All that jazz

Madrid. Un anónimo sábado de enero. Diez de la noche, un bar de jazz cualquiera con un ambiente cool en el centro de la ciudad. Arturo y yo disfrutábamos de la buena música en directo con una vieja y sabia banda. Fue entonces cuando me di cuenta de dos cosas. La primera y más impactante: al saxofonista le faltaba dos dientes. Y la segunda, pero no por ello más importante: elegí un mal día para ponerme minifalda.

En realidad se trataba de un vestidito corto recién adquirido en las rebajas- muy mono, la verdad- que a pesar del frío invierno decidí ponerme porque como me decía mi madre: “hija, para presumir hay que sufrir”. Yo, la verdad, no sé si entendía de presumir, pero de sufrir, lo que se dice de sufrir, sabía un rato. ¡Pero si tenía el Doctorado Cum Laude en Sufrimiento por las Universidades de Harvard, Winsconsin, Wichita del Sur, Carolina del Norte, y Washington, todos ellos juntos!

Con doctorado o sin él, ahí estaba yo. En pleno mes de enero y con unas medias negras, porque aunque fueran tupidas, eran medias al fin y al cabo. Pero no sólo elegí un mal día para ponerme minifalda por el frío, sino por los sillones del local que estaban preparados para todo, menos para sentarse. Yo, cual grácil ave, obviando mis escasos kilitos de más de las Navidades que parece que habían venido para quedarse, me dejé caer en ellos, pensando que los sillones estaban más cerca de mi trasero de lo que aparentaban. Pero no, no fue así. Lo cierto es que me dejé caer, al estilo bombaaaa, pero sin agua. La caída tampoco hubiera sido tan dura si no hubiera llevado en mi mano un gin tonic. Sé lo que estáis pensando, pero os equivocáis. No se me vio nada. Afortunadamente, yo no me manché, pero no pudo decir lo mismo Arturo. Cuando le vi el pantalón, me entró la risa.

Al parecer, el gin-tonic derramado sobre el pantalón provoca en él peores efectos que si se lo bebiera de un trago.

Mientras yo reía a carcajadas, Arturo se levantaba entre espasmos y la bestia que se escondía en su interior al fin salió:

-Pero, ¿qué cxxxx (piiiiiiii) (realmente, lo tendría que escribir en mayúsculas)

Mi risa se paró de golpe, al ver su airada reacción.

-Lo siento, dije en un intento de parar su ataque de ira.

-Pues a ver si tienes más cuidado.

Silencio. La música de jazz que hasta entonces me parecía tan romántica, tan de buen rollo, tan cool, era el camino hacia el infierno. Quería salir de allí, decirle que no tenía derecho a tratarme así, que era un idiota, que debía pedirme perdón por esa reacción tan desmesurada. Pero en lugar de todo eso que estaba tan claro en mi cabeza, fui yo la que pedí perdón.

El resto de la sesión se convirtió en una especie del pasaje del terror. Arturo estaba molesto y yo también, sólo que cada vez que miraba su pantalón no podía evitar soltar una carcajada, lo que le irritaba aún más.

No hubo más diálogo en toda la noche, ni cuando me dejó en la puerta de mi casa. No me gusta irme a la cama enfadada, así que me preparé un par de gin tonic y me fui a la cama borracha. Mucho mejor.

Al día siguiente, pensé que lo sucedido era una tontería, que debíamos reírnos y olvidar el tema. Así que al levantarme diseñé toda una estrategia para hacer las paces. Sólo que me sucedió lo que a los hermanos Marx en Sopa de Ganso. A las once le llamé, comunicaba. A las doce me llamó él, comunicaba yo. A las 13 fui al bar donde toma el aperitivo, pero me engañó y no apareció. A las 14 fue él a tomar el aperitivo, pero le engañé yo y no aparecí. A las 15 el engaño fue doble: habíamos quedado a comer y no apareció nadie. Así que a las 16 de la tarde estaba tan cansada que decidí echarme la siesta. Cuando desperté tenía un mensaje en el móvil:

-Lo siento, ayer me comporté como un idiota.

Y yo me crecí.

-¿Sólo ayer? Pero sí, qué razón tienes.

(Emoticono de vergüenza)

-Empecemos otra vez. A las 21 en mi casa.

Y ahí estábamos. Un domingo de enero, a las nueve de la noche, Miles Davis, Arturo y yo. Eso sí, esta vez en vaqueros.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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3 respuestas a All that jazz

  1. Tamara dijo:

    Hola guapi!!! pues mira, he de decir que no me lo esperaba de Arturo… ese comportamiento, no me mola… yo he vivido con una persona mucho tiempo que normalmente me contestaba así y no merece la pena aguantar a ese tipo de gente, pero también es cierto que no siempre se está de buen humor y del mismo estado de ánimo, pero vamos.. si estaba de mala leche o tal que se hubiera quedado en casa! no??
    Muak! ;)

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Tamara!!
      A veces, cuando estás viviendo las cosas desde dentro te cuesta diferenciar entre lo normal y lo bueno. Esperemos que sólo haya sido un mal día.
      Un abrazo y gracias!
      Lía

      • Tamara dijo:

        Sí… sé a lo que te refieres, yo no me dí cuenta hasta mucho después de lo que realmente estaba pasando, pero bueno si nunca ha tenido días así antes tampoco creo que vaya a ser algo habitual, por llamarlo de alguna manera… un besito!!

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