Hombres Homer

Cristina y yo habíamos quedado en la Happy Day Bakery para darnos un atracón de cupcakes (aunque si mi abuela las viera me diría ¡pero sí son las magdalenas de toda la vida! y ¡come, hija, come, que estás muy delgada!).

Las dos necesitábamos una gran dosis de azúcar. Los últimos acontecimientos no habían sido buenos para ambas. Yo había vuelto a caer en la telaraña de Jairo. Un hombre complicado, complejo, inexcrutable, imposible. Ella se había topado con el opuesto: el Hombre Homer (HH). Esa especie de hombre simple, con encefalograma plano. No hace falta describirlo en exceso. En el mejor de los casos, todas hemos visto los Simpsons. En el peor, hemos salido con alguno.

Cristina había pasado los dos últimos meses con un HH y estaba de los nervios. De hecho, estudiaba acudir a un psicólogo para recuperarse de las secuelas. Para los afortunados que aún no sepan de quién se trata, lo describiré.

El HH es ese tío que siempre parece pensativo, sumido en los más profundos pensamientos. Ése al que intrigada preguntas: ¿En qué piensas? Y él, mirándote fijamente a los ojos, te responde muy serio: En nada.

Tú no te lo crees porque es casi imposible no estar pensando en nada. Pero no para el HH. Él es capaz de tener la mente en blanco en los momentos más dulces o íntimos de una relación. Y, sobre todo, en los más complejos. Por ejemplo, cuando hay que tomar decisiones. ¿Dónde vamos de vacaciones? Respuesta típica del Homer: Me da igual.  Aunque mi favorita es esta otra. Cuando una noche de sábado preguntas: ¿Te apetece ir al cine o a cenar? Y él responde con la única variante del “me da igual” que conoce: “Lo que tú prefieras, cariño”. En realidad no es que te deje la elección a ti, es que sus neuronas se han tomado un año sabático. O varios.

El caso de Cristina con Antonio, que así se llamaba su Homer, era extremo. Podían verse cualquier día menos los sábados por la noche que él, de forma sospechosa, nunca podía salir. Las excusas eran simples: está mi madre de visita, me duele la cabeza, he quedado con los amigos. Después de varios sábados dándole largas, mi amiga empezó a sospechar que Antonio estaba saliendo con otra u otras.

-Cristina, eso es demasiada complejidad para el Hombre Homer, le dijo el bicho que yo llevaba dentro.

–El caso es que yo no podía continuar de esa manera, así que el sábado pasado me presenté en su casa.

-¿Y?, le interrogué.

-Al principio no me quería abrir la puerta, pero no tuvo más remedio. La imagen era dantesca. Estaba solo. Su sillón era un almacén de reciclado de latas de cerveza y bolsas de patatas fritas. Pero lo peor era él. Estaba en calzoncillos, con calcetines y chanclas y una larga camiseta del Real Madrid que apenas le tapaba el trasero y que, irreverentemente se elevaba a la altura de la tripa.

Estallé en carcajadas, no podía evitar representarme esa imagen en mi memoria.

-Perdona, Cristina, jeje, perdona, jeje, ¿y qué hiciste? Jejejeje.

-Lo del fútbol tenía un pase, a mi también me gusta. Aunque yo soy del Atleti y eso son palabras mayores. Pero ese no es el problema. El problema es que lleve calcetines cuando usa chanclas. ¡Por ahí no paso!, me contestó Cristina muy digna mientras se pedía otro muffin.

Después de ese sábado, el hombre Homer había tratado de quedar con ella más veces, pero Cristina no estaba segura de darle otra oportunidad. Ella era una mujer sofisticada que no comía magdalenas sino muffins. Yo no sabía qué decirle. Ni siquiera sabía si detrás del misterioso Jairo podría esconderse también un HH. Al fin y al cabo, ¿no llevamos todos un Homer dentro?

De camino a casa, con la sonrisa pintada en la cara por la historia de Cristina, me imaginaba a Jairo en calzoncillos, con calcetines, chanclas y una camiseta del Rayo Vallecano. Y mi drama se transformó, al menos unos minutos, en comedia.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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3 respuestas a Hombres Homer

  1. Diego dijo:

    Después de invertir tanto tiempo en vuestra ropa,vuestros complementos,vuestra forma sutil de comportaros en público,y con lo que os fijais en los detalles externos ajenos,no sois capaces de captar a primera vista el perfil de los Homer.Y lo peor de todo es que no son pocas las que acaban teniendo hijos con ellos…Pero hay un prototipo de mujer que no difiere mucho en cuanto aspectos negativos:
    Toreros,futbolistas(y la mayoría de los futboleros empedernidos),empresarios,”policías municipales”…suelen ser vuestros objetivos porque os pueden proporcionar cierta estabilidad,os garantizan protección para vosotras y vuestros hijos…
    Muchas mujeres,hoy en día,seguís teniendo como principal y más alto objetivo en la vida,el de parir y criar hijos…propósito que no critico en esencia,pero si a eso le sumamos la desmotivación que este perfil moderno de mamás tienen por las inquietudes filosóficas,culturales,sobre avances científicos…y pasando buena parte de su vida viendo “donde estas corazón”,GH,sálvame,e.t.c…y mirando las revistas de moda, y más corazón…sinceramente,y lo tengo bastante comprobado al conversar con este prototipo de mujeres,no difieren mucho,del prototipo de Homer…porque cuando intentas abrir una conversación con ellas sobre historia,física,filosofía… quedan cayadas,como si no fuera con ellas.
    -¿como van a motivar estas mujeres a sus hijos para que contribuyan a una sociedad avanzada?
    -¿te imaginas a una de éstas mezclándose con un Homer?
    Pues también hay casos tan desafortunados.
    No pienses que me he indignado con tu publicación,porque también estoy en contra de los Homer,pero creía conveniente añadir un prototipo de mujer,que prolifera y me preocupa bastante…
    Saludos

    • Cecilia G. dijo:

      Diego, muchas gracias por tu comentario. He aprendido mucho. Y tienes parte de razón. Ya lo comentaremos más adelante, en una historia que publicaré en breve. Necesito que me des tu opinión, ¿Vale? Gracias por estar ahí.
      Cecilia G.

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