Cosas que hacemos por amor (II parte)

El lunes ya me había recuperado del mareo del barco, pero aún no había logrado reponerme de lo que sucedió después. Me di cuenta al llegar a casa, justo cuando acababa de deshacer la maleta. Haciendo un repaso de inventario, me di cuenta de que tengo móvil, tablet, home cinema, dvd, y celulitis. Sí, celulitis. Menos mal que no fui consciente de esta nueva pertenencia hasta que me metí en la ducha porque hubiera sido capaz de estropearme el día con Jairo. Hablando de Jairo. El lunes me había sorprendido. Quedamos a tomar algo en el Café Oliver, y entre la secuencia aceituna-  aceituna-gin tonic-aceituna-aceituna, me soltó así, a sangre fría, que me fuera con él a pasar las vacaciones a Canarias. Lo dijo tan natural, como si fuera lo más normal del mundo, como si no le costara nada.  Mi primera reacción fue: ¿Y ahora qué hago con la celulitis? no había tiempo material para exterminarla antes de volver a ponerme en bañador. Mi segundo pensamiento fue un sí, quiero, y reprimí las ganas de ponerme a saltar y a bailar delante de él. Eso ya lo hice en casa un par de horas más tarde. Delante de él, lección aprendida, me hice la dura.

-Es una propuesta tentadora, me lo pensaré.

-Pues dímelo antes del viernes, porque tengo que sacar los billetes. Me encantaría que vinieras pero es tu decisión.

Eso es lo que más me molestaba y a la vez más me atraía de Jairo. Sabía como atraerme hacia él.

Lo cierto es que no había mucho que pensar. Yo quería ir, me moría de ganas por ir. Tenía vacaciones, así que por tiempo libre no había objeción. Ese mismo viernes cogía los días. Por otro lado, al problema de la celulitis ya le había empezado a poner un remedio infalible, con resultados profesionales y garantizados. Mi compañera de trabajo me había dado una receta casera que pertenecía a la abuela de la amiga, de la amiga, de mi amiga, que consiguió, en una semana, quedarse sin celulitis. Tuve que mezclar varios ungüentos de herbolario y el resultado era una masa verde con un olor tan infecto, que estaba convencida de que acabaría no sólo con mi celulitis, sino también con mis vías respiratorias. Sí, todo lo que se hace por amor.

El martes traté de quedar con Jairo para planificar todos los detalles del viaje, pero finalmente los acabé planificando con su secretaria y con su contestador. El miércoles al fin me devolvió las llamadas. Había sacado los billetes y estaba muy ilusionado con el viaje. No paraba de hablar de las playas a las que íbamos a ir, mientras yo me miraba las piernas cubiertas con dos fangos verdes al mismo tiempo que aspiraba el aroma de granos de café para tratar de recuperar mi olfato.

El jueves quedamos a cenar en El Mercado de la Reina. Me embadurné bien de colonias y cremas de mil olores para disimular las mascarillas de fango verde que llevaba poniéndome todas las noches. Menos mal que no notó ese olor, pero casi se marea debido al conjunto de aromas que llevaba en el cuerpo.

“Vaya, ¿has cambiado de colonia?”, dijo

“No, es un repelente antimosquitos por si te pasas de la raya”, recurrí al sarcasmo para salir del paso.

Me pase media cena hablándole de todo lo que podríamos hacer en las vacaciones, dándole las gracias por ofrecerme este viaje, demostrándole lo ilusionada que estaba.

Él, me dejó hablar como una idiota, hasta que me dijo:

-Lía, hay un pequeño problema, pero no tiene porqué cambiar en nada nuestros planes.

-¿Qué pasa?, dije, mientras repasaba con la lengua que no tuviera ningún resto de lechuga entre los dientes, y con la servilleta limpiaba mi boca.

-Isabel se viene con nosotros la primera semana. Mira, ya sé que no es lo que habíamos planeado, pero está sola, acaba de salir de una ruptura y necesita compañía. Estará sólo algunos días, te lo prometo, el resto del tiempo será para nosotros.

Isabel era la ex, la monitora de esquí, y al parecer ahora también la obra de caridad de Jairo.

Estaba tan impactada por la noticia que apenas pude pronunciar una palabra más en toda la noche. Dejé que siguiera hablando, justificándose, mientras yo perdía el apetito y las ganas de hablar. Sólo quería volver a casa, a ponerme mis algas verdes, a cuyo olor ya me había acostumbrado, y dormir.

Al día siguiente, desperté con un fuerte dolor de cabeza. Podía achacarlo al olor de la mascarilla anticelulitis, pero la cruda realidad era que estaba de nuevo en el punto de partida con alguien al que me empeñaba en no querer aceptar tal y como era. Al que una y otra vez trataba de cambiar. Meses atrás hubiera quitado hierro al asunto, y me hubiera marchado con Jairo de vacaciones. Lo hubiera hecho por amor.

Pero esta vez, este viernes de verano, dije no. Llamé a Jairo y le dije que me había surgido un contratiempo familiar y que no le acompañaría. Le deseaba un feliz verano (esto lo dije con los dedos cruzados).

Él apenas pudo soltar una palabra. Creo que no se lo esperaba o quizá sí. En cualquier caso, la decisión era la correcta, aunque doliera porque en la vida hacemos muchas cosas por amor, sí, pero muy pocas por amor hacia nosotros mismos. Ya iba siendo  hora de empezar a cambiar la historia.

 PD: el blog de Cecilia G. se despide hasta el próximo lunes 26 de agosto. ¡Os deseo que paséis un feliz verano y espero encontraros ahí a la vuelta!

 

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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2 respuestas a Cosas que hacemos por amor (II parte)

  1. AUXI dijo:

    Hola Lía!!
    Ya por fin de vacaciones!! Qué bien!!
    Ayyy, me has dejado un nudito en el estómago… desde luego que no te puedes hacer ilusiones con el tipo éste… cuando crees que se está enmendando, de nuevo la caga irremediablemente (con perdón, jejeje).
    Bueno solo te deseo que disfrutes de estos dias de verano y que vengas con ilusiones renovadas y con más historias de esas que nos gustan tanto!!
    Yo por mi parte, estaré cada lunes delante del ordenador para leerte.
    Un beso muy grande ;)

    • Lía dijo:

      Gracias Auxi por estar ahí y por el apoyo! Espero que hayas tenido unas buenas vacaciones!! Las mías no han estado nada mal, ya os iré contando
      Un abrazo
      Lía

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