Para hacer bien el amor hay que venir al sur

No sé si fue porque ví a un hombre embutido en cuero negro al que todos llaman Batman durante casi tres horas. No sé si fue la abstinencia de los últimos meses. No sé si fue que Arturo realmente me atraía…pero fue. No era un superhéroe pero el tipo lo dio todo. Conectamos como pensaba que ya no lo podría hacer con otro (léase con otro que no fuera Jairo). Y a la noche, como dice la canción, se le fue la mano. Bueno más bien a él, pero qué bonito suena cuando lo canta Ana Belén.

Al día siguiente por la mañana apuraba los últimos párrafos de mi artículo en la redacción, cuando de repente me llegó un ramo de flores y una tarjeta.

Tras preguntar varias veces al mensajero si de verdad eran para mí, la abrí. Era de Arturo. Se interesaba por cómo había pasado la noche después de irme de su casa, me preguntaba si estaba teniendo un gran día y si quería quedar de nuevo con él. Casi me desmayo. Primero por el corte de recibir unas flores delante de todos tus compañeros que, intrigados, te miran con ojos picarones, diciendo “Sé lo que hiciste la última noche”. Y tú, les devuelves la mirada, con una sonrisa a lo Isabel Pantoja, que dice, no, no lo sabéis.

Segundo, por lo surrealista de la situación. Me bajé a fumar un cigarrillo a la puerta del trabajo, para relajarme. Tras tres caladas pensé que, en realidad, Arturo estaba siendo amable. Como mucho, trataba de sumar puntos. Pero yo, después de tantas citas malogradas, relaciones fallidas, tíos que no ven una relación después de seis meses, hombres que son como Peter Pan, me habían convertido en una descreída Campanilla. Eso sí, algo más alta, sobre todo cuando llevaba tacones, pero igual de delgada.

Las flores no son lo mío, en general, las plantas no son lo mío. ¿Si no soy capaz de cuidar de mí misma, cómo se supone que voy a cuidar de unos seres que ni siquiera hablan? Además, soy un poco alérgica. Mi madre dice que es psicosomático. Así que le regale las flores a una compañera, mientras mi lado cínico pensaba que esto no me hubiera pasado con un diamante o cualquier tarjeta regalo de Zara.  Lo que sucedía en el fondo es que estaba nerviosa. Creo que era la primera vez en mi vida que alguien, que no fuera mi madre o un taxista, se molestaba en preguntarme qué tal había llegado a casa.

Así que cuando Arturo me llamó al móvil para preguntarme si había recibido las flores, un tartamudeo tonto es lo único que conseguí pronunciar. Me lo puso aún más difícil cuando insistió:

-¿Pero te han gustado?

Por si no ha quedado claro, se me dan muy mal muchas cosas. Entre ellas, mentir. Y eso que por teléfono es más fácil. No es que Arturo y yo nos conociéramos mucho, quiero decir por dentro, pero cuando haces una pregunta tan directa y al otro lado se escucha un abrumador silencio, la respuesta está bastante clara.

Arturo que era un tipo con bastantes recursos, no sólo físicos, me dijo:

-¿Hubieras preferido unos bombones?

-Créeme, las flores eran tu mejor opción, llevo dos meses para perder 50 gramos.

Al otro lado del teléfono, Arturo empezó a reírse y consiguió de nuevo, que me relajara. Estaba a punto de soltar una de mis frases de Groucho Marx cuando me dijo:

-El viernes nos vamos a cenar a Vadebaco, nos vemos allí a las diez, ¿vale?. Y se despidió.

Lo bueno de Arturo no sólo es que pudiera ser yo misma, aunque no estoy segura de que esto fuera muy bueno, sino que todo era muy fácil. Sencillo, sin complicaciones ni problemas.

Así que ahí estábamos en el Vadebaco, después de dos frascas de vino, contándonos nuestra vida. Ahora entiendo la frase: in vino veritas. Después de tres copas es muy complicado no decirle lo que piensas al de enfrente, y no me refiero a Arturo.

