Érase una vez…

“Érase una vez, en un reino muy, muy lejano, una bellísima princesa encantada. Dormía en lo alto de una torre bajo un hechizo realizado por una reina malvada. Sólo el beso de amor verdadero de un príncipe azul,  la despertaría y vivirían felices para siempre”.

Pero ¡cuánto daño ha hecho Disney a las mujeres!

Busco en youtube la banda sonora de “La Bella Durmiente”. Pincho y sale una bella rubia cantando: “¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?”

Yo, la grito desde mi casa: ¡No es él, no es él!

Pero ella, insiste: “¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?

Le chillo de nuevo:¡¡¡¡¡Que no!!!! Pero no hay nada que hacer, esa pobre es ya un caso perdido.

Miro los comentarios del vídeo y leo: “Culpo a Disney de mis altas expectativas con los hombres”. Ahí estaba, la frase que confirmaba mi teoría. ¡Mujeres del mundo, uníos contra Disney! (Firmas abajo)

El comentario me hizo reflexionar. Tener altas expectativas con los hombres… Esta sentencia resume muy bien lo que le ha pasado a mi amiga Rosa, que lleva cinco años casada con Pablo. Es guapo, atento, inteligente, reconocido social y laboralmente. Tiene todo lo que supuestamente Rosa necesitaba para ser feliz. Pero no lo era.

Me lo confesó un día en casa, cuando se presentó con dos cafés largos y cuatro muffins de la Happy Day Bakery de Malasaña (¡mis favoritos!).

Desgraciadamente para mí, no fue lo único que me confesó. Había conocido a un hombre en el gimnasio, Mario, y no dejaba de flirtear con él.

-Pablo es el marido perfecto pero yo esperaba algo más. No sé, que continúen las mariposas en el estómago y que sólo con verle ya sea feliz. No es como antes cuando me sorprendía con detalles románticos, ahora sólo me habla de las facturas, de los niños y sus problemas en el colegio. Y yo, llego a casa después de un largo día de trabajo y sólo quiero relajarme un rato viendo la tele.

-Pero todo eso te gustaba. En el fondo, una relación no sólo representa diversión, amor y sexo seguro, también estabilidad, confianza, seguridad y todos los problemas asociados a la rutina.

-Lo sé, pero ahora no lo soporto. En cambio, Mario es la emoción, un regalo sin abrir, un cuento con happy end.

Disney acechaba de nuevo para estropear una bonita relación. Lo malo de los cuentos (además de creértelos) es que terminan antes de tiempo. No nos muestran qué sucede el día después, cuando el príncipe y la Bella Durmiente se van a vivir juntos, comparten hipoteca y facturas, el coche, la educación de los hijos, las celebraciones familiares…

-Rosa, continué, yo no te puedo aconsejar. Sólo me implicaría en una relación estable porque el sexo está asegurado. La felicidad sólo depende de ti. Tarde o temprano, las mariposas se calman y, según dicen los expertos, sólo entonces es cuando llega el amor de verdad.

Después de marcharse, no pude evitar pensar qué nos pasaba. Rosa parecía tenerlo todo y aún así, no era feliz.  Desde que somos pequeñas el mensaje es siempre el mismo: “Mujer buena y trabajadora espera a un príncipe guapo y rico que la salve de su vida”. Más que un cuento parece un anuncio por palabras. La pregunta es por qué no nos podemos salvar a nosotras mismas. ¿No es mucho más seguro que nuestra felicidad dependa de nosotras y no de otro? Sobre todo, cuando ese otro vive en un reino muy, muy lejano y ¡¡es azul!! ¿Quién quiere salir con un tipo que es azul, aunque sea príncipe?

Recordé entonces un poema, atribuido al gran Jorge Luis Borges y decidí mandárselo a Rosa por mail:

“Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.

Y uno aprende
que el amor
no significa recostarse
y una compañía
no significa seguridad.

Y uno empieza a aprender….
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana
es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma
de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende
que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar
que alguien le traiga flores.

Y uno aprende….
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
y con cada adiós uno aprende.”

Rosa me agradeció el mail. Ha decidido tirar todas las películas de princesas Disney a la basura y ponerle chispa a su relación con la ayuda de un lote de productos que compramos el otro día en Los placeres de Lola.

Respecto a mí, creo que soy feliz. Sin príncipe, pero con Borges.

Acerca de Cecilia G.

Todos los lunes, una nueva historia.
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2 respuestas a Érase una vez…

  1. Esther dijo:

    Deberíamos haber leído más a Borges y menos a Walt. Si que han hecho daño las películas de príncipes y sapos, además siempre acaban matándonos (hay pocas madres vivas en el mundo Disney, Bambi, Cenicienta, Nemo…) o somos las villanas malvadas(Blancanieves con una madrastra cruel, La sirenita y ese pulpo obeso sin piedad, etc)… En fin, menos mal que ahora tenemos tu blog, un rinconcito que nos ayuda a no perder demasiado el norte y no olvidarnos de nosotras mismas! Gracias!

  2. Nico dijo:

    Ya lo decía Ana María Matute en su libro “El verdadero final de la Bella Durmiente”
    http://estripantlletres.blogspot.com/2011/01/el-verdadero-final-de-la-bella.html

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