El día que (casi) fui lesbiana

Se abre el telón. Se ve a una mujer con un tipazo espectacular, vestida con un bikini precioso, de los que nunca se encuentran en las rebajas. Está tumbada sobre una cómoda hamaca de playa, bajo la sombra de una palmera y acariciada por la brisa del mar. De repente, un hombre que se parece a James Bond, pero no al último, sino al de verdad, se asoma justo por encima de la mujer, ofreciéndole un gin tonic, mientras le besa suavemente en los labios. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película? El verano que nunca existió. Sí, en efecto. Así me había imaginado yo mi verano, lleno de momentos con un hombre que, al parecer, sólo existe en mi imaginación.  La mujer de esta fantasía es también sólo fruto de mi mente, pero eso no es lo importante. Lo fundamental aquí es que mi verano hubiera podido ser una película de Bond, James Bond  y se había convertido en una de Jones, Bridget Jones.

Los primeros días deambulé sin rumbo fijo por un Madrid desierto, comprando cosas innecesarias fruto de mi depresión. Sí, ser una mujer firme y moderna tiene un precio, que se lo digan a mi tarjeta de crédito. Pasados unos días, me encontré con la fuerza suficiente para levantarme del sofá, mirar de frente a la chica del espejo y decir en voz alta: viva el plan B, (ó C, D, E,  el abecedario español tiene 27 letras) para este verano.

Mi amiga Sandra me había ofrecido su casa, con sus niños y su estupendo marido, (sí, a su marido también) en la costa del Sol. Se lo agradecí mucho y acepté su invitación, pero dado mi estado de ánimo, bastante lamentable, previamente era necesario pasar unos días en soledad antes de volver a estar en condiciones de relacionarme con el resto de la humanidad.

Así que busqué en ofertas de última hora y allí me planté. No diré el nombre porque no quiero hacer publicidad (y sobre todo porque ese sitio es míoooo) Era un pueblo costero precioso donde llegué dispuesta a disfrutar de unos días de asueto estupendos, dejándome acariciar por los rayos del sol y con una compañía inmejorable: mis libros, lo que surja y yo.

Encontré un pequeño hotel con encanto, donde llegué ilusionadísima, con mis expectativas disparadas sobre todo lo que podría encontrar allí: hombres guapos, interesantes, considerados, que se enamorarían de mí nada más verme con mi nuevo trikini. Lo bueno de la imaginación es que te proporciona unas dosis de felicidad inenarrable. Lo malo, que es inversamente proporcional a la cruda realidad.

Mi pequeño hotel con encanto, donde esperaba tener una entrada triunfal, siendo agasajada por un equipo de waterpolo, que casualmente estaban allí concentrados, era en realidad un hotel gay friendly, donde estaban todas, repito todas, las parejas gay de España y del extranjero. Nada en contra, bueno sí, que si de normal ya era difícil ser heterosexual y single, el nuevo nombre para las solteras, en un hotel repleto de homosexuales, sería misión imposible. O no.

En la orilla de la piscina, sólo veía arrumacos por aquí, arrumacos por allí, y no es que moleste, es que es asquerosamente insoportable cuando acabas de pasar por una decepción amorosa. Dicho esto, tengo que reconocer que mis compañeros de hotel eran muy amables. Sobre todo ellas. Sensibles, atentas, detallistas, guapas. Compartíamos las mismas preocupaciones, a saber: la paz mundial, la corrupción política, la pérdida de calidad de vida, el difícil acceso de las mujeres al mercado laboral, pero, sobre todo, la celulitis, los kilos de más, cómo soportar los tacones en una tarde de shopping. Un atardecer mientas disfrutábamos de un buen gin tonic en la terraza del hotel, me di cuenta: ¡Ellas eran todo lo que yo quería de un hombre, pero mejor, porque podríamos compartir los zapatos!

Aquella noche salimos de fiesta a una discoteca del pueblecito. Hacía muchos meses que no me sentía tan bien, tan aceptada, tan comprendida, tan orgullosa. Bailábamos y reíamos sin parar. Cristina y yo estábamos en la barra, riéndonos de no se qué tontería cuando de repente me besó. Fue un beso largo, húmedo y con sabor a ginebra. Fue un buen beso, uno de los mejores que me han dado en mi vida.

