Escapada sí, romántica…

Hay ciertas frases o palabras que tienen un significado que va mucho más allá del aparente. Por ejemplo. El otro día estaba en el comedor con Juan y le dije: “Parece que hace frío, ¿no?”. Inmediatamente él se levantó y fue a subir la calefacción. No hizo falta decir nada más. También puede suceder con una misma. Por ejemplo, cuando me digo “necesito un cambio” y, al segundo, estoy pidiendo cita en la peluquería. En realidad, necesitas un cambio más profundo, pero siempre y particularmente en el caso de las mujeres, los hombres lo tiene más complicado con su alopecia, se empieza por el pelo. 

Y hay otras frases que siendo en apariencia muy sencillas tienen acepciones totalmente diferentes para las personas. El pasado fin de semana estuvimos de escapada romántica, versión Juan. Yo esperaba un fin de semana juntos, en un hotel con encanto, solos, sin nada que perturbara nuestra mutua visión. Sin embargo, él optó por ir de fin de semana a Albacete. Vaya por delante que estoy segura de que en Albacete hay muchos rincones románticos por descubrir. El problema fue que Juan no encontró ninguno. Tampoco escogió Albacete al azar. Lo eligió porque tenía un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía y así, me dijo, aprovechaba el viaje. Bien, si todo esto me lo hubiera contado antes de salir, habría saltado por la ventanilla del coche sin pensarlo. Pero él dijo que quería darme una sorpresa. Y vaya si me la llevé. Nada más llegar su amigo Simón nos esperaba en la puerta del hotel para hacernos su particular ruta turística que consistía en visitar todos los bares. Deberían dedicarle una plaza o ponerle una calle a su nombre. La broma se alargó durante todo el día y esta vez Juan no pareció captar la sutileza de las ochentaysiete veces que dije estoy cansada.

A las once, Simón se dio por vencido y nos dejó en la puerta del hotel. En el ascensor y delante de una señora con cara de pocos amigos, le dije:

-¿Tú, exactamente, qué entiendes por escapada romántica?

-Vaya, ¿no me digas que no te ha gustado el día?, pensaba que te iba a encantar, respondió mientras  se hacía el interesante.

-No me hace gracia. Tu amigo Simón es muy simpático pero podía haber vivido perfectamente sin conocerle. De hecho hay mucha gente a la que no conozco y soy feliz.

La señora nos observaba tras sus cristales redondos y empezó a carraspear. Estaba a punto de decir algo, pero afortunadamente el ascensor se abrió y los dos pudimos salir y seguir discutiendo en el pasillo.

Yo le exponía a Juan mis razones y él sólo asentía. Le dije de todo en los treinta segundos que tardamos en llegar a la habitación. Transcribo aquí, literalmente, alguna de mis  históricas frases:  “esta relación se esta muriendo antes de empezar, no tiene magia, no puedes ser tan bobo y pensar que una escapada romántica consista en irnos de bares en Albacete, que como todo el mundo sabe es la capital romántica por excelencia. Por cierto, ¿no habrás confundido románico con romántico?, pero claro, entonces me hubieras llevado a Palencia”.

De repente, abrió la puerta de la habitación. Estaba llena de velas y una música de jazz inundaba el ambiente. Había vino, champán y una mesa repleta de alimentos.

¿Esto lo compensa?, me dijo. Yo, para no tragarme mi orgullo porque podría atragantarme, contesté: Eso te lo diré mañana.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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