Mentir o no mentir, ésa es la cuestión.

¿Qué es mejor en una relación cualquiera: ser siempre sincero y decir lo que piensas o mentir, ligeramente, suavemente? ¿lo hacemos para no herir a esa persona o para no afrontar las consecuencias de esa realidad?

Después de años de estudiar a Hamlet, ¡por fin le comprendía! (Perdóneme, Señorita MariCarmen) Bueno sigo sin entender algunos detalles, por ejemplo, cómo se podían vestir con medias y pantalones cortos en Dinamarca con el frío que hace. Por entonces ni siquiera había calefacción central. Digo que por fin entendía a Hamlet porque me encontraba ante una duda trascendental en mi vida -y no era la típica de coca cola Light o Zero o qué ropa me pongo hoy.

La comida con su familia no es que hubiera ido mal, es que si hubiera podido borrar un día de mi vida hubiera sido ése. Fue un auténtico infierno y Stallone no estaba allí. Tres pares de ojos mirándome, juzgándome, criticándome internamente. Esto último no lo sé, pero me lo imagino porque yo hubiera hecho lo mismo. No es que no estuviera acostumbrada a que me miren, que es lo normal, es que no me gusta cuando utilizan el verbo incorrecto. Sus miradas decían: “no eres buena (para mi hijo), en vez de qué buena estás”.

La comida fue peor que una entrevista de trabajo. De hecho ésa fue la sensación, la de una aspirante a conseguir un trabajo, y aún no estaba segura de si era o no un buen trabajo.

Qué haces, cuánto ganas (literal), dónde trabajas, dónde naciste, tus padres de dónde son, vives sola, dónde, desde cuándo os conocéis. Lo único que no me preguntaron fue mi talla y mi número de pie. Por cierto, la única cuestión a la que hubiera contestado encantada, nunca sabes cuándo te pueden caer unos Jimmy Choo.

Por si no hubiera resultado lo bastante humillante, en los postres salió a relucir el “expediente ex”.

Todo comenzó cuando dije no a la crème brûlée. Al parecer en esa familia es un pecado imperdonable.

Pero cómo no te puede gustar, ¡eso es una aberración, niña!, me dijo la madre con retintín y no me refiero al famoso pastor alemán. Menos lo de niña, lo demás me sentó bastante mal. Así que le enseñé los dientes. Pero, a continuación, la hermana, añadió:

-A Nieves le encantaba, mirando a Arturo.

Yo también miré a Arturo, todos miramos a Arturo: ¿Nieves?, ¿qué Nieves?

Me tragué el orgullo y sobre todo, la curiosidad. Ya en casa de Arturo, mientras él me ofrecía una copa de vino, yo estudiaba la estrategia para cuando él me sacara el tema.

En estas ocasiones, ¿qué es mejor, decirle “odio a tu familia y mejor que lo sepas ya, por cierto, quién es Nieves y por qué tiene unos gustos tan espantosos con los postres?” O callarte, no darle importancia, y seguir como si no hubiera pasado nada.

Hace unos días estuve en el teatro viendo La Verdad del gran Josep María Flotats. Trata sobre la verdad, la mentira y las relaciones de pareja en tono cómico. Pero hay un par de verdades en la obra que te hacen reflexionar. Por ejemplo, la siguiente afirmación: “Si la gente dejara de mentir de la noche a la mañana, no existiría ninguna pareja en la tierra y, en cierta manera, eso sería el fin de la civilización”.

A mí, lo del fin de la civilización, con la teoría del fin del mundo de los mayas a la vuelta de la esquina, la verdad que no me preocupa. Pero sí, ser sincera. La pregunta sobre qué me habían parecido sus padres iba a llegar. ¿Qué le respondería? Decirle “bien”, sería mentirle descaradamente, como para ir al infierno. Y contestar que su familia y yo no es que nos lleváramos mal, es que si no nos volviéramos a ver, probablemente no pasaría nada, era verdad. Por esa respuesta al infierno no iba a ir, pero quizá no era lo más apropiado para ser escuchado por su hijo.

Así que, después de evadir la cuestión durante tres horas, Arturo me cogió por los hombros y me dijo:

-Lía, aún no me has dicho qué te han parecido mis padres…

Le miré a los ojos durante varios segundos y, por fin, dije:

-Bien, bien.

Estaba claro que era una mentira, pero también puede que por primera vez, mis palabras, fueran un acto de amor.

 

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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2 respuestas a Mentir o no mentir, ésa es la cuestión.

  1. Tamara dijo:

    Ante todo, buenos días neni…. ¿pero quién se ha creído esa gente? madre míaaaa!!! que horror….. menudo tercer grado al que te sometieron…
    Yo ahí le habría dicho a Arturo la verdad… igual.. no sé… suavizando el tema… -No me han caído muy allá… pero una cena tampoco da para mucho…- pero bueno, la gente en qué piensa, preguntarte cuánto ganas.. es que me has dejado horrorizada! Navidades con ellos??!?!?! LEJOS!!! y tú decías de tío vestido de Drag Queen… joder nena.. esto es peor… menudos inquisidores!

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Tamara!!!
      Lo primero mil disculpas. Prometo intentar en el nuevo año tratar de responderos antes!
      Síiiii fue una situación ufff.
      Muchas Gracias por leerme y por el apoyo.
      Aprovecho para desearte Felices Fiestas y un feliz 2013.
      Te deseo lo mejor!
      Lía

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