Zapatos

El sábado pasado decidí echarme a la calle. No, no me refiero a la mala vida, sino a huir de la oscuridad de mi casa hacia la luz. Aunque más bien, tendría que decir hacia las tinieblas porque este invierno que se ha instalado en Madrid parece no tener fin. Tenía que aclararme sobre todo lo sucedido esta semana. ¿La boda de Magdalena de Suecia, que PP y PSOE por fin fueran a alcanzar un pacto, la revisión de las pensiones, cómo pagar menos a Hacienda? No. Tenía que aclararme sobre la reaparición estelar de Jairo en la obra de mi vida y el papel que le quería dar. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, de profundo enfado porque apareciese siempre una y otra vez, a estropearme cualquier nuevo comienzo. Por otro, de emoción. Pasaban los meses y casi los años, pero él seguía teniendo el mismo efecto en mí. Esta última frase me ha quedado como una canción de Los Panchos.

Sólo había una cosa que podía hacerme olvidar estos sentimientos: una buena comida y una tarde de compras. Así que ahí estaba yo, comiendo en Petit Apettit, mientras trataba de buscar una solución al embrollo donde me había vuelto metida de nuevo. Mientras agotaba mi copa de vino y el foie, me planteaba, realmente en serio, si necesitaba terapia para superar esta relación. No me refiero a la de Jairo, aunque también, sino a la mía con el vino y a las compras. Quizá sí pero yo siempre suelo hacer caso a las madres, siempre que me conviene quiero decir: No hay nada mejor para olvidar un problema que centrarte en otro problema. O dicho por el refranero popular: un clavo saca a otro clavo. Mientras degustaba el foie y la ensalada, pasaba las páginas de las revistas de moda, deseando toda aquella ropa y complementos que nunca tendría, no sólo por el dinero, sino por un problema físico, que tenía que ver, sobre todo, con el espacio (el que ocupa la ropa) y el tiempo (no me daría la vida para ponerme todo lo que tengo). Me detuve en las páginas centrales de la revista, en un reportaje sobre gafas de sol. Y ahí me di cuenta. Quizá el problema de mis relaciones era mi modo de enfocarlas. Especialmente en lo referente a mi relación con Jairo. Creo que siempre había girado sobre lo que él quería, él necesitaba. Él marcaba los tiempos, los gustos, los espacios. Si decidía volver a abrir esa puerta, las reglas tenía que empezar a ponerlas yo y si no, mejor que volviera a ponerle el pestillo porque las relaciones, especialmente con Jairo, o son equilibradas o no son. No sabía lo que iba a pasar, quizá no pasaría de un intercambio de mensajes, quizá sí.

Estaba a punto de escribir un mensaje a Jairo para vernos esa tarde cuando me distraje con unos zapatos estupendos en las páginas de la revista. Eran maravillosos y había que compartirlos. Así que les hice una foto para enviárselos a mi amiga María, acompañado del siguiente texto que leí una vez en internet: los únicos que tienen derecho a dañar a una mujer son los tacones. Pero, no sé cómo, se lo acabé enviando a Jairo. Cuando me dí cuenta del error ya era demasiado tarde. La frase e intuyo que la imagen desbordó el despliegue de argumentos de un tipo como Jairo. En menos de tres minutos, tenía más de 30 mensajes. De todo tipo.
Para resumir, me quedo con los tres que más me gustaron: Nunca quise hacerte daño. No fui consciente. Me encantaría verte, mucho…y que sólo lleves esos zapatos puestos.

Mi pensamiento inmediato fue: ¡y a mí también!, pero no a verle, aunque un poco sí, sino a verme a mí con unos zapatos de más de 500 euros.

Después de tres grandes sorbos de vino, reflexioné sobre lo que acababa de ocurrir. Vamos a ver. Casi una semana entera meditando sobre la posible respuesta que podía escribir a Jairo, sobre sus inmediatas consecuencias, sobre lo que yo le diría, lo que él me diría a mí, lo que nos diríamos los dos y las miles de acciones que seguirían a eso, para que en menos de un segundo todo estallara por los aires. Sin embargo, por una vez mi torpeza se había visto suficientemente recompensada: Una simple foto, una simple equivocación y ahí estaba, lo que llevaba meses esperando: una disculpa de Jairo y una petición para volver a empezar.

PD: Esta semana hemos tenido un problema con los blogs, sentimos mucho las molestias que os haya podido causar este imprevisto. Cecilia G. os espera como cada lunes en tiempodehoy.com

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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