Operación BAR

Se acabaron mis familiares y hogareñas vacaciones de Semana Santa. Había vuelto más descansada, con mejor color y con una nueva adquisición: tres kilos más en mis caderas que, me temo, se iban a convertir en la única compañía estable que iba a tener en los próximos meses.
Tocaba volver a empezar. Y había que comenzar por algún sitio. Yo no tenía más remedio que comenzar con la operación bikini, que, para darle un toque de glamour la había rebautizado como operación BAR. El nombre me animaba por tres razones. En primer lugar, porque como todo el mundo sabe, los bares son sitios en los que uno pasa algunos de los mejores ratos de su vida. En segundo lugar, me recordaba que si seguía comiendo como hasta ahora podría acabar como los Simpsons, no como el pobre Bart, sino como el padre, Hommer. En tercer lugar, y verdadero leiv motiv de mi operación, era Bar Rafaeli, la top model israelí cuyo póster tamaño familiar tengo clavado en la cocina de mi apartamento y en formato mini en el cajón donde guardo el chocolate. Esto sí que era un tratamiento de choque y no lo que ofrecen por ahí.
Lo bueno de no tener pareja es que puedes tener todas las parejas del mundo. Quiero decir, todas tus posibilidades están abiertas. A pesar de que aún no me encontraba al 100% después de lo sucedido con Arturo, me ilusionaba pensar que ahora era libre para quedar con Rafa, con su primo, con mi vecino o con Clive Owen. Con éste último lo tengo un poco más difícil, por el tema del idioma, pero estoy segura de que tarde o temprano, aprenderá español.
Sí. Estos días de vuelta a mis orígenes me habían dado la fuerza suficiente para mirar mi futuro con otra perspectiva. Sabía quién era, más o menos, lo que quería llegar a ser, (recordad que tengo a Bar en mi cocina) y lo que era mejor aún: sabía lo que no quería. Arturo era lo más parecido a una relación estable que había tenido en los últimos años, pero no funcionaba. Quizá no había llegado mi momento, quizá no era la persona adecuada, quizá nos faltó tiempo (voy a parar porque esto se está pareciendo cada vez más a un bolero). Independientemente de las causas, fue bastante doloroso para mí la manera en la que habíamos acabado. Pasé de estar con una persona de manera cotidiana a no verla, ni volver a hablar con ella, en apenas una semana…Estaba resultando más duro de lo que pensaba.
Así que entre las nuevas tareas me impuse una prioritaria: salir y conocer más gente. No estaba para perder mucho el tiempo, en realidad, nadie está para perder mucho el tiempo, sobre todo, porque no sabemos de cuánto disponemos. Era domingo de resurrección así que era la ocasión más propicia para que mi nuevo y recién nacido yo saliese a la calle. Mi amiga María, que es como el comodín del público y de la llamada juntos, quedó conmigo a las nueve en un bar de Malasaña.
Insistió excesivamente en ir allí, a pesar de que a mí me cogía lejos de casa y no tenía intención de regresar muy tarde. En nuestra segunda copa, entendí muy bien el porqué del sitio. En la barra, junto con un grupo de amigos, estaba Rafa. Las vacaciones le habían sentado ¡tan bien! No me pude enfadar con María porque lo había hecho por mi bien, pero no sabía si era lo mejor en ese momento. Como mujer madura que soy, me tapaba con el pelo y me acurrucaba en la silla, para que no nos viera. Pero María levantó la mano, le saludó y le llamó para que se acercara. No sabía si invitarla a otro vino o pegarle un pisotón. Pero no me dio tiempo a ninguna de las dos cosas porque Rafa estaba allí en menos de cinco segundos.
Hablamos de cosas superficiales, qué tal la Semana Santa, que tal el trabajo, bla,bla,bla, hasta que llegó la pregunta del millón:
-¿Qué tal Arturo?
María, que me conoce mejor que yo, se adelantó:
-Arturo ya no está con Lía, la ha dejado.
No sabía si fulminar a María con la mirada o darle mi amor eterno.
-Tampoco hace falta entrar en detalles, alcancé a decir.
-Vaya, no puedo decir que lo siento, dijo Rafa.
-Voy un momento al baño, disimuló María, mientras Rafa ocupaba su sitio. ¡Horror! ¿qué hacer en situaciones así? Me acordé de Sun Tzu y de aquello de que la mejor defensa es un ataque y saqué a la caballería.
-¿Tú qué tal con Paz?
-Bien, como siempre, dijo imperturbable. No te ofendas, pero yo a aquello no le veía futuro.
¡Vaya y encima es adivino! Este chico lo tiene todo. Me dejé llevar.
-¿Ah, no?
-No.  Te llamo y nos vemos un día de estos, se levantó y se despidió dándome un beso. Vaya seguridad tiene algunos en sí mismos, ¿de dónde la sacan, de alguna póliza de Mapfre o similar?
Durante la siguiente media hora María y yo hicimos terapia. Ella mirando a ver si Rafa me miraba y yo preguntándola cada cinco minutos. Al menos nos reímos. De camino a casa, pensaba en que a pesar de todo, soy una mujer muy afortunada. No por Rafa, ni por Arturo, ni por Jairo, sino por María y por todas las Marías que existen en nuestra vida y que de vez en cuando nos prestan su hombro, su mano, o nos dan el pequeño empujoncito que necesitamos para salir adelante. Me estaba reconciliando con el mundo cuando recibí un sms de Rafa para quedar a cenar.
Le he dicho que sí.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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2 respuestas a Operación BAR

  1. María dijo:

    Después de una temporada con mucho lío estoy retomando tus historias. Todavía me quedan unas cuantas por leer y estoy encantada porque me hacen pasar unos momentos estupendos.
    Te animo a que sigas escribiendo
    Besos
    María

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