Me quedé perpleja y entonces lo ví claro. La solución  a mi futuro estaba delante de mí: los días de citas imposibles se acabaron. Embriagada por el calor del verano, decidí lanzarme y esta vez fui yo la que la besé. Tengo que confesar que esta era la segunda vez que era lesbiana en mi vida. La primera fui en el colegio, jugando a beso, verdad o atrevimiento, pero decidí que lo que pasó en mi vida antes de los doce años no contaba. Es más, decidí que lo que pasó en mi vida después de los doce tampoco contaba.

Sin embargo, no sentí nada. Nada. Ella se dio cuenta enseguida. Sin duda, mi cara de: “estoy descolocada y, al parecer, muy perdida en la vida”, ayudó.

Acostumbrada como estoy a los hombres, me esperaba lo peor. Mis días de pseudolesbiana se habían acabado y tendría que huir para no encontrarme con ella por las esquinas. Ahora me diría aquello de “bueno ya te  llamaré, si eso hablamos, perdona tengo que irme, no eres tú soy yo, uy se me ha caído la copa, voy al baño, me gustas pero como amiga, si eso ya nos vemos por ahí”…

Sin embargo, Cristina tuvo la inteligencia de comprender mi silencio, la sabiduría de respetarlo y el detalle de coger mi mano, llevarme de nuevo a la pista de baile y continuar la noche como si nada hubiera pasado. ¡Mujer tenías que ser!

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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7 respuestas a El día que (casi) fui lesbiana

  1. Emma M. dijo:

    Hola.

    He llegado aquí por pura casualidad (las alertas de Google son lo que tienen, que te llevan por los derroteros googlelianos más inesperados) y simplemente te quería decir que me ha encantado la entrada. Me has hecho reír como nunca y te he comprendido tanto -o más- que Cristina y las otras chicas que te acompañaron en esa escapada. Solo que a mí me pasa al revés, claro. Si me besara un chico, sería yo la que no sentiría nada.

    Y eso, que da gusto leer cosas así, de las que te arrancan una sonrisa, no solo por el contenido -que también-, sino porque además me gusta cómo escribes y, encima, lo has hecho con todo el cariño y respeto del mundo. Por eso, gracias.

    Un abrazo de una lesbiana a una “casi” lesbiana ;)

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Emma!
      ¡Bienvenida! Muchas gracias, me ha encantado que lo leyeras y te agradezco mucho que me hayas dejado el comentario. Me anima mucho a continuar. Aprovecho para decirte que me encanta tu blog y que lo recomiendo desde aquí: hayunalesbianaenmisopa.wordpress.com
      Un abrazo de una “casi lesbiana”
      Lía

  2. Tamara dijo:

    Lía!!!!! bienvenida!!! te hemos echado de menos…. espero que hayas conseguido relajarte, despejar la mente y estés preparada para todo :)
    Me alegro de que decidieras irte y disfrutar del solecito, todas necesitamos un descanso de esos, y ya tienes otra experiencia nueva con la que deleitarnos, si es que eres única neni, me he echado unas buenas risas con el post! a mi también me besó una chica hace tiempo y también fue de los mejores de mi vida… será porque sabemos como darlos! lástima que los hombres nos gusten demasiado… qué le vamos a hacer.. algún día aparecerá nuestro príncipe (si es que existen…. ) pero mientras tanto, disfrutemos besando sapos. Muuuak! besitos.

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Tamara!
      ¿qué tal la vacaciones? muchas gracias, sí ya estamos casi de vuelta. Espero que tú también lo hayas pasado genial!
      Me encanta lo de mientras tanto “disfrutemos besando sapos”. Es muy bueno!
      Un abrazo fuerte!
      Lía

  3. Anónimo dijo:

    Genial… :)

  4. Nenn dijo:

    En primer lugar deseo de verdad y con vehemencia me lean las encargadas de este post y es que sucede que me ha pasado casi igual a lo narrado y he dado vueltas y vueltas la cabeza del por qué, es más no entendía hasta que lei su narracion que a algunas mujeres les sucede lo mismo y es que al besarme una mujer no senti nada extranormal y me sucedio precisamente despues de un año de depresion a causa de una perdida amorosa que me dije “bah! que más da” pero sucede que me siguen encantando los hombres pero ella tiene una manera de entenderme tan genial que wow!! y no me veo como lesbiana en lo absoluto… hasta me gustaría alguna opinion suya.. me encantaria saberla… de antemano muchas gracias a ustedes

    • Cecilia G. dijo:

      Bienvenida Nenn!
      muchas gracias por compartirlo. Si te sirve de algo mi opinión, espero que sí, yo creo que nos enamoramos de las personas independientemente del género que tengan. Pero lo importante siempre siempre es cómo te sientas tú.
      Un abrazo
      Lía

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