Economía del lenguaje

Este fin de semana he hecho un gran descubierto. ¿La solución definitiva para que no se hagan carreras en las medias?, ¿El método infalible para que no se corra el eyeliner o el rímel?, ¿cómo perder peso sin pasar hambre? No

He descubierto que Héctor es también portador de ese gen masculino que impide a cualquier varón de más de treinta años expresar sus pensamientos siempre que éstos estén relacionados con los verbos: sentir, gustar, amar, querer.

Sí, Héctor no era el primer caso con el que me encontraba en la vida, anteriormente fue Jairo y un sinfín de otros de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué será que a los tíos les cuesta tanto hablar de lo que sienten, quieren, padecen, etc.? Es cierto que tengo  amigas a las que también les pasa, pero, en general, les suele pasar más a ellos y, en particular, cuando salen conmigo.

La otra noche paseando de la mano por Madrid con Héctor, bajo una luna llena inmensa, se me escapó un: me gustas. No es lo mismo que un “te quiero”, estamos en un estadio bastante inferior, pero una vez dicho, la parte contratante tiene que corresponderte. O al menos a mí es lo que me hubiera gustado. En vez de eso, obtuve un: ¿Vamos a tomar algo a una terracita? Como si en la terracita fuera  a encontrar la respuesta perfecta a mi pregunta. Yo la busqué debajo de las servilletas, de la caña, de los palillos, del cenicero, pero nada, no apareció.

Un poco molesta por la reacción de Héctor, cuando aquella noche propuso ir a su casa, alegué una excusa infalible y súper original: me duele la cabeza. No os lo vais a creer pero en realidad lo que me sucedía es que estaba enfadada. Se supone que le tenía que gustar porque si no, ¿para qué estaba conmigo? Y la siguiente pregunta era, entonces, ¿por qué no decirlo?

Entre tanta mala leche, además de comprarme tres bolsos por Internet, me acordé de un episodio que le había sucedido a mi amiga Clara con un tipo que le gustaba mucho. Él estaba en estado de relación post-traumática y cualquier cosa que le recordara mínimamente a algo estable (léase quedar más de dos días con la misma tía), se le hacía insoportable. El caso es que en un momento de intimidad, a mi amiga le pasó lo que a mí, se sinceró con un me gustas y él casi sale corriendo de la cama. De hecho no lo hizo porque Clara estaba encima. Ella, que es muy inteligente y madura, ya os he dicho que era mi amiga,  fue capaz de afrontar la situación con una broma y romper el hielo: “tranquilo, que no te estoy pidiendo que seas el padre de mis hijos”.

Así que, si él no movía ficha en los siguientes días, aún no tenía claro cuál era el plazo de prórroga correcto, estaba dispuesta a hacer mía la frase de marras, en cuanto viera la ocasión.

El sábado por la noche, Héctor se deshizo en halagos, qué guapa estás, qué bien te sienta ese vestido, qué bien hueles. Y, mientras soltaba toda esta retahíla, yo pensaba: dime algo que no sepa o que no me hayas dicho ya, por ejemplo “me gustas”, pero él nada, que no pronunciaba las palabras mágicas. Así que mi enfado fue in crescendo, hasta el punto de que cuando propuso ir a su casa, de nuevo le dije que no y parece ser que esta vez sí que cogió la indirecta. Caminamos en silencio, con el bullicio de fondo de los borrachos de Madrid, hasta que llegamos al portal de casa. Me giré para darle un beso en la mejilla y fue entonces cuando lo dijo: oye, tú también me gustas, es obvio, ¿no? Fue un momento mágico si no fuera porque como me había memorizado también la frase de mi amiga Clara, la solté así sin más, en plan chulito, sólo que equivocando algunas palabras: tranquilo, que no te estoy pidiendo que seas el padre de tus hijos.

Él se apartó con mirada de extrañeza y yo no sabía donde meterme. Así que para salir de la situación le invité a subir a casa y no se habló más. Tampoco del tema.

 

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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2 respuestas a Economía del lenguaje

  1. Paula dijo:

    ¿Por qué a ellos les costará tanto decir lo que sienten? En fin.. hombres jajaja! Como cada lunes, una gran entrada :D

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Paula!
      muchas gracias. Aún no lo he descubierto espero poder hacerlo algún día!!
      Un abrazo
      Lía

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