De dos en dos, de tres en tres

No seáis mal pensados. El título de mi post de esta semana no se refiere a los pares de zapatos que compro al mes. Ni a las copas de vino que me tomo cada fin de semana. Sobre todo, porque si las cuento creo que me decidiría, por fin, a tener un viñedo. Tipo Angela Chaning y, por supuesto, con un Lorenzo Lamas a mi servicio. Pero no, no me refiero ni a las compras, ni a las botellas de vino. Tampoco a los capítulos de series que veo ininterrumpidamente todas las noches cuando trato de matar el insomnio. Ni mucho menos a todas las revistas de moda que compro fielmente cada mes. Ni, por supuesto, a los libros de autoayuda de oferta del Vips, que compro a la una de la mañana cuando llego a casa derrotada. Así que no, no seáis mal pensados.

Me refiero a los hombres. De un tiempo a esta parte sólo conseguía encadenar unos con otros, sin tener muy claro hacía dónde me llevaba esta situación. Ni siquiera me estaba divirtiendo. Bueno, sí, me llevaba a una acumulación innecesaria de testosterona, que, de vez en cuando, se concentraba en mi móvil en forma de Whatsapp.

María me decía que aprovechara la situación y me dejara llevar. Que era una afortunada por tener tanto donde elegir y que la mitad de las chicas me envidiarían por tener la mitad de lo que yo tengo ahora. Espero que no se refiriera a mis deudas que es lo único que tengo seguro. No lograba entenderlo del todo. Comprendo que se envidie mi armario, mi colección de zapatos, mi buen gusto por el vino tinto, pero no entendía qué tenía de bueno estar inmersa en este dúo-trío amoroso en el que me encontraba.

Hagamos un balance de la situación. Por un lado estaba Arturo. Era el chico ideal. Atento, guapo y empresario de éxito (y esto sí que tiene mérito con la que está cayendo). Con un gran pero: era un tanto asfixiante, pero hasta esto podía llegar a tener su punto.

Por otro, estaba Rafa. Un descarado, un vacilón, un chulo encantador. Una cima a escalar, un desafío que saldría mal. Seguro.

Y por último, estaba Jairo. Sí, lo sé, había pasado el tiempo suficiente como para olvidarlo. Pero esto era como aquella vieja canción de Mecano, como las hombreras, los pantalones de campana y los kilos. Siempre vuelven. Jairo seguía ahí, como el fondo de pantalla de mi vida, el hilo musical, el paisaje.

Inmersa en esta vorágine, Arturo estaba empeñado en que teníamos que ir con Rafa y Paz a escuchar jazz al Populart. El sitio me fascinaba, pero después de la chispa que había saltado con Rafa no me apetecía salir todos juntos. Tener a Arturo y a Rafa a la vez era como mezclar el rosa y el rojo. No son colores complementarios por mucho que Ágatha Ruiz de la Prada insista.

 

Así que allí estábamos escuchando jazz, los cuatro, bien juntitos, en un sofá. La situación era tan tensa…bueno, tan tensa para mí, porque Rafa actuaba como si nada pasara, que no pude evitar tomar a grandes tragos dos gin tonics porque esa noche no me bastaría ni con dos, ni con tres copas de vino. Bebí tan deprisa que Arturo me preguntó si había comido algo salado. Yo, que con oler la ginebra ya paso a otro estado, el de embriaguez, le dije: ¡Para salao tú!

A partir de ahí, todo se precipitó. Lo último que recuerdo es estar bailando en medio de la pista de otro bar -al que no recuerdo cómo llegamos- una salsa con Paz. Yo hacía de cubano y le daba vueltas, vueltas y más vueltas. Estaba mareada pero la que cayó al suelo fue ella. Muerta de la risa. Menos mal. Al parecer Paz también había bebido bastante. Rafa decidió llevársela a casa, mientras me decía al oído que teníamos que hablar o eso me pareció entender. Arturo hizo lo propio conmigo. No a casa de Paz, que hubiera sido lo que faltaba para rematar este trío amoroso, sino a la suya.

 

Al día siguiente amanecí con un dolor de cabeza insoportable, lo que comúnmente se conoce como resaca, y con un sentimiento de culpa aterrador. Le dije a Arturo que por favor llamara a Paz para ver cómo se encontraba. Yo no me atrevía ni a coger el móvil por si tenía un mensaje de Rafa. Arturo me tranquilizó. Me dijo que Paz estaba encantada conmigo, que se lo había pasado muy bien y que estaba deseando que llegara el próximo sábado para vernos de nuevo y salir a bailar.

Horror. ¡Pero qué le pasaba a esta tía! ¿Tendría que empujarla desde un sexto para darse cuenta de que yo no la convenía? No sólo quedaba con su novio a escondidas, sino que la tiré -en mi defensa diré que creo que fue involuntario- en medio de la pista de baile. ¿Me podía sentir peor?

Sí. Podía.

Arturo trató de consolarme, animándome y dándome un regalo que llevaba semanas en su bolsillo. Era un anillo.

PD: Muchas gracias a todos los que con vuestro apoyo hacéis posible este blog. Sois el porqué de este blog.

El blog http://midelantaldevolantes.blogspot.com.es/2013/02/liebster-blog-award.html me acaba de dar el liebster blog award. Quería compartirlo con todos. GRACIAS GRACIAS y GRACIAS. ¡Ah y no perdáis de vista a midelantaldevolantes!

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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6 respuestas a De dos en dos, de tres en tres

  1. Tamara dijo:

    UN ANILLO LIA?!?!?! es todo lo que alcanzo a decir ahora mismo.
    Ah si… y Jairo? Jairo aún en el aire??? ay neni…..

    • Cecilia G. dijo:

      Parece que hay cosas en la vida que siempre vuelven, a pesar de poner mucho empeño para que no lo hagan,
      Respecto al anillo…ya verás ya
      Gracias!!

  2. AUXI dijo:

    Dioosss!! Menudo sorpresón, Lía!! Un anillo… eso es lo que llevo yo esperando ya mucho tiempo… snif snif. Tus sentimientos son los que mandan, decidas lo que decidas, sabes que nos tendrás aquí incondicionalmente!! Y… GRACIAS A TI! ;) , Un besazo.

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Auxi!
      Síii sobretodo por lo que vino después ;)
      Me reafirmo en el primer post de este blog, el poder del anillo. Como dice una conocida marca de cosmética “porque nosotras lo valemos”
      Gracias!!

      • María dijo:

        Sí, cuántas chicas esperando un anillo y de repente…
        Como dice Auxi, estaremos aquí incondicionalmente tomes la decisión que sea.
        Enhorabuena por el premio! Te lo mereces
        Un beso!

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