Ley de Murphy

Decía un tal Murphy que si algo puede salir mal, saldrá mal. Yo no tengo nada en contra de este personaje, pero no exagero si afirmo que el mundo no habría perdido nada si no hubiera existido o, al menos, se hubiera quedado calladito. Ahora comprenderéis porqué.
Me estaba costando levantarme de mi último golpe. No me refiero a mi último golpe a la tarjeta de crédito, aunque también, sino a mi último fracaso amoroso que tenía nombre de caballero medieval. No, no era ni Ricardo, ni Merlín. Era Arturo. La costumbre, la falsa seguridad de tener alguien a tu lado a cada paso que das, la comodidad de recostarte siempre en el mismo hombro, la confianza. Todo eso se había esfumado y de vez en cuando lo echaba en falta…

Cuando uno de estos pensamientos acechaba mis neuronas, me ponía a pensar en algo que me proporcionara una ilusión inmediata – y que no fuera la comida, estaba inmersa en mi operación BAR, o ir de compras. Después de eso, sólo me quedaba el vino o pensar en Rafa…No sabía qué iba a pasar a partir de ahora. Él seguía teniendo novia. Y, ¿qué puedes esperar de un tío que tiene novia y flirtea con otra? Claro que yo también lo había hecho. Ufff. Niña mala, niña mala. Decidí no analizar demasiado la situación y dejarme llevar.
Rafa y yo habíamos  quedado a cenar el miércoles, pero por la mañana recibí un mensaje anulando la cita bajo el pretexto de que tenía un imprevisto laboral. Yo no le di demasiada importancia. Pero el jueves no recibí noticias. El viernes tampoco. Esperaba ese anunciado mensaje, llamada, WhatsApp, llamacuelga o cualquiera que fuera el método elegido para contactar conmigo. Miraba ansiosamente el móvil, incluso iba con él al baño, me hacía llamadas desde el fijo al móvil para comprobar si funcionaba. Pero nada. El sábado, mi curiosidad pudo más que mi orgullo, y rebajándome le mandé el siguiente mensaje: “¿Estás vivo? ¿Quieres que nos veamos?”. Su respuesta fue: “Sí, muy liado con el trabajo, ya hablamos”. Y debe de estar realmente ocupado porque no he vuelto a saber de él.
Es increíble. De repente, Rafa había perdido todo el interés. En la búsqueda obsesiva de una explicación, me acordé de una anécdota que me sucedió con un conocido periodista al que sólo le interesaban las mujeres casadas. Y entonces, lo entendí. Ahora que estaba libre, Rafa había perdido todo el interés. Mientras estaba con Arturo era como el Himalaya, no me refiero a muy alta, sino a una  conquista, una competición, un partido de fútbol a ganar. Antes era como Megan Fox, Irina Shayek o Angelina Jolie, no me refiero a rica, sino a irresistiblemente atractiva. Y ahora, sin Arturo, me había convertido en la terremoto de Alcorcón.
Escribo esto sola con mi portátil y una copa de vino, mientras me pregunto: ¿qué les pasa a los tíos?, ¿el problema era yo, que elegía a los equivocados?, ¿pedía demasiado?, ¿dónde estaba la gente normal?, quizá debía empezar a cambiar de ambiente y dejar de conocer gente en los bares para conocerla en otros sitios más serios, más intelectuales, más no sé.

Me acordé entonces  de una frase de Albert Einstein, que decía así: no pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. Así que el domingo me levanté y me fui al Museo del Prado. Ya, ya sé que no es el sitio más típico para conocer gente, pero si no conseguía ligar, al menos obtendría un poco de cultura. O eso creía yo. Lo malo del Prado los domingos es que está tan lleno de guiris, que no sabes muy bien si estás en un Museo o en las Islas Canarias. Después de recorrerme algunas galerías y pelearme con algunos japoneses, alemanes y niños para poder ver algún cuadro famoso, porque a los más desconocidos no se acerca nadie, estaba tan agotada que necesitaba sentarme y reponerme con algún café o similar. Así qué me acerqué a la cafetería del Museo. Sentada en la mesa con un largo café, noté que alguien me miraba. Fijamente o eso creí yo.  Le sonreí porque así a lo lejos parecía guapo. ¡Qué felices somos algunas veces los miopes!  De repente, el tipo se levantó y se acercaba a mí, sonriendo. Empecé a sudar, mientras le sonreía y pensaba qué decir en una ocasión así. Cuando estaba a menos de un metro, me levanté como para saludarle, pero el tipo pasó de largo, con un perdona y se sentó en la mesa de atrás con una pelirroja estupenda.

