Las imprudencias se pagan…cada vez más

Estaba inmersa en un partido de tenis. Lamentablemente yo no ganaba. No era Nadal, ni Ferrer, ni mucho menos la Kournikova…De repente, lo ví claro. ¡Era la pelota! Dando tumbos de un lado para otro, sin encontrar una raqueta fija en la que descansar y a la que volver.

-De Jairo a César, de César a Jairo. No salgo de este bucle, Ainhoa.

-Tienes que buscar una tercera vía, como los políticos, me respondió.

-No me hables de políticos. Por cierto, el que intentó una tercera vía fue Tony Blair. Y los británicos canosos con aspecto de Golum no son mi estilo. De momento. Si sigo en esta sequía amorosa no descarto nada.

-¿Qué pasó con tu incursión en Meetic?, me sondeó Ainhoa.

-Que no hubo tal incursión. No he vuelto a conectarme.

-Pues quizá ahí tengas esa tercera vía, me dijo mientras encendía su Ipad.
Ainhoa y yo pasábamos la tarde en casa, con dos buenos amigos. De esos que no te dan problemas y que siempre están ahí en momentos de sequía. Los gin tonics. No sé bien en qué instante entre la tónica aromática, el pepino y un tal Hendricks, que se me subió a la cabeza, acordé una cita para el fin de semana con Alex. Si es que ése era su nombre real.

Y allí estaba yo. Un viernes por la noche,  esperando a un desconocido mientras miraba de reojo a todos los hombres del local. A punto estuve de levantarme e irme, pero mi curiosidad podía más que mi vergüenza.

-Debes de ser Lía, ¿verdad?

Tierra trágame. Era uno de los hombres más poco agraciados que yo había visto en mi vida. Bueno, venga, era feo. Esto me pasa por citarme con un tío que no pone foto en su perfil. Lección aprendida.

-No, no soy yo-dije y, de pronto, recordé que yo sí había puesto mi foto-. Sí, sí, perdona, era una broma. Es que estoy nerviosa.

Alex se sentó. Empezamos a hablar, pero yo sabía que no había nada que hacer. Era simpático, trataba de ser agradable, pero no era para mí. Lo supe desde el primer plato y lo confirmé en el postre. Mientras me contaba no sé qué problema de su trabajo como informático, desconecté. Empecé a escuchar a mi lado interior más maligno. Me acordé de aquella frase del gran Groucho Marx: “Nunca olvido una cara pero contigo voy a hacer una excepción” y me reí.

El pobre Alex se quedó cortado y cambió de color.

-Perdona, ¿te parece gracioso lo que te estoy contando?

-No, no, disculpa. Se me ha ido la cabeza a otro lado.

-Mira Lía…perdona que sea así tan brusco, me dijo mientras pedía la cuenta con la otra mano. Esto no va a funcionar. No es que no estés bien. Es que no eres mi tipo, pensaba que eras otra cosa. No sé. En la foto se te veía más gordita, más… No eres mi estilo. Y además creo que no vamos a conectar. No te ofendas pero pareces algo prepotente. En fin, que tengas suerte.

Y allí me dejó. Con la palabra en la boca, mi cara de póker y unas ganas tremendas de matar a Ainhoa. De camino a casa, reflexioné. En el fondo me lo tengo merecido por chulita. Siendo honesta, sí que había ido a la cita con algo de prepotencia. Como si estuviera por encima de esas cosas. Pero lo cierto era que no podía presumir de nada. Bueno, sí. De saberme las frases de Groucho Marx de memoria y rescatarlas en el peor momento.
Con la moral hundida, sólo encontré una manera de salir de ésta. Y no era buena.

Le mandé un sms a Jairo.

-”¿Estás en casa?”

-”Sí. Ven.”

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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Una respuesta a Las imprudencias se pagan…cada vez más

  1. Carolina dijo:

    Qué débiles somos.
    Eres nuetras esperanza de encontrar al bueno de la película !

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