El Marsala y los parecidos razonables

Es oficial. Marsala es el color de este 2015. No lo digo yo, lo dice Pantone que se ha inspirado en esta región italiana para coronar el marrónrojizo de toda la vida como el más representativo para los próximos doce meses. Particularmente, el color me encanta porque me recuerda al vino de esta región y a unos zapatos que rescataré de mi armario para la ocasión. Traté de explicarle esta tonalidad a Juan con pésimos resultados. El problema es que muchas veces le trato como a una más, sin darme cuenta de que la mayor parte del género masculino no está preparado para distinguir determinada paleta de colores. Les sacas de los colores del parchís y se pierden. Según él, a nosotras nos pasa lo mismo con los deportes y, muy especialmente, con el fútbol. Nada más allá de la realidad. Siempre he sabido lo que era un fuera de juego, aunque he de confesar que tengo ciertas dificultades para distinguir a los jugadores dentro del campo. Sinceramente, todos me parecen iguales. Son como los muñecos del futbolín de mi bar favorito. Además, tengo una opinión muy clara respecto a los uniformes de los futbolistas. Aún no entiendo cómo pueden ser imágenes de marcas deportivas cuando llevan calcetines blancos hasta arriba, pantalones anchos y cortos y una camiseta que ni en los ochenta. Habría que darle una buena vuelta a su uniforme de trabajo. Ahí lo dejo.

Al día siguiente, Juan decidió ir a la peluquería a cortarse el pelo. Yo, emocionada, como si se tratase de mi propio cabello, le dije:

-¿Y cómo te lo vas a cortar?, ¿A lo Brad Pitt o a lo Zidane?

-Me lo voy a cortar, corto, como siempre.

No daba crédito. Así, sin más. “Corto”. Para mí ir a cortarme el pelo supone semanas de estudio acerca de qué corte me quedaría mejor. Y me consta que no soy sólo yo. Este tema ocupa una gran parte del tiempo femenino. Lo demuestran las miles de páginas especializadas que existen en internet. Hay algunas en las que puedes insertar tu cara a determinados peinados y estilismos para hacerte una idea de cómo quedaría tu cara. La energía que las mujeres gastamos en pensar cuál es nuestro corte favorito es inversamente proporcional al que las peluqueras invierten en ejecutarlo. Tú llegas tan contenta con tu foto de Angelina Jolie o de Jennifer Aniston y le dices: “Quiero este pelo, ¿Crees que me quedará bien?” Ella, probablemente pensará “Si te cambias de cara, quizá sí”, pero no lo dice. Es más, sin piedad ninguna y mirando el reloj, te responde: Sí, sí. Y en menos de quince minutos, ahí tienes tu nuevo corte de pelo. Por supuesto, no se parece en nada al de la foto. Tú rostro se parece más al de Cher que al de Angelina Jolie y tiene más de un parecido razonable al de Phoebe que al de Rachel de Friends. Así que cuando Juan me dijo que “corto”, me vine un poco abajo. Quizá era hora de empezar a aprender de los tíos en vez de criticarlos tanto. Este pensamiento apenas me duró diez minutos. Hasta que Juan volvió a casa y le vi la cara. Estaba como si hubiera perdido un partido o le hubieran robado la cartera. O ambas cosas.

-¿Qué te pasa?

-Nada.

Cinco “nadas” después confesó. Su corte de pelo le parecía horrible, a pesar de que al peluquero le había dado indicaciones precisas acerca de lo que quería. “Me voy a duchar para quitarme este peinado”, sentenció. Al final, va a resultar que no somos tan distintos. Ya sólo les falta distinguir los colores.

 

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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