Si me engañas dos veces…

El sábado pasado toqué fondo. Y no me refiero al par de veces que me caí yendo a casa. Me refiero a Jairo. Se acabó. En mi mente repasaba una y otra vez su entrada triunfal en La Negra Tomasa, con otra. ¿Sería “la otra”, en singular, o habría muchas “otras” más? Los seres humanos tenemos una especial capacidad para torturarnos cuando nos han hecho daño. Por si el dolor de verle con otra no fuera suficiente, durante toda la noche estuve pensando en su relación con otras mujeres. Qué haría, qué les diría, cuánto tiempo llevarían. Cómo si ese camino me llevara a algún sitio que no fuera al lado oscuro.

A las ocho de la mañana, sin poder dormir, me levanté. Jairo no sólo me había robado el corazón, sino también las horas de sueño y ¡por ahí no paso! Que luego envejezco prematuramente.

Cuando estoy furiosa mi terapia es ponerme a ordenar los cajones de mis muebles strongen como una posesa. Es un ritual que suelo hacer con el pijama, el pelo alborotado y las medias de color, pero no las de la chica ye-ye, las de lana que me hizo mi abuela para estar calentita.

Mientras doblaba jerséis y colocaba las camisetas por colores, me di cuenta de dos cosas: La primera -y más importante- que necesitaba ir de compras; la segunda, que tenía que poner punto y final a la historia con Jairo.

Escribí cien veces en una cartulina blanca, como cuando era pequeña: “Si me engañas una vez la culpa es tuya; si me engañas dos, es mía”. Después, me duché, me puse una camiseta blanca, unos vaqueros, las converse blancas, la gabardina y salí a la calle.

La medicina adecuada para mi estado de ánimo hubiera sido irme de compras, pero estamos casi a fin de mes. Luego pensé que, en realidad, el calendario no es una variable que afecte a mi cuenta corriente porque siempre está en el mismo estado: números rojos. Estaba a punto de llegarme el recibo del móvil, así que, sin que sirva de precedente, tomé una decisión sensata: me fui a ver los escaparates imposibles. Esos que te paras a mirar pero nunca entras porque sabes que sólo por poner tus pies en esos brillantes suelos de porcelana te van a cobrar. Esas tiendas en las que las dependientas te desnudan con la mirada, pero no con un aire lascivo que es la reacción normal al verme, sino de lástima, como diciendo, “cariño, aquí no te vamos a dar ni cambio”. A pesar de todo, seguimos yendo porque tienen cosas tan bonitas, que como decía Holly Golightly en Breakfast at Tyfanny´s, “nada malo puede pasar allí”.

Paseando por la calle Serrano, con un café largo del Starbucks, pensaba en lo idiota que había sido y en los siguientes pasos a dar:

Opción A: Podía enfrentarme a Jairo, decirle que le vi anoche y esperar una explicación.

Opción B: Podía olvidarme del tema y hacer como si no hubiera visto nada, al fin y al cabo, yo también estaba saliendo con Arturo.

Opción C: Podía comprarme esos maravillosos zapatos de 200 euros que estaba viendo en el escaparate y que, volvamos a las opciones posibles…

Opción D: Podía huir de Jairo, de Arturo, cambiarme de móvil y de país y empezar de cero.

Había más opciones pero no podía analizarlas, sólo había dormido tres horas. Me empezaba a encontrar muy cansada, como si hubiera andado toda la vida y estuviera en un viaje interminable. Estaba a punto de rendirme, pero no sabía muy bien a qué o a quién. Saqué el móvil e instintivamente llamé a Arturo.

-Hola, ¿cómo estás?, ¿a qué hora acabaste anoche? No te he querido llamar por si te despertaba, me dijo.

-Bien, algo cansada y tarde, respondí casi sin ganas.

-Quiero verte, ¿dónde estás?, vente a comer conmigo.

No supe decir que no, me sentía como una niña desamparada que necesitaba que alguien la sacara de la calle, la alimentara, y la acostara.

A los diez minutos, Arturo me recogió con su coche y me llevó a su casa. E hizo exactamente lo que yo esperaba que hiciera. Me mimó, pidió comida por teléfono, y nos echamos la siesta en su sofá, abrazados. Fue una tarde de domingo, casi perfecta. Al abrir los ojos, lo sucedido la noche anterior me pareció una pesadilla a olvidar.

Continuamos abrazados un rato más, hasta que se hizo de noche. Mientras me contaba sus planes para las próximas semanas, miré hacia su estantería. El casio blanco seguía allí y sonreí. Pero lo que me dejó con la boca abierta es que una balda más allá, estaba la trilogía de Cincuenta Sombras de Grey.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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5 respuestas a Si me engañas dos veces…

  1. Tamara dijo:

    jajajajajja Lía! qué te dije yo! tienes a un Grey en potencia…. qué gracia… con la trilogía y todo… sácale partido y que te lo saque él a tí, olvídate de Jairo y si es lo que quieres, deja que Arturo te cuide, te mime y te dé lo que te mereces, yo lo veo muy dispuesto a hacerlo, te mereces lo mejor, te mereces que te quieran, te mimen y te digan cosas bonitas todos los días, espero que te hayas convencido de lo de Jairo, porque sí que te las decía, pero igual a medio Madrid también.
    Olvídate y déjate llevar Lía. Te queremos!!!! ;)
    Un besito.

    • Cecilia G. dijo:

      Jejejeje, sí, qué razón tienes! Gracias Tamara, parece que por fin estoy dispuesta a sacarle partido, a ver cuánto me duran las ganas ;)) esto es nuevo para mí!
      Y lo de Jairo y medio Madrid casi me atrevería a decir Madrid entero!!!
      Un besazo!!!
      Lía

  2. Patri dijo:

    Ayyy! Que chico tan dispuesto, este Arturo. En cambio Jairo, menudo tarambanas jaja. Yo creo que si te dejas querer un poco, Arturo podría ser el chico que necesitas. Y lo de Grey es una señal jaja. Lo que cada vez está más claro es que a Jairo, ni los buenos días!
    En fin, como se suele decir, el tiempo pone todo en su lugar no?
    Un besito, Lía. Y sigue a tu corazón (aunque suene cursi jaja)

    • Cecilia G. dijo:

      Hola Patri!!
      El tiempo todo lo coloca, tienes razón, aunque a veces no sea de la manera en que nosotros esperamos. Sólo hay que tener la cabeza lo suficientemente amueblada y los ojos bien abiertos para ver qué pasa. Espero que sea mi caso!!
      Gracias!!
      Un besooo

  3. Priscila dijo:

    Leo este post y no me lo puedo creer como acabaron las cosas :( si hasta la trilogía de Grey se había comprado…. ahora que lo pienso, quizás de ahí sacó la idea de pedirte matrimonio, o de querer formalizar la relación, así como Christian lo hizo con Ana *-* ahora que lo pienso, a pesar de su mal gusto en los anillos (xdddddd!) fue demasiado romántico! Quizás hasta estaba siguiendo consejos del libro jaja, digo yo no sé… pero que se lo haya leido y comprado!! (ni yo lo tengo comprado, solo online descargado por ahí xd, aunque me lo compraré! he dicho!) Bueno en fin, pucha! esto es como una novela… ahora quiero que vuelvas a estar con él! xD jajajaja aunque las vueltas de esta vida, uno nunca sabe si vuelves a encontrartelo Lía…. y quizás cuando eso pase tu estés con otra predisposición o que se yo… sea diferente =) Saludos desde Chile Lía!! =D adoro tu blog que recién descubrí

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