bueno, no sé muy bien para qué, pero, seamos sinceros, todos necesitamos la rutina. Aunque en la calle sigue haciendo casi treinta grados, los escaparates, las revistas y los anuncios nos recuerdan que apenas queda un mes para el otoño. Por eso, aunque siga con al aire acondicionado y mis ahorros sean cuartomenguantes he dedicado alguna que otra hora, vale lo reconozco la mayoría de las tardes de estos últimos días, a empezar a renovar mi armario. Lo peor no es comprar prendas de lana, lo peor es ponértelas sólo porque son nuevas y te parecen más bonitas que todo lo que tienes en tu armario, aunque la gente siga yendo en tirantes y en pantalones de pijama a la calle. Ande yo caliente y ríase la gente, que diría D. Luis de Góngora y nunca mejor dicho. Y eso hice yo el pasado sábado, ponerme una cazadora espectacular recién adquirida, más bien abrigadita, para qué nos vamos a engañar. Era maravillosa y no tardó en llamar la atención del público de una terraza que no paraba de mirarme. Es lo que tiene el buen gusto que, vayas donde vayas, todo el mundo sabe reconocerlo. O al menos eso pensé hasta que al levantarme al lavabo que, cómo no, estaba al fondo a la derecha, oí un comentario malicioso que provenía de alguna de las mesas: “¿si se pone eso ahora, qué se pondrá en diciembre?”  Bien, además de desear ser sorda en momentos como este y de no poder evitar echar una mirada maliciosa a aquella voz que pretendía amargarme la noche, el comentario me dio qué pensar. Probablemente tengan razón. Quizá en pleno mes de diciembre, cansada ya de la dieta, del gimnasio, de mis clases de inglés y con unas ganas inmensas de que vuelva a llegar de nuevo el verano, lo único que quiera ponerme sean camisetas de tirantes y vestidos sin medias, pero qué más da. Una cosa no va a evitar la otra. Y quién sabe, quizá en diciembre ya no tenga gracia estrenar la cazadora. Adelantarse a los acontecimientos también es una manera de disfrutarlos. Por lo menos para mí. Así que, a pesar de los treinta grados decidí continuar con mi preciosa cazadora durante toda la noche, enseñándola a todo aquel que quiso mirarla o criticarla, por qué ya lo dijo Góngora o también de otra manera nuestra querida Alaska (“A quién le importa lo qué yo haga). Por cierto, me he apuntado a Chi Kung, ¡este año promete!

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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