Calor

Voy a decir algo que probablemente no habéis escuchado mucho en las últimas semanas. Aún a riesgo de parecer una outsider. ¡Qué calor hace! Alguien se ha dejado la puerta del horno abierta o de toda la panadería. Lo podría llevar mejor si estuviera de vacaciones en algún exótico lugar que, siendo optimista, nunca visitaré. Pero no es el caso. Estoy en Madrid, que me encanta, pero no con este calor. Harta de quejarme decidí ir a pasar el día a la piscina. Lo más parecido- y a falta de que acondicionen el Manzanares- a una playa que tenemos en la capital. Estaba concentrada escuchando música veraniega en mi teléfono, con mis gafas XXL y a punto de conciliar un sueño reparador, cuando una pelota sobrevenida me asestó un fuerte golpe en el estómago. Mi inmediata reacción fue soltar un exabrupto. Vamos, un taco tan grande totalmente impropio, seamos sinceros, de alguien que se puede llegar a gastar medio salario en unos zapatos. Pensaba que ya había cubierto el cupo de humillaciones por un día, pero no, aún quedaba la mayor por venir.

Un mocoso rubiacho vino a recuperar su balón y me dijo:

-Perdone señora, se me ha escapado.

¡Señora, señora, señora! increíble. Estaba a punto de contestarle hasta que fui capaz de volver en mí  misma y pensar que en un crío de ocho años todo lo que supere los quince son personas mayores. Aún recuerdo cuando yo me veía a mí misma con dieciocho años y la vida resuelta. Y mira, he llegado a los treintaytantos y aún no sé qué hacer cuándo sea mayor. Bueno, no le contesté por eso y porque vi a un chico-señor cachas que se acercaba a disculparse justo detrás. Esa fue mi primera reacción. La segunda fue meter tripa.

-Lo siento, ¿Se encuentra bien?

-Sí, sí gracias, no ha sido nada.

-Es que mi hijo aún no tiene bien cogida la técnica, ¿Seguro que se encuentra bien?

Estuve a punto de decirle que mejor que hace tres minutos. Era guapo, atractivo, un cuerpo de cine y encima atento. Volví a meter más la tripa.

-No se preocupe, no es nada, de verdad. Además, está muy bien educado, me ha pedido perdón de inmediato.

-Sí, gracias, bueno lo intento… hasta luego.

Me volví a tumbar en la toalla, oculta en mis gafas de sol XXL y deseando que se le volviera  a escapar un balón. Analicé sus escasas palabras una a una. Había dicho “lo intento”, no “lo intentamos” en referencia a su madre y a él. Seguí inmersa en mi cuento de la lechera hasta que me di cuenta de que ya no estaban. Transcurridas dos horas había perdido toda esperanza de volvérmelos a encontrar. Fui a consolar mi pérdida con un polo bien frío, cuando allí estaban de nuevo.

-¿Qué tal tu estómago?, y yo volví a meter tripa. Este método empezaba a funcionar mejor que los electroestimuladores.

-Ya bien, gracias.

-Deja que te compensemos, ¿qué helado quieres?

Me hubiera gustado responderle que con su teléfono me daba por satisfecha, pero me parecía precipitado, así que dije: un magnum.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Calor

  1. Maite dijo:

    jajaja

    Sí que hace calor sí ;)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current day month ye@r *