¡Tierra, trágame! Avergonzada quería salir corriendo de allí y en el camino me llevé un par de sillas, por si no había sido poca la vergüenza anterior.

Los museos me han empezado a parecer, desde entonces, sitios peligrosos. Einstein tenía razón, si haces cosas distintas, las cosas cambian, pero a peor. Y entonces lo entendí todo. Seguro que Einstein era primo de Murphy.

A la salida del Museo, al lado de la estatua de Goya, algo baja de moral, bueno vale, con la moral por los suelos, y la cabeza gacha, me tropecé con algo, mejor dicho. Alguien.

Hola, dijo, ¡qué casualidad!

No, casualidad, no. Es Murphy, dije yo resignada.

Era Héctor.

 

 

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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12 respuestas a Ley de Murphy

  1. Tamara dijo:

    Héctor?? refrescame la memoria…. que no recuerdo a Héctor… yo si te sirve… mi último fracaso amoroso también tiene nombre de caballero medieval…. también he estado dándole vueltas a eso de conocer gente, y dónde… pero yo quiero pensar en que si hacemos algo diferente, será para bien ^_^ ánimo y no le mandes nada más a Rafa, que le den por el ojete!! ¬_¬ muuuuack!

    • Cecilia G. dijo:

      Gracias Támara!! creo que este tipo de gente, algo tóxica, diría yo, no merecen ni un minuto más de nuestro tiempo, no crees??
      Muak maña!

  2. Tamara dijo:

    AAAAH ESE HÉCTOR!! uuuuuh… ^_^

  3. AUXI dijo:

    Ayyy!! Yo también tengo que refrescarme la memoria con Héctor!! jejejeje, pero bueno Lía, hasta en la puerta de los museos se te presentan las ocasiones… :) , sólo espero que te encuentres mucho mejor y mira, hay que seguir hacia delante y aprovechar esas “ocasiones” que te ofrece la vida y dar y darte la oportunidad de conocer a alguien!! Y te digo igual que Tamara: a Rafa mándalo a donde pica el pollo!!! y pasa de él!! Un besote grande!! Esto se pone de nuevo muy interesante… ;)

  4. Ana J dijo:

    Cecilia G., gracias por regalarnos esa chispa que logras destellar en todas esas cosas que te pasan… y gracias por hacer que nuestras pequeñas historias no se sientan solas en nuestro pequeño universo construido con humildes experiencias y con el esfuerzo de nuestra conquista diaria… Logras sacarme siempre una sonrisa (y mi “proud-Ana J” de debajo de la oscuridad, haciendo que me imagine subida sobre unos tacones infinitos hechos de mente, chispa, ilusión y sonrisa)… gracias mil… ¡Mucho ánimo en esta nueva etapa! (creo que Arturo era demasiadoooo (¿controlador??) “madurito” para ti… ¡Un beso!
    PD: Me acuerdo de lo que dijiste una vez sobre dejarse el corazón en casa… -para mí que va a ser eso!- De momento disfruta de Madrid… y de un paseo con Héctor (a ver qué te cuenta!)

    • Cecilia G. dijo:

      Ana J,
      Gracias a vosotras que me días fuerza cada día, tenemos cosas especiales en cada esquina, sólo tenemos que aprender a abrir bien los ojos… Un abrazo!!

  5. Priscila dijo:

    Ay Lía no me gusta para nada ese Rafa, pero quizás te vuelva a buscar en un futuro… esos tipos son así, cuando quieren, donde quieren y una es la hueona que cae … aunque sabemos que estamos cayendo, caemos igual. Pucha, siento nostalgia por Arturo u.u aunque no sé por qué, tengo la intuición de que se volverán a ver… ah! y morí de la risa con lo que te pasó en el museo jajajajaja Saludos Lía desde Chile!! =D y espero tu nuevo post con ansiaas!!

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Priscila,
      Sí yo tampoco lo veía, de hecho no lo he vuelto a ver…mejor para mí, o eso creo ;)
      Gracias por estar ahí cada lunes!
      Un beso!

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