Me contó que no tenía planes definidos sobre lo que iba a hacer este verano. Por motivos laborales tenía que estar viajando por Europa y Estados Unidos y trataría de irse unos días a la playa. Yo, por mi parte, tenía varias opciones, vacaciones familiares en la playa o unos días en Málaga con un grupo de amigas. En otra época, casi sin dudarlo, hubiera optado por la segunda. Pero después de este año, casi necesitaba más la primera. Aunque dudaba.

-¿Quieres que hagamos algo juntos?, me soltó sin esperarlo justo cuando daba un largo trago a mi copa de vino que le escupí en la cara a modo de sifón.

-Con un no, hubiera bastado, se rió Arturo mientras se limpiaba con la servilleta.

-Perdona, perdona. No me malinterpretes, me encantaría, pero me parece demasiado pronto, casi no nos conocemos y quiero ir despacio.

-Lo que tú quieras. Un viaje no implica nada más.

-Ya, le dije.

En el fondo, sí implicaba. Implicaba volver a dar el salto a una relación, volver a atreverse, volver a sentir, volver a comprometerse. Y su cara b, salir herida, que te hagan daño, pasarlo mal, engordar, compras compulsivas, adiós a tus ahorros, etc. Ni siquiera era por el dolor que supone siempre querer a alguien, era por el cansancio de tener que intentarlo. Una y otra vez.

Arturo me acompañó a casa y allí nos despedimos.

-De todos modos, insistió, aún estás a tiempo. Si cambias de opinión, me encantaría que pasáramos unos días juntos en la playa. Piénsalo al menos.

-Lo pensaré.

En el calor de mi hogar, no hay que olvidar que vivo en Madrid y estamos en pleno mes de julio, una parte de mí quería irse con Arturo. Pero el deber me decía que debía irme con mi familia. Otra parte se sentía libre para irse de fiesta con mis amigas. Me debatía entre aguantar al pesado de mi tío Domingo, con sus bromas, chistes y aguadillas, o pasar el verano con un tío cañón que me podía hacer daño… ¿Era idiota? Siempre me quedaba la fase desfase con mis amigas a Málaga. Cuando ya ganaba por conciencia la primera, recibí un mensaje en el móvil. Creí que era de Arturo, insistiendo en pasar unos días juntos. Pero me equivoqué.

Era de Jairo. Quería verme.

Y ante el terremoto que unos míseros caracteres habían provocado en mí, me decidí:

¡Qué tiemble Málaga!

Nota de la autora: Cecilia G. se despide hasta el 26 de agosto. Espero encontraros a tod@s ahí. Yo estaré con la depre postvacacional pero ansiosa por contaros mi verano.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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8 respuestas a Para hacer bien el amor hay que venir al sur

  1. Ananda dijo:

    Ya estoy deseando que vuelvas para seguir disfrutando de tus historias, que egoísta soy. Que disfrutes de tus merecidas vacaciones.

    • Cecilia G. dijo:

      Ananda, mil gracias por seguirme. Ya estoy devuelta, con mucha energía y muchas nuevas historias que estoy deseando compartir. El verano no ha estado nada mal, ya os iré contando cosas.
      Un abrazo a tod@s y mil gracias. ¡Os necesito!

  2. Queca dijo:

    Disfruta de tus merecidas vacaciones y no pierdas detalle…tus lectores te esperaremos!!!
    Gracias, Cecila.

    • Cecilia G. dijo:

      Queca, tengo mil cosas que contaros. Espero que estéis conmigo en este nuevo año laboral, donde vengo a por todas. ¿Y tú?, ¿Y vosotr@s?
      Gracias por vuestros comentarios, por leerme y por seguirme. Muak.

  3. Maria dijo:

    Disfruta mucho de las vacaciones, que te las mereces. Nosotros estaremos deseando que vuelvas y nos las cuentes
    Gracias, Cecilia

  4. SU dijo:

    Hola,
    Tan sólo te quedan 4 días para volver de esas vacaciones!!!! seguro que lo estas pasando genial, y has cargado bien las pilas…..que ganas tengo de leer tus nuevas aventuras.

    Espero que el síndrome Post-vacacional no sea muy terrible, jeje…ánimo Cecilia.

    • Cecilia G. dijo:

      Me anima mucho que haya gente como tú al otro lado de esta pantalla.
      Muchas gracias por estar ahí.

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